¿Hasta dónde puede reducirse un oficio sin perder su naturaleza? Para Homo Faber 2026, Vacheron Constantin invitó a seis artesanos a trasladar sus disciplinas a los límites físicos de una esfera. Plumas, vidrio, papel, hilo de oro y madera construyen un insólito reino animal donde la miniatura se convierte en campo de investigación.
El oficio cambia de escala de Vacheron Constantin
Fundada en Ginebra en 1755, Vacheron Constantin lleva más de dos siglos y medio reuniendo mecánica y artes decorativas. Guilloché, grabado, esmaltado o engaste forman parte de un patrimonio que la manufactura conserva en talleres especializados y que, en los últimos años, ha extendido mediante colaboraciones con instituciones como el Louvre o el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. Tras celebrar en 2025 sus 270 años de historia, la maison llega ahora a Homo Faber 2026 con una pregunta dirigida hacia el futuro de la artesanía.

Desde 2020, la firma ha participado en esta bienal internacional que reúne en Venecia a maestros de numerosos oficios. Y, en esta edición, ha presentado Métiers d’Art Tribute to the Animal Kingdom: seis relojes conceptuales pertenecientes a One of Not Many, un programa concebido para incorporar a la relojería prácticas tradicionalmente alejadas de ella. El reto planteado a los seis creadores ha resultado tan sencillo de formular como difícil de ejecutar: trasladar su oficio a una caja de 42 mm, con un máximo de cuatro milímetros entre la esfera y el cristal de zafiro.


Ninguno de los profesionales había trabajado anteriormente con semejantes restricciones de escala y volumen. De hecho, la reducción obligó a investigar durante meses —en algún caso, años—, fabricar herramientas y reconsiderar procedimientos aprendidos para otras dimensiones. Una labor que ha transformado el reloj en un laboratorio donde el objetivo consiste en averiguar qué debe cambiar para que un saber artesanal pueda sobrevivir a la miniaturización.


Trabajar casi sin respirar
Julien Vermeulen, formado en el taller de Jean Paul Gaultier, construye Feathersnake con más de 200 fragmentos obtenidos de siete plumas de faisán monal. La serpiente se eleva únicamente tres milímetros y requirió unas 250 horas entre investigación, prototipos y ejecución. No existían instrumentos apropiados: Vermeulen convirtió una aguja en microbisturí y adaptó otra para depositar cantidades microscópicas de adhesivo. Algunas plumas eran tan pequeñas que una respiración demasiado fuerte podía hacerlas volar; al colocarlas, el artesano llegaba a contener el aire para evitar que el latido del corazón alterase el movimiento de su mano.


El vidriero italiano Simone Crestani afrontó el problema inverso a la monumentalidad habitual de su oficio. Su Glassoctopus, de 3,5 mm de altura, está modelado a partir de diminutas varillas de vidrio con utensilios de wolframio desarrollados específicamente para realizar los tentáculos y ventosas uno a uno. El proceso se prolongó más de un año y obligó a Crestani a inventar una técnica nueva después de 25 años trabajando el material.

Asimismo, Anya Midori necesitó más de dos años para resolver Oraygami. Sus mantarrayas, de entre cinco y diez milímetros, nacen de papel japonés teñido expresamente y plegado sin lupa con dedos, uñas y la punta de un palillo. Antes de doblarlo, Midori estudió fotografías y vídeos de estos animales para desplegar desde cero una secuencia de pliegues capaz de reproducir sus proporciones y desplazamiento.

Seis oficios fuera de sus límites en Homo Faber
En otro orden, Laura Baverstock lleva el bordado de oro hasta dimensiones igualmente extremas. Tigerbroidery combina hilos de oro amarillo y blanco de nueve quilates, seda y una placa perforada de titanio. Hubo que desarrollar agujas de 0,25 mm y herramientas capaces de producir hilos metálicos suficientemente finos. El cuerpo del tigre contiene fragmentos inferiores a un milímetro y únicamente sus ojos reúnen diez tonalidades de seda. La esfera definitiva exigió 210 horas.

Por su parte, Marianne Guély ha hecho con papel blanco de algodón un cocodrilo tridimensional mediante repujado, corte láser y ensamblaje manual. Papercroc alcanza apenas tres milímetros de altura. Y Anna Le Corno ha recurrido a doce especies de madera para Woodenwings, un halcón realizado mediante tres procedimientos de marquetería. Las herramientas convencionales de carpintería resultaban demasiado grandes: bisturís, microutensilios de carburo y útiles de lijado fabricados en el estudio ocuparon su lugar.

Bajo ese zoológico microscópico trabaja el calibre automático 2460 G4. Sus indicaciones de horas, minutos, día y fecha se desplazan hacia cuatro aberturas periféricas, liberando el centro de la esfera para las intervenciones artesanales. La propia arquitectura mecánica acepta, por tanto, hacerse a un lado. Si Vacheron Constantin ha puesto en contacto a sus relojeros con profesionales que desconocen las reglas de la relojería para que dichos creadores puedan cuestionar sus propios oficios, Homo Faber ha proporcionado el marco idóneo para mostrar el resultado. Tribute to the Animal Kingdom demuestra el virtuosismo con seis animales que son también seis ensayos sobre la transmisión de un conocimiento artesanal. 42 milímetros donde hacer más pequeño ha terminado significando inventar algo de nuevo.

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