Oasi, la nueva colección outdoor diseñada por Robin Rizzini para Saba, no nace únicamente para ocupar terrazas y jardines. Continúa una investigación que la firma italiana lleva años desarrollando: entender el sofá como un sistema abierto, capaz de adaptarse a las personas, a la arquitectura y, ahora también, al paisaje.
La evolución natural de Saba
La historia del exterior comenzó mucho antes de que existiera el mobiliario outdoor. Desde los patios persas hasta los claustros medievales o los invernaderos del siglo XIX, el jardín ha sido siempre una construcción cultural: un lugar donde la naturaleza acepta cierto orden sin perder del todo su condición salvaje. Y la nueva colección de Saba, Oasi, se inscribe en esa genealogía, pues más que recurrir a un lenguaje orgánico o reproducir formas vegetales, Robin Rizzini observa cómo funcionan los ecosistemas: crecen, se reorganizan y evolucionan sin perder su identidad.

Esa lógica es la que ha trasladado a un conjunto modular cuyos elementos pueden expandirse, desplazarse o recomponerse con la misma naturalidad con la que cambia un paisaje. Además, la serie representa una evolución coherente dentro del universo Saba, pues desde su fundación, la firma italiana ha defendido una idea del sofá alejada de las composiciones rígidas para apostar por sistemas flexibles que se adapten a distintas arquitecturas y formas de uso. Y Oasi expande esa visión al outdoorcomo una extensión natural de la vida cotidiana.


Oasi: un sistema pensado para cambiar
Se podría decir que Robin Rizzini comprende la innovación como una consecuencia de la funcionalidad. En Oasi, esa actitud se revela con una modularidad que no se contempla como algo útil sino como la verdadera expresión proyectual. Las curvas continuas eliminan cualquier frontalidad, mientras que los distintos respaldos permiten configurar ambientes más abiertos o más protegidos según las necesidades de cada momento. De esa manera, ninguna composición se presenta como definitiva porque todas permanecen abiertas al cambio.

Asimismo, los asientos se completan con mesas auxiliares y maceteros realizados en corcho, un material renovable cuya presencia prolonga el diálogo entre mobiliario y vegetación. A todo ello se suma una construcción basada en componentes absolutamente separables y reciclables al final de su vida útil, una decisión que responde a una concepción del diseño donde la durabilidad y la responsabilidad son imprescindibles.


Esto nos lleva a comprender el lugar que Saba eligió para presentar Oasi: el Giardino Botanico La Cutura, en el centro del Salento. Un jardín botánico construido durante décadas a partir de especies reunidas por Salvatore Cezzi que servía de escenario fotográfico y que prolongaba —en sus invernaderos, cactus y antiguas construcciones agrícolas— el discurso de la colección. No es casual que la firma recurra con frecuencia a estos entornos cargados de identidad arquitectónica para concebir sus campañas: antes fueron el Vittoriale degli Italiani, el Teatro Regio de Turín o el Circolo della Vela; pero ahora, La Cutura ofrece el contexto perfecto para un conjunto de mobiliario que halla su sentido en el equilibrio entre lo artificial y paisaje.

Es en ese punto donde posiblemente resida el verdadero interés de Oasi. No en la necesidad de ampliar el catálogo outdoor de Saba, sino en continuar una manera de entender el diseño basada en la flexibilidad, el confort y la relación entre las personas y el espacio. Al fin y al cabo, seguimos persiguiendo el mismo deseo que dio origen a los primeros jardines: construir un lugar donde la naturaleza deje de ser un paisaje contemplado para convertirse, aunque solo sea durante un instante, en un refugio para sentir su pulso vivo.
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