Dos polos sostienen el discurso expositivo de New Humans: Memories of the Future. Por un lado, la condición cambiante de una humanidad redefinida por los avances tecnológicos; por otro, los futuros imaginados por sociedades que, más que anticipar lo que estaba por venir, proyectaron los deseos, miedos y obsesiones de su propio tiempo. Y con cada transformación, regresa la misma duda: ¿seguimos siendo lo mismo o estamos convirtiéndonos en otra cosa?
El arte de una nueva criatura tecnológica
Numerosos son los hitos tecnológicos que han influido la idea de humanidad a lo largo de la historia: el dominio del fuego, que alteró la relación con el entorno; la agricultura, que convirtió al cazador nómada en agricultor; la invención de la rueda, que modificó la experiencia de la distancia y la aparición del reloj, que alteró la percepción del tiempo. Sin embargo, fue durante los siglos XIX y XX cuando estas transformaciones comenzaron a acelerarse. La Revolución Industrial convirtió el cuerpo en una referencia mecánica; el telégrafo y la radio separaron la voz de la presencia física; las prótesis desarrolladas tras las guerras alteraron la percepción del organismo e internet fragmentó la identidad en perfiles y avatares digitales. Los ejemplos son tan numerosos como los cambios que provocaron.

Courtesy New Museum. Photo: Dario Lasagni
Junto a cada innovación, las sociedades de cada época imaginaron futuros construidos a partir de las circunstancias de su presente. Por eso, es posible acercarse a cada generación estudiando esas proyecciones mediante los materiales culturales de su tiempo. Por ejemplo, los futuristas de 1910 configuraron un mundo supeditado a las fábricas y a los automóviles. Los artistas de los años cincuenta lo hicieron influenciados por la irrupción de la energía nuclear, que tras Hiroshima y Nagasaki provocó que muchos comenzaran a representar mutaciones, monstruos y modificaciones corporales, convirtiendo la ciencia en una amenaza.

Courtesy New Museum. Photo: Dario Lasagni
De futuros y recuerdos en el New Museum
Esas anticipaciones ficticias terminaron funcionando como recuerdos del tiempo que las produjo, revelando los deseos, miedos y obsesiones de cada momento histórico. Algo que encaja en New Humans: Memories of the Future con la presencia simultánea de figuras históricas, como Salvador Dalí, Hannah Höch junto a nombres contemporáneas como Camille Henrot o Wangechi Mutu. Todos ellos han imaginado horizontes diferentes mientras, en sordina, retrataban en realidad el tiempo que les tocó vivir. Y todo ello articula esta mastodóntica muestra comisariada por Massimiliano Gioni junto a Gary Carrion-Murayari, Vivian Crockett y Madeline Weisburg.

Courtesy New Museum. Photo: Dario Lasagni
La exposición opera como un gabinete de curiosidades donde, además de pinturas, esculturas, fragmentos cinematográficos e instalaciones, el espectador encontrará máquinas obsoletas, robots, prótesis médicas, archivos científicos y proyectos arquitectónicos visionarios. Una mezcla que traza una arqueología visual de las diferentes manifestaciones que la humanidad ha elaborado de sí misma. Un atlas desbordante que enfrenta etapas, disciplinas y autores.

Courtesy New Museum. Photo: Dario Lasagni
New Humans: variaciones sobre lo humano
Compuesta por 700 obras de cerca de 150 creadores y mostrada en la ampliación del New Museum diseñada por OMA bajo la dirección de Shohei Shigematsu, New Humans: Memories of the Future abarca, a lo largo de varias plantas —y 140 años aproximadamente—, piezas, objetos y documentos que van desde los albores de la modernidad tech hasta la inteligencia artificial contemporánea. La exhibición pone en relación un amplio ecosistema de artistas, científicos, arquitectos, cineastas y escritores de varias épocas, procedencia y visiones. Un cruce interdisciplinario en el que las transformaciones culturales analizadas recorren más de un siglo de historia.

Courtesy New Museum. Photo: Dario Lasagni
Un trayecto que rastrea las distintas maneras en que la idea de lo humano se ha configurado durante este período. Así ocurre con las siluetas estilizadas de Giacometti, que condensan la fragilidad de una humanidad marcada por las grandes catástrofes del siglo XX, o con los cuerpos fragmentados y psicológicamente tensionados de Bacon. En el trabajo de Pierre Huyghe —posiblemente uno de los artistas más alineados con la tesis de la muestra— se fusionan organismos biológicos y sistemas artificiales híbridos que desdibujan la frontera entre naturaleza y tecnología. En New Humans podemos ver Human Mask (2014): su célebre e inquietante vídeo sobre el comportamiento, la representación y la condición humana, protagonizada por un mono enmascarado que actúa en un restaurante abandonado tras una catástrofe.

Courtesy New Museum. Photo: Dario Lasagni
Próximo a él se encuentra la instalación de Anicka Yi, que emplea bacterias, la IA y entes biológicos sintéticos. Sobre las salas flotan sus criaturas —los conocidos Aerobes, organismos translúcidos inspirados en hongos, medusas y sistemas, que ya se mostraron en la Turbine Hall de la Tate Modern en 2021—. Los Aerobes parecen anticipar formas de vida todavía difíciles de clasificar. Suspendidas sobre el público, sugieren un escenario venidero donde las barreras entre biología y tecnología son difusas.

En su conjunto, New Human —a veces laberíntica y de una amplitud enciclopédica— dibuja la imagen de un ser humano que ha pasado de la delicadeza existencial del siglo XX a seres ambiguos, conectados y parcialmente artificiales, surgidas ya en pleno siglo XXI. Las imágenes del porvenir que reúne hablan menos del mañana que de los momentos que las produjeron. Es precisamente esto lo que empuja al visitante, tras abandonar la muestra, a replantearse la pregunta matriz: ¿seguimos siendo lo mismo o nos estamos convirtiendo en otra cosa? O, quizá, ¿cuántas veces hemos cambiado ya sin advertirlo?

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