Casa Nido. Una obra anidada en una preexistencia en Valencia

ESTUDIO

Casa Nido por Iterare arquitectos: una vivienda contemporánea anidada tras la fachada histórica de ladrillo de un antiguo edificio en Torrefiel, Valencia.

Ocupando una posición en esquina en uno de los barrios más humildes de la ciudad de Valencia -el de Torrefiel-, la casa nido se plantea como un ejercicio de protección y puesta en valor del escaso y valioso patrimonio construido que todavía se conserva en las calles de este importante distrito periférico del norte de la ciudad.

Y es que, a pesar de que la normativa nos permitía acabar con el edificio existente y construir uno nuevo, el proyecto desde el principio se obstinó en conservar la envolvente de aquella antigua casa y resguardarse en su interior. Como si esa piel -de ladrillo macizo y mortero de cal- que se había mantenido intacta a lo largo de los años, se convirtiera ahora en el basamento (o quizás el nido) de una nueva arquitectura emergente que nace y se eleva sobre ella.

El edificio data del 1921, y pertenece a la arquitectura residencial popular/obrera de las primeras décadas del siglo XX, momento en el que pequeños propietarios, artesanos o agricultores construían sus viviendas con tipologías sencillas pero con fachadas ornamentadas. Composiciones simétricas con elementos ornamentales propios del modernismo valenciano están presentes en estas viviendas. En nuestro caso particular, la fachada había sido completamente alterada por el anterior uso, que había sido de casal fallero, y que modificó los huecos existentes y eliminó la rejería y otra decoración de fachada. Así fue como quedó solo el frontón de remate con motivos florales, como vestigio de la vivienda y sus habitantes originales.

De este modo la obra, reducida ya a un único volumen puro y elemental, encuentra en su interior el que quizás es el elemento más importante de la casa: su patio. Un espacio regular y perfecto que, ubicado en el fondo de la parcela, vacía el volumen construido y se constituye como el gran telón de fondo de la obra. Todo ello, eso sí, gracias al gran ventanal (de casi 7 metros de altura) que dota de luz, ventilación y vistas al conjunto de estancias de la casa.

A partir de ahí, basta un único núcleo de escalera -ubicado en el centro de la vivienda- para comunicar sus dos niveles e incorporar a su alrededor, con naturalidad, las piezas de servicio. Un espacio pretendidamente angosto y ensimismado, construido en piedra caliza, que nos permite alcanzar la zona más privada de esta obra: la sala diáfana de la planta primera.

La casa se organiza enfrentada a un patio que se concibe como continuidad de los espacios interiores. El patio ocupa aproximadamente un tercio de la parcela, y el espacio restante se configura en torno a un núcleo de escaleras, sala de máquinas y cocina. La sección muestra cómo la totalidad del volumen que encierran los muros se puede leer como una sola estancia, sin distinción interior exterior, quedando excluidos solamente el dormitorio y baño para garantizar su privacidad.

Un espacio de estar y también de estudio, donde se abre además un importante lucernario por el que circula una brisa constante y suave y se introduce, a la manera de un lienzo, el movimiento del sol sobre las superficies de la casa.

                 

Estudio
Iterare arquitectos

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