Reformar una casa histórica exige algo más que sensibilidad estética: obliga a medir la distancia entre lo heredado y lo que está por venir. En la Casa del Pirata, Raúl Sánchez Architects ha ensayado un delicado ejercicio de equilibrio temporal, donde memoria, materia y contemporaneidad conviven sin anularse en ningún momento.
Raúl Sánchez Architects y la arquitectura del tiempo
Ante el planteamiento de un proyecto de reforma caben respuestas muy diversas. Hay quienes afrontan la renovación como desmemoria y causan una ruptura total con la biografía del lugar. Otros, acogen la tarea como un ejercicio de continuidad casi por inercia; un leve lavado de cara que altere lo mínimo posible el statu quo que ha sido recibido. En cambio, algunos —no tantos— encaran el encargo a la manera proustiana; es decir, entendiendo el diseño como reescritura y el espacio como un texto de superficies estratificadas, cuyo foco es la materia intangible de la que están hechas todas las cosas: el tiempo.

En la Casa del Pirata, el arquitecto Raúl Sánchez ha comprendido que más allá de las texturas, el color o la geometría, el tiempo es ese elemento más con el que diseñar e incluso uno de los más importantes. En este sentido, el buen hacer del arquitecto entra en valor cuando no mira hacia otro lado, sino en todas direcciones, hacia adelante y hacia atrás, pues frena y avanza simultáneamente en un delicado equilibrio por no romper la balanza a favor o en contra del pasado o del presente. De este modo, un inmueble histórico puede convertirse en la yuxtaposición de momentos. Un hábitat fronterizo con una historia que persiste en la contemporaneidad y que se narra a través de sus formas.


Una casa histórica atravesada por la leyenda
La Casa del Pirata es una arquitectura del siglo XIX ubicada en la Rambla de Mataró, en la costa catalana. Se trata de una vivienda histórica, y tanto es así que el estudio de Raúl Sánchez Architects tuvo que reunirse con Patrimonio para recibir el visto bueno a su propuesta. El objetivo de esta era recuperar las tres salas clave que componen un total de 100 m2: vestíbulo, salón y comedor. La casa hereda la leyenda de Manuel Cuyás, originario de Mataró que en 1820 partió y navegó hacia Argentina. “No muchos años más tarde, y tras una carrera fulgurante, ya era el corsario más temido por los barcos brasileños, los cuales, según relatan las crónicas, pocas veces escapaban de los cañonazos de Manuel”, cuenta Raúl Sánchez.


Tras amasar una gran fortuna, deja su carrera en el mar y se establece entre las clases de poder del país para, años más tarde, regresar a su Mataró natal. “Allí compra dos casas en la Rambla, las une y encarga a unos artistas italianos que trabajaban en la zona que se la diseñen a semejanza de los palacios que había frecuentado en Argentina. En 2023, su tataranieto y su mujer sienten que sus estancias ya no se adaptan a su estilo de vida”, continúa narrando el interiorista. Y es ahí donde entra la acción renovadora de este último sobre la dimensión temporal del enclave.

Acero, color y tiempo en tensión
El interiorismo funciona como un mosaico de épocas. Para ello, Sánchez recurre a texturas planas, geometrías afiladas y colores monocromos sin rechazar la marcada estética previa: la singularidad de los suelos, los papeles pintados de la pared, las molduras de los techos policromados…. Cabe destacar en su práctica el manejo perfectamente medido de las tonalidades que introduce, cuya fuerza no cubre todo o arrasa, sino que emana más bien desde el lado contrario. Rojo y amarillo, primarios en estado puro a la manera de Le Corbusier.


Otro aspecto que reluce es la labor de diseño industrial que aporta el arquitecto mediante piezas exclusivamente personalizadas para el proyecto. La mesa baja de centro o el mueble espejado de almacenaje con lacado a juego dentro, pero, sobre todo, la protagonista indiscutible de la intervención: la estructura central de metal. Un zócalo continuo y alargado que atraviesa la extensión del gran salón como elemento unificador. En él se integra inteligentemente el sofá con soportes auxiliares para áreas de trabajo, creando un conjunto único. Una apuesta radical por el acero inoxidable, reflectante y multiplicador, que aprovecha quirúrgicamente el ambiente. Este malabarismo aligera el peso de la historia y suaviza la gravedad de su ornamento.


Guiado por un eclecticismo audaz y acertado, demuestra que un estilo clásico y recargado puede convivir con otro extremadamente opuesto, contemporáneo y depurado. Sánchez trabaja con destreza lo liminal, y para ello juega principalmente una baza que implica riesgo: la ambigüedad. En la Casa del Pirata construye un umbral desdibujado: un área intermedia entre dos puntos, sin entrar por completo en uno o en otro. Y en este tipo de barreras que no son tales se respira esa atmósfera única, extraña y atractiva: la presencia consciente entre lo que fue y lo que será.

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¿Qué estudio de arquitectura se ha encargado de la reforma de La Casa del Pirata?
El proyecto de rehabilitación de La Casa del Pirata ha sido llevado a cabo por el reconocido estudio Raúl Sánchez Architects, destacando por su sensibilidad estética ante la arquitectura histórica.
¿En qué consiste el concepto arquitectónico de la reforma de La Casa del Pirata?
La reforma se plantea como un ‘malabarismo temporal’. El enfoque central consiste en medir la distancia entre la arquitectura heredada y las necesidades futuras, logrando que la memoria del lugar, la materia original y el diseño contemporáneo convivan en equilibrio sin anularse.






