En el stand de S•CAB en el Salone del Mobile.Milano 2026, el estudio Calvi Brambilla and Partners proyectó una escenografía fluida y acuática para presentar las nuevas colecciones de la firma. Una imagen completamente diferente de la escenografía industrial con la que sorprendió el año pasado. Nos sentamos en una de las pequeñas salas envolventes del lugar para hablar con Paolo Brambilla, uno de los cofundadores del estudio, para que nos cuente más sobre el concepto de esta microarquitectura para S•CAB, la visión sostenible y el uso del diseño expositivo como campo de experimentación.
Las microarquitecturas expositivas de Calvi Brambilla
Fundado en 2006 por los arquitectos Fabio Calvi y Paolo Brambilla, el estudio milanés Calvi Brambilla ha construido una práctica difícil de encasillar, situada entre la arquitectura, el interiorismo, el diseño expositivo y el producto. Desde sus comienzos, su trabajo se ha movido con naturalidad entre viviendas privadas, oficinas, tiendas, instalaciones y muebles para firmas como Flos, Zanotta, Barovier & Toso, Molteni & C. o Varaschin. Una amplitud de acción que posiciona su manera de entender el diseño como un ejercicio de control escenográfico.

En su trayectoria conviven funcionalidad, sentido gráfico, ironía sutil y una atención casi teatral al modo en que la luz, el color y la escala transforman la percepción de quien interactúa con sus obras. Lejos de separar disciplinas, Calvi Brambilla opera en sus bordes, allí donde un stand puede comportarse como arquitectura efímera y una pieza de mobiliario adquirir la intensidad de un pequeño manifiesto doméstico.

ROOM Diseño. – Mirando atrás, ¿qué aspecto de vuestra práctica ha permanecido intacto y qué ha cambiado de forma más evidente?
Paolo Brambilla. – Tanto Fabio como yo estudiamos arquitectura y, al menos en mi caso, pensé que terminaría siendo un arquitecto en el sentido más estricto. Lo que ocurrió es que Milán nos ofrecía más oportunidades dentro del diseño industrial. De algún modo aprendimos ese mundo a través de la propia ciudad: las marcas, las tiendas, los eventos e incluso el propio Salone del Mobile. La curiosidad fue decisiva.
Ese paso hacia el diseño se dio de una forma bastante natural, pero siempre mantuvimos una impronta arquitectónica en nuestros proyectos expositivos. Nunca nos interesó demasiado que fuesen percibidos como mero decorado, sino como microarquitecturas. Creo que ese ha sido uno de nuestros rasgos distintivos y es algo que muchos clientes han apreciado. Lo que más ha cambiado en estos años tiene que ver con la sostenibilidad. No tanto como una cuestión formal, sino técnica al evitar soluciones que supongan un gasto excesivo de material o tengan una huella demasiado fuerte.


ROOM Diseño. – Cuando hablas de sostenibilidad, ¿te refieres también a los materiales o sobre todo a la manera de construir esas microarquitecturas?
Paolo Brambilla. – A ambas cosas, aunque muchas veces la clave está en los pequeños detalles. En primer lugar, utilizamos muchas piezas de alquiler, precisamente porque eso permite montar y desmontar con rapidez. También intentamos emplear la menor cantidad posible de adhesivos, porque cuando distintos materiales quedan demasiado unidos se hace mucho más difícil separarlos y reciclarlos correctamente. Por eso digo que no es solo una cuestión estética. La sostenibilidad, en nuestro caso, está muy ligada a la técnica, a la reversibilidad del montaje y a la posibilidad de reutilizar.

ROOM Diseño. – También habéis asumido roles de dirección artística y consultoría para distintas marcas. ¿Cómo ha influido esa posición más estratégica en vuestra manera de pensar el espacio?
Paolo Brambilla. – Nosotros empezamos diseñando exhibiciones, y si eres un buen diseñador de exposiciones debes entender que estás, en cierto modo, un poco detrás. No me interesan los ambientes que terminan imponiéndose al objeto y anulándolo. Un stand no debería ser más poderoso que el producto que presenta. Por eso siempre hemos seguido una idea más amplia de no pensar solo en un objeto aislado, sino en la visión general de la marca, en la manera en que quiere mostrarse y en la coherencia de una colección.
Con el tiempo aprendimos también a construir colecciones, no solo a exhibirlas. Y eso nos llevó a colaborar con distintas firmas como consultores, ayudándolas a desarrollar familias de productos. Que exista la silla adecuada para la mesa adecuada, que todos los elementos puedan convivir y erigir un sistema. Una marca no vive de piezas aisladas: necesita narrativa y continuidad. Antes el mercado era distinto. En los años setenta, ochenta o noventa podía bastar con un mueble exitoso, pero ahora ya no es suficiente con diseñar un icono. Es fundamental construir una propuesta articulada.

S-CAB: de la impronta industrial a la fluidez del agua
Para Paolo Brambilla, el punto de partida de sus encargos nace de la tensión entre la estructura espacial y la comunicación visual, prestando atención a las proporciones, la altura de los muros, la relación entre llenos y vacíos y la manera en que una persona percibe un volumen, incluso cuando no sabe explicar por qué se siente bien en él. “Si un espacio está bien resuelto el visitante lo intuye de inmediato”, afirma. Pero esa solidez arquitectónica debe convivir hoy con una dimensión comunicativa inevitable: el lugar ha de ser claro, legible, visualmente potente y capaz de servir también como imagen. Y así lo han querido reflejar en Slow Flow para S-CAB.

ROOM Diseño. – La colaboración con S-CAB se ha prolongado ya durante dos ediciones consecutivas. ¿Qué habéis encontrado en la identidad de la firma que os ha permitido desarrollar un discurso espacial continuado?
Paolo Brambilla. – El año pasado, de acuerdo con Luisa Battaglia, la directora creativa de la compañía, decidimos hacer algo abiertamente disruptivo. Queríamos salir del contexto habitual del Salone, donde compiten centenares de marcas al mismo tiempo. Por eso planteamos un espacio muy industrial, muy fuerte, casi agresivo en su manera de destacar. Este año el objetivo era distinto. Queríamos transmitir que S-CAB es una empresa sólida, fiable, con una evolución muy interesante, y que además está haciendo un trabajo muy serio en el diseño del producto en sí mismo. Por eso hemos desplazado el foco: más que insistir en la idea de colección, hemos querido subrayar la calidad y el detalle de las piezas.

Su disposición del espacio adquiere una condición casi museística, donde no se presentan únicamente como mobiliario de exterior, sino como pequeñas arquitecturas autónomas, con peso, presencia y una lectura cambiante según el punto de vista. Entre ellas se encuentra NOLO, la mesa de Simone Bonanni para S-CAB, concebida a partir de una base de hormigón que vuelve la solidez del material en un juego de vacíos. Bonanni explica que su intención fue “eliminar la columna central y dar sensación de ligereza a un objeto que, en realidad, es bastante pesado”, originando un hueco allí donde se esperaría el pilar estructural. Ese glitch entre vacío y materia, como él mismo lo define, hace de la mesa un mueble escultórico, capaz de generar sombras, variar su silueta y ordenar el entorno con su fuerza.

ROOM Diseño. – Entre el planteamiento de 2025, más industrial, y el actual Slow Flow, más orgánico y fluido, parece haber un desplazamiento claro. ¿Responde a una evolución de la marca, a una decisión vuestra o a una lectura del contexto?
Paolo Brambilla. – Es una combinación de las tres cosas. Hay marcas que prefieren construir una identidad muy estable, reconocible y continua, y otras que buscan transformarse radicalmente en cada edición. En el caso de S-CAB, en 2025 necesitábamos romper, salir del marco y hacer algo distinto. Este año, en cambio, el propósito era erigir un ambiente más acogedor y habitable. El cambio es fuerte, pero creo que a partir de ahora puede haber una continuidad mayor con esta línea. Además, S-CAB tiene una relación muy clara con el mundo outdoor, con la hostelería, los restaurantes y las terrazas. Lo que no queríamos era caer en un cliché o en una interpretación banal del jardín. El año pasado trabajamos con una idea de exterior algo artificial y casi urbana. Pero en esta ocasión quisimos desplazar la atención hacia el agua porque permite construir otra sensibilidad más suave y envolvente. Queríamos ofrecer una lectura menos ordinaria del exterior donde las piezas funcionan casi como flores en el agua: por el color o por su capacidad de atraer la mirada.

ROOM Diseño. – Si tuvierais que situar vuestro trabajo en relación con otras disciplinas —cine, teatro, artes visuales—, ¿dónde encontráis las afinidades más fértiles?
Paolo Brambilla. – Me alegra mucho que lo señales, porque especialmente Fabio es un gran apasionado del cine. Ambos miramos mucho cine, teatro y escenografía y son referencias muy importantes para nosotros. El diseño expositivo es un campo especialmente interesante para un arquitecto porque permite experimentar. Cuando proyectas un edificio, sabes que estás haciendo algo pensado para durar décadas, quizá más de un siglo. La responsabilidad y el enfoque son completamente distintos.
Pero cuando haces algo en unas semanas, lo construyes en pocos meses y luego desaparece, esa condición efímera te da una libertad enorme: puedes probar, arriesgar e incluso equivocarte. También por eso es un territorio tan estimulante. Nos divertimos mucho con este tipo de diseño porque nos permite usar materiales distintos, ensayar atmósferas nuevas y explorar lenguajes que quizá en la arquitectura permanente no serían posibles.
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¿Quién ha diseñado el stand de S-CAB en el Salone del Mobile 2026?
El stand ha sido diseñado por el estudio milanés Calvi Brambilla and Partners. Bajo el título ‘Slow Flow’, proyectaron una escenografía fluida y acuática que rompe con el lenguaje industrial de ediciones anteriores.
¿Cuál es el concepto detrás de la instalación ‘Slow Flow’?
Se trata de una microarquitectura envolvente que utiliza el diseño expositivo como campo de experimentación. El concepto busca reflejar una visión sostenible y sensorial, creando espacios fluidos para presentar las nuevas colecciones de mobiliario de S-CAB.






