ETC: la oficina de dentro hacia fuera

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Flexibilidad, ergonomía, bienestar, neuroarquitectura… El diseño de oficinas ha incorporado un nuevo vocabulario, pero ¿ha cambiado realmente su manera de proyectarse? Hablamos con Isabel Ortega, fundadora y CEO de Espacios de Trabajo Conscientes (ETC), sobre los errores del workplace contemporáneo y una premisa aparentemente sencilla: antes de diseñar el lugar hay que entender a quienes lo ocupan.

ETC: Antes del espacio, la persona

ROOM Diseño. – La metodología de ETC parte de la idea de situar a la persona como el primer paso para concebir el espacio de trabajo. ¿Cómo se traduce esa premisa en el diseño arquitectónico de los distintos entornos laborales? ¿De qué modo la psicología y la percepción espacial pueden llegar a influir en las decisiones proyectuales?

Isabel Ortega. – El espacio de trabajo —como obra de arte que es— se presenta como un lienzo dinámico, donde transcurre un paisaje de acciones enfocadas en desarrollar una actividad profesional. Y las personas son la fuente de energía que la impulsan y dirigen. Cuando pensamos en el diseño de los entornos laborales, lo que nos suele venir a la mente son mamparas móviles, muebles ergonómicos o jardines verticales. Y sí, todo eso importa, pero la primera migración no empieza en las paredes, sino en nuestra comprensión de la realidad. Desde el punto de vista de la psicología y la neurociencia, sabemos que primero detectamos sensaciones, después emociones y, por último, pensamientos. Entender cómo funciona el espectro de nuestra percepción, variar la perspectiva, conocer el entorno del que partimos y entender cuál anhelamos son claves para tomar las decisiones de un proyecto.

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ROOM Diseño. – Arquitectura y comportamiento humano están muy conectados en el enfoque de ETC. ¿Colaboráis con psicólogos, sociólogos u otros especialistas, o ese conocimiento se integra desde la práctica del diseño?

Isabel Ortega. –  Durante los últimos diez años, el sector del diseño y de la construcción ha aprendido que, para ser dignos embajadores del mundo y del cuerpo arquitectónico, el centro de operaciones donde nace la actividad ha de ser saludable en todas sus dimensiones. Si bien la práctica y la interacción en el mercado nos han traído hasta aquí, entendemos fundamental y complementaria la investigación y colaboración con otros profesionales expertos en aquellas materias que buscan obtener la mejor experiencia. Una de estas aplicaciones en el diseño se traduce en que la geometría suave atrae y la angulosa genera distancia. Del mismo modo ocurre con los elementos orgánicos; la madera, por ejemplo, es un material vivo en constante transformación que nos conecta con nuestro verdadero hogar: la naturaleza.

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Contra la oficina como fórmula

ROOM Diseño. – ¿Qué errores siguen repitiéndose en el diseño de oficinas contemporáneas, y qué aprendizajes recientes consideráis más urgentes?

Isabel Ortega. – El diseño ha de abordarse desde dentro hacia fuera y de manera integral. Un error de partida que sigue cometiéndose es reducir la oficina a un escaparate atractivo con un programa que cumplir cuando, en realidad, es un iceberg que trascender. Si solo se considera imprescindible actuar sobre la parte superficial visible, desatendiendo el gran volumen de información que transcurre en la profundidad, en cuestión de tiempo llegará el hundimiento. Errores concretos: peceras de reuniones sin solventar acústicamente o la “itinerancia” instalada en empresas donde se trabaja presencialmente. No saber dónde sentarse cada día descentra, ya que mudarse es óptimo cuando hay una intención lógica o va asociado al cambio de tarea, no por inercia o moda. El ADN humano es animal, urge crear ambientes profesionales asociados a nuestra identidad en los que sentirnos en casa estando fuera del territorio doméstico. Este sentimiento eleva la autoconfianza, la seguridad y, de ahí, la eficiencia. Por eso es necesario dejar de confundir libertad con arbitrariedad. Incluso un nómada digital no debería ignorar el lugar donde se instala.

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ROOM Diseño. –  El espacio laboral contemporáneo ha mutado hacia múltiples tipologías —oficinas flexibles, coworkings, open plan, cubículos—. ¿Cuál consideráis que responde mejor al modo actual de trabajar y qué riesgos veis en la estandarización de estos modelos?

Isabel Ortega. – El modo de trabajo va asociado a la naturaleza del oficio. El entorno que precisa un autónomo es diferente al del empleado de una gran compañía. Lo que sí es común y primordial a la hora de plantearlo es la observación. Parar es el primer movimiento: detenerse a analizar valores, propósito, equipo, herramientas, organización o proyección. Ese estudio determina el comportamiento y las necesidades para escoger la estrategia de diseño y la mejor tipología. Entendemos la arquitectura como el arte que hace habitable la constante del cambio, por lo que flexibilidad y adaptación han de ser propiedades inherentes al workplace. El riesgo de estandarizar modelos reside en pensar que una solución será siempre la mejor para todo. Nada corpóreo es eterno, lo relevante es mantener la mirada atenta y una disposición abierta para saber adecuar el contexto al ritmo de nuestra evolución.

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Isabel Ortega. ETC

El bienestar también se proyecta

ROOM Diseño. – En vuestros proyectos, la ergonomía, la luz y el orden parecen tener un papel casi terapéutico. ¿Hasta qué punto el diseño puede influir en el bienestar emocional y en la productividad de un equipo? ¿De qué manera el mobiliario y la ergonomía pueden transformar la experiencia laboral en algo más humano?

Isabel Ortega. – Saber amoldarnos y concebir herramientas que se ajusten a nuestra fisionomía y bienestar contribuye a potenciar un estilo de vida y de trabajo en flujo. Es decir, a ser feliz. La luz lo dibuja todo, sin ella no hay nada porque, además, rige nuestro ritmo circadiano; mientras que el orden es un requisito básico para concebir cualquier espacio. El diseño condiciona el estado emocional hasta el punto de sentir dolor de cabeza si la temperatura es extrema, irritabilidad si hay ruido permanente o bloqueo si el suelo está lleno de obstáculos que nos hacen tropezar física y mentalmente. El sonido, el olor, la iluminación, la ventilación y la temperatura deberían ser parámetros sagrados proyectuales, pero hay que ir más allá. Un plan de comunicación, por ejemplo, la voz y el tono de la palabra nunca deben destruir una arquitectura ejemplar. Se trata —en toda su dimensión— de plantear y solucionar a partes iguales.

ROOM Diseño. – A menudo habláis de “ecosistemas de rendimiento y bienestar”. Desde la perspectiva arquitectónica, ¿qué elementos materiales o espaciales son esenciales para que ese equilibrio exista realmente?

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Isabel Ortega. – Rendimiento y bienestar han de ser uno. En términos arquitectónicos, es incuestionable contar con un marco a la medida de la actividad, instalaciones óptimas y un paisaje material que potencie tanto nuestra capacidad sensorial como cognitiva. Los accesos son fundamentales, el cuerpo humano es líquido en más de un 60%, hemos de poder recorrer el ambiente como el fluido que somos, sin barreras y sin peligro de estancarnos. Incorporar elementos orgánicos que aporten oxígeno, cercanía y valor emocional. También es significativo entender que el espacio físico debe contener lo esencial, a menudo tendemos a la acumulación y al apego de objetos. Sin embargo, el vacío y el silencio son materiales valiosos que ocupan una posición en el balance deseado. Todo ello nutre el ecosistema y el diálogo para que seres y componentes convivan en armonía y equilibrio.

ROOM Diseño. – Si pensamos en el futuro del trabajo y de la arquitectura laboral, ¿hacia dónde creéis que evolucionará el concepto de espacio de trabajo consciente? ¿Cómo vaticinas que será ese lugar físico?

Isabel Ortega. – Creemos que la idea de espacio de trabajo consciente tenderá a asentar el carácter holístico, integrará el autoconocimiento, proyectará un diseño arquitectónico acorde a la actividad y cultivará el bienestar laboral. Richard Neutra, precursor de la Neuroarquitectura sostenía: “Si hay que diseñar para la gente, es imprescindible observarla, comprenderla y simpatizar con ella”. Las nuevas generaciones no están dispuestas a trabajar más horas por más dinero, lo que quieren es sentirse en paz y ser dueñas de su vida, no amenazadas ni esclavas de un trabajo. Atraer talento no es ni será difícil, el reto está en saber mantenerlo conectado con ilusión. Conseguir que las personas sigan motivadas con el paso del tiempo y sepan por qué tiene sentido madrugar cada mañana para invertir su vida en un negocio. Y el entorno físico será el testigo arquitectónico que favorezca en cada instante, con sus mejores galas, ese acontecimiento.

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