En Quito, Foresta II condensa el viaje de ida y vuelta de Felipe Escudero: aprendizaje global, raíz andina y experimentación material. El restaurante convierte la roca volcánica, la cocina precolombina y un techo metálico de vocación escultórica en una escena poderosa, donde lo ancestral y lo contemporáneo comparten la misma mesa.
El regreso de Felipe Escudero
La arquitectura hispanoamericana está viviendo una evolución sin precedentes y goza de una buena salud debido, entre otras razones, al buen nivel de enseñanza universitaria de la profesión. Actualmente, y gracias a la expansión de la construcción en la región, muchos de quienes emigraron para prepararse profesionalmente en Europa y Asia han encontrado la posibilidad de retorno a sus países de origen.

Este es el caso del ecuatoriano-brasileño Felipe Escudero que, tras formarse con el artista londinense Thomas Heatherwick y con el proyectista Ma Yansong —alumno aventajado de Zaha Hadid—, se ha establecido en Quito (Ecuador). La capital, que se vislumbra como un crisol de culturas, tiene sobre el tablero proyectos recientes y en desarrollo firmados por Bjarke Ingels, Kengo Kuma, MVRDV y el propio Ma Yansong. En este nuevo paradigma, Escudero ha demostrado su maestría glocal en uno de sus últimos diseños: el restaurante Foresta II, que es todo un resumen de ida y vuelta.

Este regreso ha originado un nuevo modelo de producción. La arquitectura esencial de piedra, barro y madera ahora se conjuga con elementos de un fuerte carácter gestual. En Foresta II esa ligazón es muy atractiva, ya que es un establecimiento nacido del diálogo entre la memoria ancestral y la experimentación contemporánea. Hablamos de un lugar de culto a la gastronomía precolombina de los Andes, donde la principal herramienta para cocinar era la roca volcánica. Escudero reinterpreta esta tradición con un lenguaje plástico que se apoya en la tecnología paramétrica para algunos muebles y, por supuesto, para el techo metálico, que funciona como una escultura.


El templo gastronómico de Foresta II
El corazón de Foresta II está constituido por una serie de islas monolíticas, talladas en un solo bloque de roca volcánica, que sirven de show-kitchen donde los chefs trabajan frente a los comensales en una atmósfera austera y poderosa. La composición material se confía al hormigón y a la piedra; los componentes de acero inoxidable aportan un tono industrial, y el mobiliario tapizado en terciopelo negro atempera el impacto mineral del espacio.


Foresta II quiere ser una metáfora de los templos incas, que se colocaban en una meseta en cotas elevadas para estar más cerca de los dioses. La única manera de aproximar un restaurante a pie de calle al cielo místico es recreando un techo sinuoso de níquel: una superficie reflectante que parece manar como un firmamento fluido y que guarda similitud con las nubes líquidas del escultor español Íñigo Manglano-Ovalle.

En este ambiente de gran belleza, lo rústico y lo sofisticado se sientan en la misma mesa, al igual que la trayectoria profesional de Felipe Escudero, donde tradición y rabiosa modernidad están condenadas a entenderse. |

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¿Quién diseñó el restaurante Foresta II y dónde se encuentra?
Foresta II está ubicado en Quito, Ecuador, y es una obra del reconocido arquitecto Felipe Escudero (Estudio Felipe Escudero), quien fusiona en este espacio su aprendizaje global con sus raíces andinas.
¿Qué materiales destacan en el diseño interior de Foresta II?
El diseño destaca por el uso de materiales de gran fuerza telúrica y contemporánea, principalmente la roca volcánica y un imponente techo metálico de carácter escultórico que preside el salón principal.







