Artista difícil de encasillar, la obra de Nicola L. cuestiona los límites entre diseño y arte, arte e individuo, individuo y sociedad. Afilada y certera, sus piezas tienen una fuerza conceptual que habla por sí misma sin necesidad de grandes discursos. Hasta el 18 de octubre, se puede visitar su retrospectiva When the Earth Turned the Other Way en el Museo de Arte Contemporáneo de Amberes.
El mundo que hizo a Nicola L.
La biografía y la obra de Nicola L. arranca en Marruecos, donde nace en 1932. En la década de los cincuenta se marcha a París, donde estudia en la Académie Julian y en la École des Beaux-Arts, pintando arte abstracto que posteriormente destruiría. En los sesenta descubre Ibiza, donde conoce a Alberto Greco, quien sacude su visión del arte y cuya muerte le provoca una crisis personal y artística. Tras abandonar la pintura, comienza sus Pénétrables:una serie de telas con orificios destinados a que el espectador se introduzca en el lienzo. Su tiempo transcurre entre Ibiza, Nueva York, Bruselas y Amberes y sus horizontes se ensanchan, abriéndose a un interés por el cuerpo que desarrolla en forma de esculturas funcionales. Lo anatómico conquista lo doméstico, desbancando el anonimato del racionalismo funcional y siendo el mueble parte de su biografía y expresión. Ya en sus últimos años, afincada en el Hotel Chelsea de NY, volvería a la pintura con Femmes fatales.

Mientras ocurría todo lo anterior, el clima en el que vive y crea se encuentra atravesado por el surrealismo, el arte pop, el arte conceptual, la performance, el teatro experimental, el radicalismo italiano, los movimientos por los derechos civiles, la segunda ola feminista, la liberación sexual, los Black Panthers, el movimiento hippie con su apuesta por la vida comunitaria… La contracultura pisaba fuerte y ella, promiscua en sus influencias, aspiró ese aire, con todo lo que en él flotaba. Que su obra siga vigente hoy en día —el Museo de Arte Contemporáneo de Amberes le dedica una retrospectiva este 2026: When the Earth Turned the Other Way— no depende tanto de haber anticipado determinadas visiones como de haber dejado contradicciones sin resolver.

Lo cierto es que Nicola L. nunca se consideró una activista, aunque reconoció que el movimiento feminista debió influir en su práctica, algo muy diferente a construir un imaginario partiendo de un discurso o como artefacto crítico. Es probable que la interpretación histórica de su labor nos haga ver con una precisión nítida una mirada que no era necesariamente consciente. El hilo conductor de su trabajo va más allá del material, el enfoque o la ejecución. Tiene que ver con la tensión conceptual contenida en cada una de sus piezas; piezas que no generan respuestas, sino preguntas que hoy las mantienen vivas.


Del cuerpo al objeto en Amberes
En la década de los sesenta, Nicola L. pasó de la pintura a la escultura, negándose a que esta esté exenta de funcionalidad; efectivamente, en el siglo XXI todavía no hemos inventado nada nuevo: el eterno debate entre arte —la belleza y lo estético— y diseño —lo práctico y funcional—. Un pie se convierte en sofá; ojos y labios, en lámparas; un cuerpo de mujer, en cómoda. Más interesada en lo práctico que en lo contemplativo, un objeto útil establece una relación con quien lo usa. Nicola L. sabe muy bien que, tanto a nivel simbólico como de experiencia, no es lo mismo observar el busto desnudo de una señorita tallado en mármol que abrir los pechos o la vagina de Femme Commode a modo de cajoncito. Aquí la palabra funcional deja de ser inocente. Al mismo tiempo, manos, ojos, pies, cabezas, bocas y torsos se transforman en sofás, aparadores, luminarias. El individuo se fragmenta, las partes dejan de ser un todo y la anatomía humana se pone al servicio del espacio.

En los Pénétrables, la mecánica es parecida a la de Femme Commode: el espectador mete cara, brazos y piernas en el lienzo volviéndose una pieza que se activa cuando se entra en ella. En este caso, tanto el cuerpo como la piel se alzan como elemento artístico. Este interés por la dermis como metáfora de los límites entre el individuo y el mundo, pero también como un rasgo igualador, se hace evidente en Red Coat: once personas bajo la consigna “Una misma piel para todos”. La lógica de los Pénétrables pasa aquí de lo individual a lo colectivo. Con La Chambre en Fourrure, la idea de la piel se extiende a la arquitectura: cuerpos que penetran y habitan una misma estructura.

Otra de las tensiones más palpables en su trayectoria es la que se genera alrededor de lo doméstico y lo erótico, que no se aleja demasiado en su esencia del conflicto entre útil y decorativo. Una figura femenina de vinilo con cajones por pechos y un monitor de televisión en el vientre reproduce una grabación donde declara que pueden tocar y disponer de sus distintas partes corporales, pero que será la última vez: “Soy la última mujer objeto”. Estamos ante Little TV Woman: “I Am the Last Woman Object” de 1969, la creación que mejor recoge la objetualización de la casa frente a la erótica. Si John Berger señala en Ways of Seeing que la representación de la mujer en la historia del arte occidental la reduce a sujeto de contemplación o sujeto erótico, entre las maneras de objetificación descritas por Martha Nussbaum aparece la instrumentalización: la mujer usada, sin autonomía y a disposición de los fines de otro. Lo utilitario y lo bello encarnados en un cuerpo de vinilo con cajones que, al mismo tiempo, se rebela contra su condición de objeto usado. O, mejor dicho, se resigna a ella, pero se niega a que la inercia continúe: “Soy la última mujer objeto”. Una pieza funcional y con silueta de mujer que se posiciona en las antípodas conceptuales de Allan Jones y su polémica serie mujeres-mueble de esa misma época.

Más que al talento de su autora, que es indudable, la vigencia de la obra de Nicola L. se debe a que, sesenta años después, los mismos conflictos sociales que la vertebran siguen activos hoy en día. Con intención política o no, Nicola L. señala con el dedo el fracaso social que supone que las cosas no hayan cambiado tanto durante este tiempo.
En este enlace puedes leer nuestro artículo sobre Kate Millett y su aproximación feminista a la escultura.
¿Quién fue Nicola L. y por qué su obra es tan relevante hoy en día?
Nicola L. (1932–2018) fue una inclasificable artista y diseñadora francesa, pionera en desdibujar las fronteras entre el arte pop, la escultura funcional y la performance. Su obra, profundamente ligada a los movimientos feministas de los años 60 y 70, utiliza el cuerpo humano (especialmente el femenino) desmembrado o recontextualizado en piezas de mobiliario (‘penetrables’) para cuestionar la pasividad del espectador, las estructuras patriarcales y la noción clásica de objeto artístico.
¿Qué es el M HKA de Amberes?
El M HKA (Museo de Arte Contemporáneo de Amberes) es una de las instituciones culturales más prestigiosas de Bélgica. Está dedicado al arte visual de vanguardia internacional. Su enfoque curatorial se caracteriza por una fuerte conexión con las cuestiones sociopolíticas y experimentales, convirtiéndolo en el escenario idóneo para acoger retrospectivas radicales y desafiantes como la de Nicola L.










