Marije Vogelzang eating designer

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Marije Vogelzang. Food Design y performance gastronómica

“Hacer de lo familiar algo extraño” es una de esas frases comodín en el mundo del arte y del diseño, pero que nos vienen excepcionalmente bien para hablar del trabajo de Marije Vogelzang. Vogelzang es una diseñadora holandesa que abrió camino en el campo del food design. Durante sus años de estudiante en la escuela de Eindhoven no terminaba de encontrar su camino como diseñadora de producto, hasta que decidió que la comida era el medio perfecto para experimentar y transmitir sus ideas.

Sharing Dinner Marije Vogelzang. Food Design y performance gastronómica
Sharing Dinner

En 2014, exactamente 14 años después de su graduación, Marije se convirtió en la directora del primer departamento de Food-Design del mundo en su propia facultad. Pionera con su enfoque del diseño aplicado a la comida y todo lo que rodea al acto de comer, sus proyectos ilustran muy bien los aspectos de este ritual diario. Su trabajo siempre tiene una pátina optimista que lo hace lúdico y didáctico para ayudarnos a entender bien todas las dimensiones que componen este acto cotidiano. Los más afortunados comemos entre tres y cinco veces al día desde que nacemos hasta que nos morimos. ¿Hay algo más familiar y cotidiano? ¿Cómo llamar a la reflexión sobre algo tan frecuente?

Sharing Dinner Marije Vogelzang. Food Design y performance gastronómica
Sharing Dinner

Pensemos en todos factores que intervienen e influyen en la experiencia de comer: sabores, temperaturas, texturas, olores, presentación, utensilios, entorno, etiqueta, compañía, momento en el que comemos (hora del día, día de la semana, mes del año), evento que celebramos… Para centrar a atención sobre uno de estos elementos hay que romper el equilibrio. Al eliminar o cambiar drásticamente uno o varios de ellos, eliminamos también la rutina y nos encontramos ante un nuevo ritual.

Sharing Dinner Marije Vogelzang. Food Design y performance gastronómica
Sharing Dinner

Marije Vogelzang se define como eating designer. Con esto quiere enfatizar su interés en el proceso de comer y en el recurso del que hablábamos en el párrafo anterior (romper el equilibrio). Lo que vemos en su proyecto Distance Lunch, donde Marije “rediseña” la cubertería. Nuestra anfitriona nos da unos cubiertos de casi 30 cm de longitud, con los que al comer, somos conscientes de que no sólo estamos más lejos de la comida: alteramos nuestros movimientos para adaptarnos a esta nueva situación; también cambia nuestra postura y nuestro lenguaje corporal. La experiencia de comer deja de ser mecánica. Algo parecido a la primera vez que comemos con palillos orientales, pero esta vez con herramientas totalmente familiares. Esta distancia que nos aporta lo nuevo nos permite observar desde fuera y cuestionar eso en lo que nunca antes habíamos reparado. Marije es una verdadera experta en llevarnos de la mano hasta ese punto. Y dejarnos ahí.

Eating on the Bea. Marije Vogelzang
Eating on the Bea

Siguiendo la misma estrategia, Sharing Dinner surgió de la petición de organizar una cena de Navidad. Un evento gastronómico cargado y recargado de ritual, decoración y lugares comunes, cuyo encargo que no entusiasmó a Vogelzang en un primer momento. Pero ¿qué es la Navidad? Reunirse y compartir fueron los conceptos elegidos por Marije para condensar el significado de estas fiestas. A partir de aquí, y para este encargo, concibió un mantel que ejercía también de cortina. En lugar de caer a ambos extremos de la mesa, sus bordes se elevaban hacia el techo formando una caja de tela en la que los comensales sólo podían introducir sus cabezas y brazos para participar, unidos al tejido. El peculiar mantel ocultaba el cuerpo de los invitados a la cena, de manera que la indumentaria dejaba de ser un elemento identificador. “Así son todos iguales”, explica la autora. “Ni prejuicios ni jerarquías”. Con este mantel-cortina cualquier movimiento brusco alteraba la superficie en la que se apoyaban platos y vasos, así como al resto de personas sentadas a la mesa. La cena se convertía así en un baile, en el sentido en el que los movimientos de cada comensal dependían de los movimientos y acciones del resto de invitados para que todo saliera bien.

Eating on the Bea. Marije Vogelzang
Eating on the Bea

Pero no acaba aquí la propuesta de Vogelzang. Los asistentes, desconocidos entre ellos, no encuentraban ningún plato completo. Incluso las piezas de la vajilla estaban partidas en dos: cada persona recibía una parte, viéndose todos obligados a interactuar y participar de forma activa con el resto de invitados para completar los platos del menú y poder disfrutar de la cena entre todos. Un paso más allá del “Mamá, ¿me pasas los langostinos?” al que estamos acostumbrados en Nochebuena. Con Sharing Dinner la sensación final era la de haber compartido mucho más que comida.

Veggie bling bling. Marije Vogelzang
Veggie Bling Bling

Otro ejemplo genial de experiencia compartida es Eating on the Bea. Esta vez Vogelzang trabajó con el ritmo y las mezclas de sabores. En esta performance cada alimento funcionaba como una nota musical que había que ingerir cuando esta sonaba. Esta acción creaba una sinfonía de sabores en las bocas de los participantes mientras que generaba una potente experiencia colectiva, ya que todos y cada uno ingerían exactamente lo mismo al mismo tiempo. De nuevo, con muy poco, Marije consigue sorprendernos.

Veggie bling bling. Marije Vogelzang
Veggie Bling Bling

Que el paladar se educa no es ningún secreto. Cuantos más sabores probemos, especialmente de pequeños, más sofisticado será nuestro sentido del gusto. Los sabores amargos y ácidos son los que más rechazo provocan a edades tempranas ya que en la naturaleza indican una amenaza: un posible veneno, alimentos indigesto o en mal estado. Según Volgelzang, en las últimas décadas tendemos a una infantilización colectiva del gusto. Las preferencias por el azúcar y los hidratos de carbono predominan a nivel global entre la población del primer mundo. Esto no es casual: son los primeros sabores que identificamos ya que son los principales componentes de la leche materna.

Veggie bling bling. Marije Vogelzang
Veggie Bling Bling

La actual falta de tiempo de las familias, la impaciencia y la abundancia de alimento hace que los padres hagan menos incidencia en la educación de los hijos en la mesa. Cuando algo no gusta se pasa a lo siguiente sin forzar. Ese “pues te lo comes igual”, tan oído durante nuestras infancias, tiende a desaparecer y con él el enfrentarnos a nuevos sabores. La proliferación de “menús infantiles” tampoco ha ayudado demasiado y la industria alimentaria se ha puesto manos a la obra para elaborar una ola de platos preparados siguiendo esta nueva tendencia. Con estas recetas es fácil llegar a un público más amplio en aras de su junta de accionistasY así entramos en una espiral que acaba siendo la pescadilla (o en este caso la pizza) que se muerde la cola.

Pero Marije llega al rescate con su proyecto Veggie Bling Bling y se propone que los niños coman verduras ¿Cómo? Con un taller de joyería en el que los materiales son zanahorias, rabanitos, apio, tomates, y las herramientas, los propios dientes de los niños. Sólo pueden usar un cortador para hacer círculos. Las imágenes del taller son maravillosas y los niños acabaron comiendo sin darse cuenta. Las creaciones resultantes son un delirio de imaginación divertidísima.

Seguimos indagando en su portafolio y nos encontramos con chupachups en forma de pistola para enseñar de la manera más gráfica posible el efecto que tiene en azúcar sobre el cuerpo. Nubes de golosina (malvaviscos) en forma de iceberg que nos dan una visión muy clara de los efectos del calentamiento global cuando se echan en una taza de chocolate caliente. En ambos casos, chucherías lúdicas que generan imágenes muy potentes para llevarnos a la reflexión. Bravo. Esta es sólo una parte de su trabajo, pero volveremos a hablar de la señorita Vogelzang en breve, es demasiado tentador.

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