Casa Puerto de Lucas y Hernández-Gil. El arte de encallar en la memoria del sur

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¿Qué es una casa sino el lugar exacto donde decidimos amarrarnos a la vida? En el casco histórico protegido del Puerto de Santa María, el estudio Lucas y Hernández-Gil, en colaboración con Kresta Design, ha materializado este amarre existencial en la conocida Casa Puerto. Una morada palaciega del siglo XVIII que no se ofrece al visitante como una reliquia inerte, sino completamente viva y dúctil; un refugio estacional para una madre y sus dos hijas que regresan desde la distancia centroeuropea de Viena para reclamar su porción de sur, de sal y de memoria geológica.

El maximalismo matérico de Lucas y Hernández-Gil

Cádiz solo puede explicarse a través del impacto ciego de su claridad. Es una ciudad construida por la luz y los reflejos; un espejo de cal y océano donde la luminosidad es un factor climático y la sustancia física y omnipresente que todo lo inunda. Ante el minimalismo timorato y aséptico que suele uniformar las intervenciones patrimoniales contemporáneas, los arquitectos de Lucas y Hernández-Gil han abrazado un maximalismo matérico en Casa Puerto que desborda personalidad, color y texturas.

Casa Puerto, Lucas y Hernández-Gil
Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil

En esta vivienda de 500 m2 distribuidos en tres alturas, la materia ha sido seleccionada para atrapar y refractar la incandescencia de la bahía. El barro esmaltado blanco alfombra los pavimentos y absorbe el fulgor para devolverlo con calma, mientras que los acabados cerámicos y azulejos vítreos se adueñan de las transiciones y los pasos espaciales. Estos umbrales cerámicos actúan como destellos líquidos, pequeñas costras de brillo que conectan simbólicamente el interior de la casa con la cercanía del mar. Es una sinfonía donde conviven muros revestidos de cal viva con maderas claras como el roble y el abedul en las carpinterías, rechazando por completo la frialdad industrial.

Casa Puerto, Lucas y Hernández-Gil
Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil
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Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil

La alberca interior y la inercia térmica de Casa Puerto

El inmueble, al encontrarse en un estado irregular y protegido, Lucas y Hernández-Gil desecharon la idea de su transformación total e inmediata para apostar por una estrategia fragmentaria de acupuntura arquitectónica. Dando como resultado una reforma paulatina dividida en fases cronológicas.El gran desafío residía en flexibilizar los ambientes para que pudieran albergar la soledad cotidiana y las convivencias esporádicas, encuentros festivos o alquileres puntuales, sin desatender la escala señorial original.

Casa Puerto, Lucas y Hernández-Gil
Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil
Casa Puerto, Lucas y Hernández-Gil
Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil

La solución destaca por su ligereza estructural: las nuevas inserciones funcionales —como los baños, los armarios y los dormitorios suplementarios— se resolvieron como volúmenes independientes de madera. Estas cajas exentas se deslizan en las salas nobles como piezas exóticas que se niegan a tocar los techos históricos. Al mantener limpias las cornisas y las proporciones originales de las estancias, la arquitectura permite que el pasado y el presente coexistan en una tensión reversible y respetuosa.

Casa Puerto, Lucas y Hernández-Gil
Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil

La línea maestra que vertebra el proyecto y dota de ritmo lírico a la planta baja es, sin duda, su alberca. Prolongada de manera audaz desde uno de los dos patios de 40 m2 hacia las entrañas de la crujía residencial, la masa de agua sirve como una suerte de terma doméstica que altera la percepción espacial. El acceso desde la sala se convierte en un ritual pagano de transición, presidido por un banco semicircular revestido de azulejos vidriados en un vivo contraste de amarillo y azul, que evoca de inmediato el clásico apodyterium romano donde los cuerpos se despojaban de sus vestiduras.

Casa Puerto, Lucas y Hernández-Gil
Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil
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Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil

Más allá de su innegable carga escenográfica, esta lámina líquida asume una responsabilidad técnica crucial para mantener una temperatura confortable. En complicidad con la enorme inercia térmica de los gruesos muros de carga y una estudiada disposición de las ventanas —que favorece la ventilación cruzada natural— la alberca opera como un pulmón pasivo. Durante los rigores del estío gaditano, el agua refresca las estancias de forma natural. Con los dos primeros niveles consolidados tras tres años de proceso y un presupuesto contenido, la última altura se encuentra a la espera de una futura intervención para albergar una residencia de artistas, consolidando a Casa Puerto como un organismo inacabado que sigue aprendiendo a respirar.

Casa Puerto, Lucas y Hernández-Gil
Casa Puerto. Lucas y Hernández-Gil

En este enlace puedes leer más artículos sobre otros proyectos de Lucas y Hernández-Gil.

¿Dónde se ubica la Casa Puerto?

La vivienda se localiza en pleno centro histórico protegido del Puerto de Santa María, en la provincia de Cádiz, España. El proyecto rehabilita un edificio palaciego de 500 m² construidos sobre una parcela de 250 m², organizada en tres alturas en torno a dos patios centrales de 40 m² cada uno.

¿Qué es Lucas y Hernández-Gil?

Es un estudio de arquitectura y diseño de interiores fundado por Cristina Domínguez Lucas y Fernando Hernández-Gil Ruano, que en esta obra ha colaborado con Kresta Design. Su práctica se caracteriza por un enfoque contemporáneo que dialoga con la historia a través de una cuidada sensibilidad cromática, la honestidad de los materiales y el juego con los reflejos y la luz del contexto constructivo.

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