El textil lleva siglos negociando con la luz, filtrándola, ocultándola y corrigiendo sus excesos. Faro Barcelona ha recuperado esa vieja alianza para llevarla al exterior con Muna: una portátil diseñada por Carrasquet que convierte la tela en difusor, envolvente y argumento para iluminar terrazas, jardines y porches de otra manera.
Muna: una historia entre la tela y el resplandor
Antes de que la tecnología nos permitiera regular la intensidad de una luminaria con un dedo, hubo que inventar maneras bastante más físicas de domesticar el fulgor. Pantallas de seda, pergamino, papel o tejido se interpusieron entre la fuente y nuestros ojos para cumplir una misión elemental: conseguir que la luz perdiera crudeza y se distribuyera de una manera más amable. El diseño entendió pronto que, en iluminación, tan importante como aquello que brilla es todo lo que colocamos delante, y la historia moderna ofrece buenos ejemplos.

Isamu Noguchi encontró en el papel washi la materia con la que desarrollar desde 1951 sus célebres esculturas Akari, elaboradas artesanalmente a partir de una tradición japonesa previa. George Nelson, fascinado por unas lámparas suecas recubiertas de seda que resultaban demasiado caras, ideó en 1952 sus Bubble Lamps recurriendo a un polímero translúcido pulverizado sobre una estructura metálica. Distintos procedimientos para abordar un mismo problema: tamizar el foco y transformar la propagación de la luz.


Diseñada por Carrasquet para Faro Barcelona, Muna ahonda en esta visión y envuelve su difusor opal con una funda de tela resistente al exterior, extraíble y lavable a máquina. Un tejido que, en este caso, adquiere una responsabilidad técnica y visual: modifica la presencia del objeto durante el día y matiza su su brillo cuando anochece. Asimismo, su volumen —ligeramente cónico y redondeado en los extremos— rehúye la apariencia tecnológica habitual de cierta iluminación outdoor, gracias a la envolvente que viste la superficie como una prenda ajustada y que introduce bloques cromáticos que alteran el carácter de la pieza. Al encenderse, la trama interviene sobre el resplandor, desdibuja su origen y rebaja la dureza del punto luminoso.
Faro Barcelona lleva el interior fuera de casa

Muna también permite entender la dirección que Faro Barcelona ha tomado como empresa. Con una historia que se remonta a mediados de los años cuarenta y al posterior nacimiento de LOREFAR en 1951, la firma defiende una idea de diseño «honesto, cercano y accesible», vinculada al bienestar de quienes utilizan sus productos. Ese planteamiento halla en la propuesta una traducción literal basada en la sencillez, en una función comprensible y en el empleo de un material inesperado colocado exactamente donde puede cambiar nuestra relación con la pieza. Y es que trasladar códigos del interior a una terraza no consiste en fabricar versiones impermeables de todo cuanto tenemos en el salón, ya que el exterior plantea otras condiciones y una oscuridad distinta.


Muna responde a estas cuestiones con protección IP54, un asa integrada para desplazarla y un cable de cinco metros que amplía su radio de acción. El gran acierto de Carrasquet reside en recuperar una herramienta histórica de la iluminación —interponer una elemento entre el ojo y la fuente— para adaptarla a un escenario donde el textil todavía resulta poco habitual. Muna viste la luz, pero la tela nunca es completamente inocente: protege, modifica la silueta y condiciona la manera en que miramos aquello que cubre. Quizá por eso, al caer la noche, esta pequeña lámpara de Faro demuestra que hasta el fulgor necesita elegir bien qué ponerse.
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