La historia del diseño se ha ido escribiendo a través de grandes piezas: edificios, muebles o luminarias que condensasen el aire de una época concreta. Sin embargo, hay otra genealogía más discreta formada por objetos que apenas acompañan de manera sutil nuestra vida cotidiana y MODELEC lleva medio siglo trabajando en ese territorio.
MODELEC: una historia del detalle

Buena parte de nuestra relación física con la arquitectura sucede a través de acciones mínimas: abrimos una puerta, pulsamos un interruptor, regulamos una luz, tocamos una superficie metálica sin detenernos a pensar en quién la diseñó o por qué produce una determinada sensación bajo los dedos. Pero la celebración del cincuenta aniversario de MODELEC permite detenerse en ese tipo de cuestiones. Fundada en Francia en 1976, la firma ha dedicado cinco décadas a desarrollar mecanismos eléctricos entendidos como objetos funcionales capaces de participar en la construcción de una atmósfera doméstica.


Su trayectoria coincide con una transformación profunda de la arquitectura interior, ya que, durante buena parte del siglo XX, interruptores y enchufes fueron considerados componentes estrictamente técnicos cuya misión consistía en desaparecer. No obstante, MODELEC eligió otro camino y apostó por convertirlos en elementos integrados, trabajando con materiales como el latón, el aluminio, el acero o la madera antes de que la personalización se convirtiera en una exigencia habitual del mercado. Una decisión con la que planteaban una pregunta relevante: ¿por qué los objetos que tocamos cada día deben renunciar a la belleza?
La materia como memoria
La manera en que MODELEC ha erigido su identidad tras medio siglo denota una sensibilidad profundamente francesa; tanto por el lugar donde fabrica sus piezas como por la importancia concedida al oficio, a la materia y a la durabilidad de estas. Mientras buena parte de la producción industrial se desplaza hacia modelos globalizados, la compañía ha mantenido una manufactura íntegra en Francia y una atención artesanal hacia los acabados de sus productos. Un enfoque que no aboga por la resistencia romántica frente a la tecnología, sino que considerar la innovación y el trabajo manual como parte de una misma perspectiva.

Al mismo tiempo que los aparatos tecnológicos tienden a desaparecer tras superficies neutras e intercambiables, las colecciones de MODELEC reivindican el valor táctil del metal, el peso visual de los acabados y la capacidad de los materiales para construir atmósferas duraderas. Esa filosofía se reconoce en colecciones como M, concebida por Valérie Mazerat a partir del propio carácter de los componentes, con latón, acero y aluminio tratados desde una sensibilidad que mira a los años sesenta sin caer en el decorativismo. También en Confidence, con frentes de latón macizo y chaflanes biselados; o en Iris by MODELEC, cuya línea Iris Horizon lleva la imaginación técnica hacia un territorio casi cósmico, inspirado en el Voyager Golden Record lanzado al espacio en 1977.


Resulta significativo que, en plena era digital, una empresa dedicada a la conectividad quiera recordar el valor de aquello que todavía se concibe con tiempo y experiencia acumulada. Es por ello que sus series encuentran un lugar natural en proyectos donde la arquitectura, como defendía Mies Van der Rohe, atiende los detalles. Cinco décadas después de su fundación, MODELEC continúa desarrollando soluciones vinculadas a la domótica, la sostenibilidad y las nuevas formas de habitar los ambientes, manteniendo inalterable el núcleo de su identidad. La tecnología cambia, los materiales evolucionan, las necesidades se transforman y lo que permanece es la convicción de que incluso la acción más cotidiana merece ser pensada con cuidado. Porque la arquitectura comienza mucho antes de levantar un edificio; a veces, lo hace en el instante exacto en que una mano busca la luz.
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