Luxe Island Farm es una mezcla entre parque temático y granja escuela que completa un complejo turístico de la ciudad de Wuhan. El estudio Various Associates ha proyectado un lugar para celebraciones infantiles en el que la arquitectura, para transportarnos a un ambiente mágico, echa mano de recursos que no solo tienen que ver con el uso del espacio.
Luxe Islan Farm. Un parque de atracciones entre colinas bucólicas
La arquitectura seria —que durante todo el siglo XX ha presumido de mantenerse al margen del adorno— ha empezado a mirar con recelo la capacidad de emocionar que existe en los parques de atracciones o en los centros comerciales. Un debate donde el diseño y el atrezo compiten por llevar razón.

En la granja de Luxe Island los cervatillos y las cabras pastan entre los visitantes. Los animales forman parte de la imagen pintoresca de un lugar que está planteado para hacernos olvidar que estamos en una ciudad de más de 12 millones de habitantes. Una especie de casino al aire libre, donde lo único que importa es lo que ocurre dentro del recinto. El conjunto se emplaza en el pequeño valle que componen dos laderas, y los arquitectos de Various Associates han utilizado con inteligencia la topografía existente para añadir emoción al enclave.

La plaza abre un claro en una arboleda que se usa para enterrar las cuadras de los animales en la pendiente, como si de alguna manera salieran de sus guaridas. Una estrategia efectiva para generar una atmósfera pastoril en el entorno. El proyecto se completa con unas cabañas que se utilizan para organizar el espacio y alojar los servicios de restauración y las tiendas del parque. Extraños volúmenes cilíndricos que se cubren con estructuras de varios materiales y texturas. Una ensalada de estilos kitsch que se aglutina en una escena de una película entre Bambi y Los Picapiedra. ¿Está el exceso justificado en Disneyland?


El delito de los adornos
Robert Venturi explica en el libro Aprendiendo de Las Vegas que el purismo de la arquitectura moderna —la del siglo XX— es una reacción al eclecticismo del siglo XIX. El funcionalismo de esa etapa caducó, pero la profesión todavía guarda cierta herencia en el rechazo al adorno. Los arquitectos vuelven a querer que sus edificios transmitan tranquilidad, concentración, expectación o alegría, como ocurre en los espacios de ocio, como los centros comerciales y los parques temáticos, desde que nacieron.

Merece la pena mirar propuestas como Luxe Island para aprender —igual que hizo Venturi de Las Vegas— cómo el ornamento o, en este caso, la tematización es capaz de romper la distancia entre el público y la construcción. Luxe Island Farm fantasea de más con el glutamato arquitectónico, pero se puede poner en valor el trabajo de integración paisajística ente las colinas. Al final, es difícil odiar los parques de atracciones.

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A las afueras de la ciudad de Wuhan dentro de un complejo turístico que busca mezclar arte, naturaleza y turismo cultural.
Los arquitectos han querido integrar una plaza arbolada en un paisaje de colinas y han distribuido el programa del parque en pequeñas cabañas repartidas por el espacio.







