Situada sobre una parcela con vistas privilegiadas al Mediterráneo, AH-802 explora el equilibrio entre la precisión arquitectónica y la belleza de la imperfección. Una vivienda donde la luz, la materia y una espectacular escalera escultórica articulan cada uno de sus espacios.

¿Puede algo ser obsesivamente imperfecto?
¿Puede un proyecto ser concebido, deliberadamente, para ser imperfecto?
¿Puede hacerse, además, para un promotor que, desde el primer momento, advierte —de una manera honesta y educada— su obsesión por la perfección?
AH-802 nace precisamente de esa aparente contradicción.
Desde una parcela privilegiada con vistas panorámicas al Mediterráneo, la vivienda se plantea a partir de una distribución clara, ortogonal y rigurosa. Un punto de partida deliberadamente preciso sobre el que comenzar a cuestionar la propia idea de perfección.


Gracias a una escalera central que genera un espacio a triple altura, la vivienda —de desarrollo longitudinal para potenciar las vistas— queda dividida en dos zonas claramente diferenciadas. La obsesión inicial por el orden es asumida, reinterpretada y finalmente superada.
Cuando esa búsqueda de la perfección se traslada al exterior, aparece una arquitectura excesivamente rotunda. La respuesta consiste en suavizarla: redondear aristas, buscar encuentros más pausados entre las piezas y permitir que la geometría pierda parte de su rigidez.
Es entonces cuando aparece la verdadera belleza de la imperfección



Cocina y espacios de día
La relación entre interior y exterior se convierte en uno de los principales argumentos del proyecto. Los grandes paños de vidrio eliminan los límites físicos entre la vivienda y el paisaje, permitiendo que el Mediterráneo forme parte de la experiencia cotidiana.



El corazón vertical de la vivienda
La escalera constituye uno de los elementos fundamentales de AH-802. Más allá de resolver la comunicación entre las tres plantas, articula dos zonas claramente diferenciadas y genera, junto a ella, un espacio a triple altura que se convierte en el verdadero corazón del proyecto.
Por este motivo, el arranque de la escalera debía transmitir una presencia contundente, casi escultórica. Se concibe como un volumen de gran peso visual que, conforme asciende, va perdiendo materia hasta transformarse en una pieza ligera y aparentemente suspendida.




La materia como lenguaje
Durante una visita con los propietarios a Porcelanosa se produjo el hallazgo definitivo. El porcelánico Blue Roma reunía exactamente las cualidades que buscábamos para expresar esa transición entre solidez y ligereza.
Su intensa presencia material convierte el basamento de la escalera en una pieza escultórica que parece ir perdiendo peso conforme asciende, reforzando la idea de desmaterialización que define todo el proyecto.


La intimidad
Los espacios privados mantienen el mismo lenguaje arquitectónico. Dormitorios y baños continúan el diálogo entre materia, luz natural y paisaje, ofreciendo una atmósfera serena en la que la arquitectura se pone al servicio de la experiencia de habitar.

Cuando el sol desaparece tras el horizonte, AH-802 revela una segunda personalidad. La iluminación arquitectónica enfatiza la ligereza de los volúmenes y la continuidad de los espacios, transformando la vivienda en una presencia silenciosa integrada en la ladera.
Porque, a veces, la verdadera perfección consiste precisamente en aceptar la belleza de la imperfección.

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