Treinta años después de su última gran exhibición en Berlín, la pionera de la performance regresa con una propuesta en la que el cuerpo cataliza fuerzas sociales, históricas y míticas. Hasta el 30 de agosto, el Gropius Bau acoge Balkan Erotic Epic. The Exhibition, la muestra con la que Marina Abramović celebra su inminente ochentena con una pirueta conceptual impecable que huele a tierra mojada, ritual pagano y revancha simbólica.
La sensualidad en el duelo de Marina Abramović
Si el erotismo aparece como un sistema de circulación energética que engarza rituales, políticas y memorias del sudeste europeo, la energía sexual es el motor que mueve la exposición. Esa energía impregna, además, la resistencia política, los ciclos ecológicos y la muerte. La artista serbia revisita sus obsesiones de medio siglo con la única herramienta que nunca le ha fallado: el cuerpo. El proyecto descansa sobre una premisa cristalina: toda la energía que albergamos es sexual; reprimirla engendra guerras y canalizarla, creación.

Abramović ilustra esta tesis en la inmensa pantalla del atrio en la que se puede ver Tito’s Funeral. Aquella masiva manifestación de dolor yugoslavo de 1980 por la muerte de su líder político queda liberada de su rigidez histórica para fundirse con los lamentos rítmicos de plañideras a sueldo. Al compás de un duelo colectivo, el golpeteo del pecho de estas mujeres vestidas de negro transforma la angustia civil en trance y el trance en tensión erótica. Abramović no escenifica aquí el sexo como espectáculo, sino como fuerza primaria que surca lo político y lo funerario.

Pocos metros más allá, Kafana recrea la taberna yugoslava bajo el retrato del mariscal Tito, ese espacio de escape que sirvió de descompresión social durante el socialismo. En las diez salas siguientes, la performer reconecta la antropología balcánica con la contemporaneidad artística y recupera una cosmología en la que los órganos reproductores ocupan un lugar principal, mucho antes de que la mirada occidental los encerrase en el cajón de la pornografía o el tabú esterilizado.

Rito, ironía y reescritura del folclore en el Gropius Bau
Donde la crítica tradicional esperaría la autoexposición dolorista, el misticismo victimista o la reiteración de una estética del sufrimiento que Abramović ha explotado hasta el desgaste, la creadora serbia introduce una agradecida dosis de sarcasmo. Magic Potions desmantela el paternalismo europeo mediante un intérprete disfrazado de científico que expone, en mitad de un bosque de hongos fálicos, diversos ritos agrarios de fertilidad. Hombres penetrando la tierra para asegurar la cosecha y mujeres exhibiendo sus vulvas para detener la lluvia pasan por el tamiz de la parodia etnográfica. Abramović subvierte el cliché folclórico del balcánico salvaje, devolviendo al cuerpo su sabiduría ecológica frente a la rigidez de la ciencia empírica. Se burla además de la mirada occidental que durante siglos redujo los Balcanes a la alteridad exótica. Pero lo hace sin renunciar a la potencia de esos saberes corporales, en los que el conocimiento no pasa por el cerebro, sino por la pelvis.

Ese giro irónico también permite redescubrir las dimensiones humorísticas de una artista a la que el relato dominante tiende a asociar casi exclusivamente con el dolor y la severidad. La coexistencia de piezas recientes con hitos históricos de su trayectoria evidencia una madurez que rechaza el estancamiento. La performance Nude with Skeleton (2002/2026) también refuerza la tesis central: una persona desnuda se acopla bocarriba con los huesos inertes de un esqueleto bocabajo, resaltando la proximidad física entre vida y muerte. En otro ambiente, a ambos lados de una gran pantalla, vemos parterres sembrados de tumbas, como si el ambiente expositivo hubiera sido reorganizado en un paisaje ritual. Integrado en el eje Eroticism and Death, el vídeo enseña cuerpos y esqueletos en una orgía funeraria que expande el imaginario de la performance anterior.

El trauma bélico eludido
En la otra ala del museo, el recorrido se adentra en los primeros trabajos de Abramović en los que su presencia físicasirve de campo de experimentación política. En Rhythm 5 (1974), reconstruida mediante una serie de grandes fotografías y la reproducción de una estrella de leña en el suelo, Abramović se introduce en la geometría de un símbolo ideológico que arde. La estrella de cinco puntas, emblema socialista yugoslavo, termina convertida en una trampa en llamas de la que tiene que ser rescatada.

En la estancia contigua, Lips of Thomas (1975/2005) prolonga esa misma lógica desde otra dirección. Fotografías, vídeo y material escénico recomponen una acción en la que la corporeidad se somete a una serie de pruebas de resistencia y exposición: ingestión de miel y vino, autolesión en forma de estrella por medio de una cuchilla, inmovilidad ampliada bajo una cruz de hielo. La iconografía vuelve a cerrarse sobre sí misma, y la estrella comunista reaparece como un modo de organizar el dolor.

Si bien la exposición cubre una genealogía del cuerpo balcánico que enlaza rituales premodernos, imaginarios socialistas y cosmologías de la fertilidad, salta a la vista que elude situar las guerras de los años noventa como parte de esa transición histórica hacia el presente. En efecto, se concentra en la energía sexual como fuerza de creación, pero silencia deliberadamente su reverso ligado a la represión, la violencia y la destrucción. Con todo, Balkan Erotic Epic no concluye en el Gropius Bau. Este es solo el primer capítulo de una propuesta que culminará en octubre con Balkan Erotic Epic. The Stage Version en la Haus der Berliner Festspiele, una producción de tres horas de duración que ya pasó por el Liceo de Barcelona en enero de 2026.

Esa expansión escénica resulta coherente con una artista que lleva décadas estirando los mismos núcleos temáticos bajo formas distintas y sorteando el parque temático de la provocación. Vida y muerte, erotismo y duelo, individual y ritual comunitario. Los binomios de Abramović llevan tanto tiempo circulando que ya han perdido su capacidad de escandalizar. Lo perturbador, varias décadas después, sigue siendo su vigencia.

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