Taberna Los Gabrieles

ESTUDIO

Presentamos Los Gabrieles, en Madrid: recuperación patrimonial de un espacio histórico donde los azulejos originales vuelven a ser protagonistas.

Pocos lugares condensan tanta memoria de Madrid como Los Gabrieles. Nacido en 1907 y trasladado en 1909 a la calle de Echegaray, fue durante un siglo el colmado flamenco más antiguo y genuino del desaparecido “barrio andaluz”, taberna taurina, restaurante y, sobre todo, templo del cante: por sus salas y reservados pasaron Antonio Chacón, Belmonte, Manolete, García Lorca, Ava Gardner o Almodóvar, entre tantos otros nombres, célebres y anónimos, y por ellas se transmitió, de generación en generación, ese patrimonio inmaterial que hoy reconocemos como flamenco.

En la gran reforma de 1923, sus tres plantas se revistieron de una excepcional cerámica artística, firmada por los mejores ceramistas del momento —Enrique Guijo, Alfonso Romero, Ruiz de Luna, Enrique Orce— y completada con la perturbadora esqueletomaquia de Carlos González Ragel, hasta merecer de la historiadora Natacha Seseña el sobrenombre de “Capilla Sixtina de la azulejería madrileña”. Cuando el local cerró sus puertas en 2005 y quedó veinte años en silencio, se enfrentaba a un destino que ha borrado tantos otros espacios singulares de la ciudad: la pérdida irreparable de un patrimonio tangible e intangible a la vez, único e irrepetible. Recuperarlo no era solo rehabilitar un edificio, sino devolver a Madrid una pieza esencial de su memoria.

Esa convicción guía todo el proyecto. Tras una larga batalla administrativa y judicial, que estuvo a punto de frustrar su reapertura, la intervención restituye Los Gabrieles a su uso original como bar-restaurante con flamenco en directo, la mejor garantía para su conservación: un patrimonio vivo, no musealizado. El núcleo del trabajo ha sido la cerámica. Se restauró y consolidó in situ todo el conjunto conservado y se restauraron y reinstalaron pieza a pieza los murales que debían moverse, recuperando incluso decenas de azulejos que en su día habían quedado sin protección legal alguna. En paralelo, las exigencias técnicas actuales —climatización, acústica e insonorización, instalaciones— se han integrado de manera prácticamente invisible, para que la tecnología no compita nunca con la obra de arte. Y allí donde no había decoración histórica que conservar, en lugar de imitar el pasado se ha sumado una nueva capa cerámica firmada por cinco artistas contemporáneos —Miki Leal, Ana Nance, Álvar Haro, Xavier Montsalvatje y Cristóbal Quintero—, prolongando hacia el siglo XXI la vocación creadora del local.

El resultado es un caso ejemplar de recuperación patrimonial, donde conservación rigurosa, uso original y creación actual conviven para devolver a la ciudad una obra de arte total habitable. El inmenso patrimonio histórico y artístico de Los Gabrieles, su mayor y más evidente activo, ya estaba escrito; este proyecto se ha ocupado de que su futuro pueda seguir contándose. Salvar Los Gabrieles demuestra que conservar el patrimonio no es congelarlo, sino mantenerlo vivo, en uso y abierto a las generaciones que vendrán.

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