Estudio Mínima rehabilita una cabaña pasiega centenaria en Cantabria y logra la certificación Passivhaus EnerPHit sin alterar su identidad vernácula.

En los Valles Pasiegos de Cantabria, Estudio Mínima ha culminado la rehabilitación de una antigua cabaña de piedra construida hace más de un siglo. El resultado es una vivienda certificada EnerPHit, el estándar Passivhaus para rehabilitación, que demuestra que es posible alcanzar los más altos niveles de eficiencia energética sin alterar la identidad de una construcción vernácula.
El proyecto se llama Casa Mínima y funciona además como alojamiento turístico de arquitectura, un lugar donde la experiencia de habitar y los principios de sostenibilidad se perciben directamente, a través del uso cotidiano del espacio.
Veinte años de espera
La historia de Casa Mínima empieza mucho antes que el proyecto. La arquitecta Helena Aguilar descubrió esta cabaña hace más de veinte años y decidió conservarla, sin saber todavía qué forma tomaría esa decisión.
Con el tiempo, junto a Juan Ramón Cristóbal, su socio en Estudio Mínima, desarrolló una intervención basada en un principio simple de enunciar y difícil de ejecutar: mejorar radicalmente el comportamiento energético del edificio sin tocar su presencia exterior.
La cabaña había sido durante siglos una construcción semitranshumante, ligada a la vida agrícola y ganadera de los Valles Pasiegos. Esa memoria material sigue siendo legible en cada muro.

fachada exterior de piedra de Casa Mínima. ©Biderbost Photo]
Una segunda piel invisible
La estrategia energética se resuelve desde dentro. Sobre los muros de piedra originales, de hasta 80 cm de espesor, se construye una envolvente interior de altas prestaciones: una lámina de aislamiento orgánico, ladrillo y enlucido de cal, aplicados como una segunda piel que reduce al mínimo las pérdidas térmicas.
El sistema se completa con ventilación mecánica con recuperación de calor y una bomba de calor integrada, apoyadas en una pequeña estufa en los meses más fríos. El triple vidrio pasivo de las carpinterías cierra el conjunto sin interrumpir la relación visual con el paisaje.
Todas las instalaciones quedan completamente integradas en la arquitectura. La tecnología no se ve. Se percibe únicamente como silencio y estabilidad térmica.

interior del salón con vistas al paisaje. ©Biderbost Photo
La piedra, el roble y la cal
La mampostería exterior original se conserva intacta, tratada únicamente desde el interior. El proyecto evita cualquier gesto de mimetismo: lo antiguo y lo nuevo se leen con claridad, cada uno en su propio tiempo constructivo.
Los materiales elegidos, piedra, mortero de cal, madera de roble y cerámica, prolongan la lógica constructiva ya presente en el edificio. El mobiliario, diseñado por Estudio Mínima, se fabricó en parte con las vigas estructurales originales de la cabaña, de modo que una mesa de comedor o una mesilla de noche siguen siendo, en cierto sentido, parte del mismo edificio.
Es una arquitectura que no impone, sino que activa lo que ya estaba construido.

detalle de mobiliario en roble recuperado. ©Biderbost Photo
El patio recuperado
Toda la planta baja era originalmente la cuadra de la cabaña, un espacio continuo definido por muros de gran espesor. Hoy es el corazón de la vivienda: cocina, comedor y salón en una secuencia abierta hacia el paisaje.
Junto a este nivel se recuperó un antiguo recinto exterior, cubierto de vegetación durante años, que había servido como estercolero. Tras su limpieza se convirtió en patio, pavimentado con las mismas losas de piedra que antes solaban la cuadra, algunas todavía marcadas por los surcos tallados para facilitar su mantenimiento ganadero.
El patio funciona hoy como una prolongación directa del interior, incorporando la memoria de un uso pasado a una vida completamente nueva.

patio interior con losas originales. ©Biderbost Photo]
Arquitectura para habitar
En la planta superior se conserva la configuración tradicional de las cabañas pasiegas, con acceso directo desde el exterior a través de la escalera de piedra existente. Dos dormitorios revestidos en madera de roble ofrecen un descanso contenido, definido por la proporción, la materialidad y la luz.
Casa Mínima tiene capacidad para 4 adultos, ampliable a 6 solo cuando dos de ellos son niños. Más que un objeto construido, se plantea como un lugar para ser vivido, donde confort, silencio y relación con el entorno forman parte de la misma decisión arquitectónica.
El proyecto resume el enfoque de Estudio Mínima, un estudio con sede en Madrid especializado en arquitectura bioclimática y rehabilitación Passivhaus: rigor técnico, sensibilidad hacia lo existente y una idea de sostenibilidad entendida como una forma de cuidado hacia el tiempo, el lugar y la materia.

dormitorio revestido en madera de roble. ©Biderbost Photo]
Ficha técnica
Proyecto: Casa Mínima · Ubicación: Valles Pasiegos, Cantabria, España · Arquitectos: Estudio Mínima, Helena Aguilar y Juan Ramón Cristóbal · Certificación: EnerPHit (Passivhaus Institute) · Superficie: 160 m², 2 plantas · Fotografía: Biderbost Photo
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