Una intervención mínima en el puerto de Camogli que reconfigura el muelle como infraestructura cívica, donde mobiliario, luz y topografía articulan la convivencia entre la vida portuaria y el uso público del frente marítimo.
El proyecto reconfigura un tramo del puerto de Camogli, en el lado oriental del Golfo Paradiso, en Liguria, Italia. Por encargo del Ayuntamiento de Camogli, gosplan architects (www.gosplan.it) ha rediseñado aproximadamente 350 metros cuadrados de muelle a lo largo de Via Scalo al Porto: el suelo, el mobiliario y la iluminación de una franja portuaria donde conviven el amarre de los pescadores, el tránsito de turistas y la vida cotidiana de los habitantes.

El proyecto redefine la geometría del espacio público y su relación con el agua, y de esa configuración se deriva cada elemento: el pavimento en losas de arenisca Colombino y rissëu —el tradicional mosaico ligur de guijarros que recubre atrios y pequeñas plazas—, los asientos en acero galvanizado pintado de blanco y madera laminada de iroko, así como la valla y el disco veleta en iroko y latón. Desde el diseño general del muelle hasta el mobiliario más pequeño, todo es obra del estudio.


El proyecto se articula como una secuencia de asientos discontinuos. Plataformas largas y bajas sobre estructura blanca se distribuyen a intervalos a lo largo del muelle, interrumpidas por los postes de los pescadores. De cada una emergen respaldos de iroko que giran: permiten sentarse mirando al mar abierto o al pueblo, tumbarse al sol o, como hacen los pescadores, utilizarlas como superficie de trabajo para remendar redes. El mismo banco acoge al turista que contempla la iglesia y al vecino que abre el periódico al atardecer, sin imponer ninguna postura predeterminada. Por la noche, una línea de luz recorre la parte inferior de la estructura y la convierte en una linterna baja sobre el muelle.
Los bancos se disponen entre los postes de madera oscura que los pescadores utilizan desde siempre para secar y reparar las redes, así como para colgar defensas, cabos y boyas: infraestructuras preexistentes que se mantienen en su lugar y con las que el nuevo mobiliario establece una relación funcional. En este diálogo, el proyecto reinterpreta en clave pública y cotidiana una actividad aún viva, vinculada a la pesca, y pone en escena la convivencia entre el puerto de trabajo y el puerto contemplado.

En uno de los extremos de la intervención, donde el muelle se abre hacia el agua, una pantalla de listones de iroko de alturas variables protege el borde con un gesto ligero y, al mismo tiempo, actúa como señal del lugar. La corona un disco de latón —la veleta— sobre un mástil blanco, que capta el viento y gira: un pequeño sol durante el día, una luna por la noche, en la cabeza del muelle. Bajo los pies, las losas de arenisca y el rissëu de guijarros articulan la continuidad entre lo nuevo y la memoria del muelle, en una continuidad más material que estilística.

En un lugar que es a la vez puerto de trabajo e imagen turística, gosplan evita elegir entre ambas naturalezas. La intención más clara del proyecto es mantener juntas esas dos dimensiones: los postes, redes y boyas de los pescadores permanecen, y el nuevo sistema de asientos se apropia de ellos, reinterpretando la costumbre —el gesto cotidiano de quien acude al muelle a trabajar, leer o mirar— como materia de proyecto. Los materiales, colores y técnicas pertenecen a la historia del lugar —la arenisca, el rissëu, la madera, el latón— y se reinterpretaban en un lenguaje sobrio y contemporáneo, coherente con la práctica del estudio: arraigarse en el contexto sin recurrir al gesto icónico. El resultado es una infraestructura cívica mínima que conserva el carácter productivo del muelle y, al mismo tiempo, devuelve una de las vistas más bellas del corazón del pueblo marinero.
- Estudio
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