En la reserva de Al Bridi, en Sharjah, Urko Sánchez Architects ha levantado una insólita familia de pabellones inspirados en arquitecturas vernáculas africanas. Madera, tierra y enormes cubiertas de paja erigen un paisaje animista destinado a la investigación y divulgación de los ecosistemas de un continente que el arquitecto conoce bien.
Un bestiario de criaturas africanas
Hay algo animal en la arquitectura de Sharjah Bridi Park. Unas criaturas de lomos erizados parecen haberse detenido entre la vegetación; otras hunden sus cuerpos en la tierra mientras despliegan grandes alas de paja para protegerse del sol. Cuesta decidir dónde termina el edificio y donde comienza el ser imaginario. Urko Sánchez Architects ha explotado deliberadamente esa ambigüedad con cubiertas que se alargan, se curvan y descienden hasta alterar la escala de unos pabellones que, vistos desde cierta distancia, parecen originar una pequeña manada. El estudio, con sedes en Nairobi y Madrid, traslada a Emiratos Árabes parte del conocimiento acumulado durante décadas de trabajo en África para construir los equipamientos públicos y de servicio de una reserva dedicada a la exploración, educación y conocimiento de sus ecosistemas.
No obstante, esta extrañeza formal posee raíces muy antiguas. Mucho antes de convertirse en imagen arquitectónica, la cubierta vegetal fue una tecnología climática extendida por distintas regiones africanas. Hablar de una única tradición sería absurdo en un continente atravesado por innumerables culturas constructivas, pero existen genealogías donde armazón, cerramiento y techo constituyen prácticamente un mismo cuerpo. Las iQukwane zulúes, por ejemplo, doblan postes de madera sobre una planta circular y los cubren con hierbas entretejidas; las viviendas Dorze de Etiopía levantan altísimas estructuras tejidas que se modifican con el paso de los años y las matjieshuis Nama recurren a ramas y esteras desmontables para acompañar una vida históricamente nómada.

Sánchez no reproduce ninguna de esas tipologías, pero sí las utiliza como depósito de inteligencia para ensayar otra arquitectura a miles de kilómetros de distancia que también responde directamente al clima. El encargo ocupa 20 000 m² dentro de Al Bridi Reserve y comprende pabellones de entrada, taquillas, áreas comerciales, instalaciones auxiliares y un campamento educativo. En vez de reunir el programa en una construcción dominante, lo dispersa mediante volúmenes bajos conectados por senderos, patios y zonas de sombra. El visitante avanza así entre follies que cambian de silueta y función, pero mantienen un parentesco reconocible. Y el empleo de la paja es responsable de buena parte de esa unidad.

Paja, madera y clima en Emiratos Árabes
Para desarrollar el proyecto, el estudio investigó cómo adaptar los sistemas tradicionales de techado al clima de Sharjah y aprovechó su ligereza para cubrir grandes superficies mediante aleros profundos. En estos casos, la cubierta no ejerce simplemente como un sombrero colocado sobre el edificio: prolonga visualmente el esqueleto de madera y genera con él un único sistema. Debajo, la estructura queda expuesta; los pilares y vigas ordenan los recintos mientras los gruesos mantos vegetales filtran el sol y arrojan sombra. Asimismo, los muros de tierra terminan de anclar las edificaciones al terreno.

Esa lógica material explica también las formas aparentemente caprichosas. La maleabilidad de la paja permite que unos tejados terminen en picos, otros se abomben y algunos extiendan sus extremos hasta casi rozar el suelo. La intervención adquiere carácter sin acudir a una iconografía africana literal. Su vínculo con el continente reside en algo bastante más profundo: aprender de planteamientos constructivos perfeccionados durante generaciones y comprobar qué pueden aportar frente a unas condiciones ambientales distintas.

En una región acostumbrada a hacer del control climático una demostración tecnológica, Urko Sánchez ha vuelto la mirada hacia componentes elementales y conocimientos anteriores a la climatización mecánica. La paradoja resulta especialmente interesante al dar lugar a un parque que estudia ecosistemas africanos, transformando la propia arquitectura en parte del aprendizaje. Bajo aquellas enormes pieles de paja, las extrañas criaturas del desierto terminan revelando su verdadera naturaleza. No son animales ni esculturas —aunque durante un instante lo parezcan—; son refugios que recuerdan cómo antes de construir contra el clima, la arquitectura aprendió a convivir con él.

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¿Por qué Urko Sánchez Architects es un referente en la arquitectura vinculada a África?
Urko Sánchez es un galardonado arquitecto español que lleva más de dos décadas afincado en Kenia. Su estudio se ha consolidado como un referente internacional gracias a su profundo respeto por el contexto cultural y medioambiental del continente africano. Su obra se caracteriza por reinterpretar las tipologías tradicionales, integrando técnicas vernáculas con soluciones de diseño contemporáneo, lo que le ha valido premios como el Aga Khan de Arquitectura y lo convierte en el autor idóneo para diseñar el Sharjah Bridi Park.
¿Qué ventajas climáticas ofrece la arquitectura vernácula (tierra y paja) en un entorno desértico?
Construir con tierra apisonada, madera y gruesas cubiertas de paja no responde solo a un criterio estético o simbólico, sino a la más pura eficiencia pasiva. En climas extremos como el desierto de los Emiratos Árabes, la tierra proporciona una inmensa masa térmica que absorbe el calor durante el día y lo libera por la noche. Combinada con las cubiertas de paja que actúan como aislante natural y paraguas frente al sol directo, esta arquitectura reduce drásticamente la necesidad de climatización artificial, logrando una huella de carbono mínima.











