Esta clínica dental surge como resultado de la reforma integral de un local de geometría estrecha y alargada, una condición que planteaba un importante desafío arquitectónico desde el inicio del proyecto. Lejos de entenderse como una limitación, esta característica espacial se convierte en el punto de partida para organizar el interior mediante una secuencia clara de volúmenes y vacíos que estructuran el recorrido y dotan al espacio de amplitud.
El objetivo principal fue transformar el local en un entorno diáfano, luminoso y funcional, capaz de responder tanto a las necesidades clínicas como a la experiencia de los pacientes.
La organización del programa se plantea a través de una serie de volúmenes cuidadosamente dispuestos que van definiendo diferentes ámbitos sin perder la sensación de continuidad espacial. El primer volumen se sitúa junto al acceso principal y alberga el despacho y la sala de rayos X. Este elemento, combinado con un segundo volumen situado en la medianera opuesta, delimita el primer espacio abierto destinado a la recepción. De este modo se genera un área de bienvenida amplia y clara, que permite entender el funcionamiento general de la clínica desde el primer momento.

El segundo volumen, en relación con un tercer cuerpo ubicado en el lado contrario y que alberga el primer gabinete clínico, articula dos zonas de espera diferenciadas. Estas salas se disponen a ambos lados del espacio central, permitiendo una organización funcional del flujo de pacientes y generando pequeñas áreas de estancia más recogidas. Este juego de llenos y vacíos se repite a lo largo del recorrido interior, guiando al usuario de manera intuitiva hasta el distribuidor principal, desde donde se accede al resto de estancias de la clínica.

En el centro del conjunto aparece un volumen especialmente significativo que contiene los aseos. Su presencia se refuerza mediante esquinas redondeadas que suavizan el tránsito y favorecen la continuidad del recorrido. Aunque está construido con el mismo sistema de tabiques de placas de yeso laminado que el resto de los elementos, su acabado chapado en madera de roble introduce una materialidad diferente que aporta calidez al ambiente general, dominado por superficies blancas y neutras. Este volumen central se convierte además en un elemento visual protagonista, funcionando como soporte para el rótulo de la clínica.


La iluminación se ha planteado como un elemento fundamental en la percepción del espacio. La forma alargada del local permite aprovechar la entrada de luz natural desde ambos extremos, generando un eje visual continuo que atraviesa todo el interior. La distribución de las estancias a lo largo de las medianeras facilita que la luz recorra el espacio de manera directa, mientras que la iluminación artificial se utiliza para reforzar determinados puntos del recorrido y destacar los elementos arquitectónicos más relevantes.
Arquitectos a cargo: David Hernández y Sergio Murillo
- Estudio
- David Hernández Arquitectura



