En el Marcellin College de Bulleen (Australia), Farrell Wray Architects resuelve la conexión entre dos edificios mediante Gallery for a Tree: una pasarela monolítica de hormigón que vacía su masa en una elipse perfecta para respetar un eucalipto preexistente. Un proyecto donde el escaneo subterráneo de raíces y la precisión formal subordinan la edificación al territorio.
El genius loci del Marcellin College de Bulleen
En la tradición romana, el genius loci representaba una verdad inapelable: la geografía de un lugar posee un espíritu y una identidad anteriores a toda construcción. Es la idea de que el suelo y el contexto dictan sus normas antes de trazar la primera línea sobre el papel. Bajo esta premisa de respeto radical, Farrell Wray Architects ha abordado su intervención en el Marcellin College de Bulleen (Australia). El encargo exigía resolver un programa estrictamente funcional: conectar dos pabellones educativos situados a diferente cota en un patio donde la autoridad espacial recae en la presencia imponente de un eucalipto de aroma a limón.

Para escuchar al espíritu del enclave y resolver la conexión, el estudio ha acudido a la condición primaria del hormigón: su estado de piedra líquida. Solo un material que fluye antes de convertirse en roca puede plegarse alrededor de un elemento preexistente sin renunciar a su condición monolítica. Lo que en un planteamiento convencional habría sido un pasillo recto se ha transformado en un ejercicio de flexibilidad tectónica. Un prisma rectangular que cede ante la fuerza del árbol y se vacía en el centro mediante una elipse perfecta.

Esta tensión visual entre la geometría ortogonal del volumen, el corte elíptico y el monocromatismo del material remite de algún modo a la Attic Series 5 de Robert Mangold y a los planteamientos de Ellsworth Kelly y Ted Stamm. La copa atraviesa la estructura sin ser tocada, mientras la masa gris se repliega ante la vegetación. Sin embargo, la verdadera negociación con el genius loci ocurrió bajo tierra. Un escaneo previo trazó el mapa invisible del subsuelo para que el armazón encontrara su sitio sin herir el entramado vegetal: la posición de los pilares no la decidió un dibujo sobre el plano, sino los vacíos que las propias raíces imponían en el terreno.

Entre el refugio, el hormigón y el follaje
Por fuera, la pasarela flota a media altura como un volumen continuo de bordes biselados. Dos arcos asimétricos perforan el exterior —un gesto que reinterpreta, de forma abstracta, el antiguo paso de piedra de The Hermitage en Francia—. Estas aperturas restan peso a la fachada, encuadran el patio y dejan que el hormigón visto vaya registrando la pátina del agua y del tiempo.

Por dentro, la rampa inclinada eleva el paso hasta la altura del follaje. Un muro en ángulo divide el espacio en dos zonas: el carril de paso y un área de descanso equipada con un banco corrido. En este punto, el falso techo triangular baja para generar recogimiento bajo una claraboya circular que baña la estancia de luz cenital, acompañada por líneas led integradas en las aristas. La masa acoge el tronco y las hojas y convierte una infraestructura escolar en una galería consagrada a un organismo vivo, que cambia con las estaciones mientras la construcción permanece inmóvil.


Esta pasarela demuestra cómo el genius loci no es un concepto arcaico, sino una actitud tectónica activa frente al territorio. En una acción que recuerda al uso del hormigón de Oscar Niemeyer en la Casa das Canoas, donde la contundencia mineral se amoldaba a la roca existente, Farrell Wray escenifica la capitulación educada de la edificación. Al obligar a cientos de alumnos a desviarse, desacelerar y bordear el tronco en sus desplazamientos diarios, Gallery for a Tree abandona cualquier pretensión de dominio para ser una lección física de convivencia: una pedagogía silenciosa donde la arquitectura enseña a habitar el lugar a través del propio cuerpo.

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