Joris Laarman y su laboratorio de tradición rupturista en Friedman Benda

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Joris Laarman lleva dos décadas desplazando el diseño hacia un territorio donde tecnología, artesanía y naturaleza se contaminan mutuamente. En Symbio, su nueva exposición en Friedman Benda hasta el 24 de julio, el creador neerlandés convierte madera, hormigón reciclado, musgos y algoritmos en objetos vivos, capaces de pensar el futuro desde la materia.

Joris Laarman y Droog: el origen

Formado en la Design Academy Eindhoven, Laarman se graduó en 2003 y poco después fundó Joris Laarman Lab junto a Anita Star. Desde entonces, el estudio ha funcionado como un laboratorio en el que conviven programadores, ingenieros, artesanos y especialistas en fabricación digital. Inteligencia artificial, modelado paramétrico, impresión 3D, robótica o realidad aumentada aparecen en su práctica no como un repertorio de efectos, sino como parte de una investigación sostenida sobre la relación entre la dimensión virtual y la física. Podemos decir que Laarman se alza como intérprete y traductor de ambos mundos. Al llevar al plano tangible la estética y las formas propias de un universo electrónico, la artesanía cobra una nueva magnitud para permitir plasmar los que hasta ahora solo existía en píxel.

Joris Laarman, Friedman Benda
Loop Bookcase. Zaandam, Joris Laarman Lab. Foto: © Leonard Fäustle

Pero empecemos desde el principio, ya que su posición dentro del entorno creativo neerlandés también tiene algo de desplazamiento. Laarman procede del clima intelectual del Dutch Design y de la influencia de Droog, la plataforma fundada por Renny Ramakers y Gijs Bakker que, en la década de los 90, convirtió el humor seco, la austeridad, el uso de componentes cotidianos y el pensamiento conceptual en una seña de identidad internacional. Droog hizo del objeto un ejemplo de inteligencia crítica: piezas aparentemente sencillas, muchas veces irónicas, que no necesitaban el lujo material para mostrar su valor.

Joris Laarman, Friedman Benda
Loop Chair. Zaandam, Joris Laarman Lab. Foto: © Leonard Fäustle

Sin embargo, Laarman se rebeló contra la sobriedad como imperativo moral con su radiador Heatwave —proyecto de graduación producido por Jaga y vinculado inicialmente a Droog—, donde ya planteaba una discusión abierta contra el dogma sobre cómo la función debía despojarse de adorno. Frente a la idea de que lo útil debía ser necesariamente austero, Laarman proponía un diseño de líneas barrocas en el que la profusión no era un añadido decorativo, sino una solución: más superficie para irradiar mejor el calor. El ornamento pasa aquí a convertirse en argumento técnico; un triple salto mortal que absuelve al autor de la culpa de sucumbir al pecado de lo decorativo.

Joris Laarman, Friedman Benda
Loop Console. Zaandam, Joris Laarman Lab. Foto: © Leonard Fäustle

23 años después de su graduación, Laarman sigue en esa búsqueda estilística que refleje unos principios propios más allá de la “tradición” rupturista de Países Bajos. Ha mantenido la agudeza y el ingenio intelectual, pero las formas exuberantes y precisas o las superficies pulcras de la madera son el fruto de la colaboración entre los saberes científicos y los heredados. Y no pertenece a ninguno de los dos territorios porque mezcla ambos para originar uno nuevo, en el que las metodologías y los recursos artesanales son estriados, curvados y transformados de maneras que solo en Photoshop o Autodesk Maya hacían posible.

Joris Laarman, Friedman Benda
Loop Shelf Wall. Zaandam, Joris Laarman Lab. Foto: © Leonard Fäustle

Symbio en Friedman Benda

La exposición Symbio —que Friedman Benda presenta en Nueva York hasta el 24 de julio de 2026— es su primera muestra individual en la ciudad en casi una década, después de la retrospectiva de 2017 en el Cooper Hewitt. En esta ocasión,reúne dos series: Ply Loop y los bancos Symbio; ambas forman parte de su cuerpo de trabajo más reciente y condensan una preocupación que atraviesa la práctica de Laarman, aunque aquí se formula con mayor claridad: ¿cómo puede el diseño pasar de imitar la naturaleza a colaborar con ella? En Symbio, la pregunta ya no es solo qué puede fabricar una máquina, sino qué tipo de relación puede establecer un objeto con el entorno que lo rodea.

Joris Laarman, Friedman Benda
Vista de la exposición Symbio

En Ply Loop trabaja con chapa de roble y nogal y una bio-resina termoestable para crear una silla, una consola, unalibrería exenta y una estantería mural. Todas ellas ensambladas a mano, pero guiadas por herramientas digitales de bocetaje y fabricación. El resultado empuja el contrachapado hacia geometrías improbables, casi imposibles de entender desde la mirada industrial de la madera: torsión, pliegue vegetal, estructuras que parecen desplegarse desde una energía interna. No obstante, lo importante no está solo en la silueta. Según la galería, la investigación apunta a una alternativa no tóxica y renovable dentro de la madera técnica, precisamente uno de esos materiales que durante décadas han parecido inocuos mientras escondían adhesivos problemáticos.

Joris Laarman, Friedman Benda
Vista de la exposición Symbio

La segunda línea, los bancos Symbio, lleva esa conversación a un terreno más explícitamente biológico. Se trata de piezas impresas en 3D con hormigón reciclado y elementos capaces de almacenar carbono. Sus superficies incorporan canales con un sustrato bioactivo pensado para favorecer el crecimiento de musgos y líquenes. Los patrones siguen modelos de reacción-difusión descritos por Alan Turing, frecuentes en formaciones naturales como pieles animales, plantas o estructuras coralinas. El mobiliario se comporta como banco, escultura, soporte gráfico y pequeño hábitat. Pero también hay algo en ellas que recuerda a las piedras de la playa, a un fósil que en lugar de albergar un organismo muerto que llega desde el pasado, acoge un organismo vivo y lleno de futuro.

Joris Laarman, Friedman Benda
Symbio Bench. Zaandam, Joris Laarman Lab © Leonard Fäustle

El propio Joris Laarman reconoce la influencia del filósofo ecologista Glenn Albrecht y su concepto de Simbioceno en sus escritos: una nueva era geológica basada en la colaboración, la interdependencia y la simbiosis entre los seres humanos y la naturaleza, para superar el impacto destructivo del actual Antropoceno. Y es que Laarman no propone una naturaleza decorativa, sino una naturaleza operativa: el musgo no está ahí para suavizar la imagen del hormigón ni para añadir una pátina verde a la tecnología. Está ahí para introducir otra escala de uso, una que no pertenece únicamente al cuerpo humano. En ese desplazamiento, el diseño deja de ser solo mobiliario y se acerca a una infraestructura menor: algo donde sentarse, sí, pero también algo que permite crecer, retener, alojar, modificar el microclima o atraer otras formas de vida.

Joris Laarman, Friedman Benda
Vista de la exposición Symbio

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