Chiharu Shiota. El recuerdo enmarañado

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Un nudo de neuronas arrebatadas. Algo parecido a la exploración física de una mente onírica. Así es la obra de la artista japonesa Chiharu Shiota. Un trabajo que hurga con hilos y objetos en las heridas de la memoria y del olvido.

Chiharu Shiota

La contundencia de Chiharu Shiota

Nacida en Osaka (Japón) en 1972, Chiharu Shiota es una de las creadoras más inquietantes del panorama internacional. Residente en Berlín desde 1996, desarrolla su actividad artística con contundencia. Solo hay que adentrarse en sus instalaciones para sentir un escalofrío irracional. Sus obras se propagan como metástasis y atrapan todo lo que encuentran a su paso. Intervenciones compuestas principalmente por hilos negros y rojos que recorren techos, paredes y suelos, devorando objetos y creando entre ellos vínculos que hablan de las historias que atesoran.


La ubicación de la memoria

“Usar hilo es algo que me permite explorar el tiempo, como si fuera la línea de un cuadro. Miles de hilos configuran una superficie y con ellos creo lugares casi ilimitados, que gradualmente se expanden como el universo. Ir sumando capa tras capa, hilo tras hilo, va provocando la aparición de un negro intenso”. Así nos habla Chiharu Shiota desde su estudio. Pero no se trata de un ejercicio de estilo o de virtuosismo técnico. Detrás de esta telaraña onírica, Shiota nos conduce por sus habitáculos emocionales. Y en ellos, la memoria, la ausencia o la infancia son cuestiones recurrentes.

Chiharu Shiota

“Considero que principalmente el tema de todas mis creaciones es la existencia en la ausencia. Entiendo que la huella de una persona está siempre presente a la hora de pensar en el recuerdo. Y doy forma a estos temas a través de objetos de la vida diaria”. Ropas, zapatos, pianos, llaves, muebles… Esta es la cartografía con la que configura su imaginario: elementos cotidianos atrapados por los hilos de la memoria. Lo que vemos, por ejemplo, en Over the continents expuesta inicialmente en la Foundation Smithsonian de Washington.

Al volver a Japón, después de pasar tres años en Berlín y ponerse sus viejos zapatos, Chiharu Shiota tuvo una extraña sensación: el número de su calzado seguía siendo el mismo, como igual era la talla de sus pies. Sin embargo, no le quedaban como antes. “Sentí los mismo con mis padres y amigos. Nada en particular había cambiado, pero me sentía diferente entre ellos. Comencé a cavilar sobre aquellos años de ausencia. Todo esto me llevó a pensar en el significado real de extrañar algo. Y así comencé a reunir viejos zapatos como una representación del pasado”.

Pero en su trabajo hay otras líneas de introspección temática como son las fronteras entre lo real o lo soñado. “El recuerdo es una característica humana. Cuando soñamos, está fuera de nuestro control y no somos conscientes de ello, aunque algunos sueños puedan parecer reales. Como en el Butterfly Dream de la filosofía taoísta. Trata de un hombre que soñó que era una mariposa. Cuando se despertó no sabía si era una mariposa soñando ser un humano o al revés. Estaba desconcertado porque dudó sobre qué era real y qué no. Estas pequeñas disfunciones sobre el tiempo y lo que somos también las quiero expresar”.

Chiharu Shiota

Devorando espacios

Formada en Bellas Artes, primero en la Universidad de Kyoto y posteriormente en centros alemanes, a Chiharu Shiota la embrujan los sitios vacíos. Para ella son como un lienzo en blanco donde poder volcar su carga emocional. Y es ahí donde va configurando esa búsqueda incesante de sus propias experiencias, hasta acabar engulléndolo todo. “Lo que particularmente me emociona de mis instalaciones es el hecho de que, cuando la persona camina hacia su interior, puede sentir inmediatamente lo que estoy intentando contar. A diferencia de un cuadro o una escultura, donde necesitas mirarlos fijamente durante bastante tiempo para entender su significado, con mis intervenciones la comunicación es más inmediata”. Más inmediata y más sensorial, añadimos nosotros.

Chiharu Shiota

El inicio de todas sus propuestas arranca de sus bocetos, que son para ella como un diario. “En vez de escribir para expresar mis inquietudes, yo dibujo”. E insiste desde su estudio: ni ordenadores ni ningún otro soporte digital. Sobre papel desarrolla las ideas que luego lleva a un lugar concreto, y que va reajustando hasta que conectan totalmente espacio y obra. En realidad, su estrategia es -y siempre lo fue- dar tridimensionalidad a sus dibujos. “Cuando encontré los hilos de lana, tan suaves y fáciles de manejar, entendí que ya podía pintar un espacio y proyectar en él mis sentimientos como si mi yo no tuviera límite”.

Chiharu Shiota

Pero pintar el espacio con hilos no es fácil. Hablamos de procesos complejos que requieren de largas jornadas. “Normalmente trabajo con aproximadamente diez personas para concluir una pieza. Para proyectos más pequeños se puede tardar hasta unos diez días. Para The key in the hand en la Bienal de Venecia de 2015 necesité un mes”.
Influencias, parentescos e investigación.

Pero lo cierto es que existen autores que conectan con ella en ese discurso de la nostalgia y de la instalación. Por ejemplo, el surcoreano Do-Ho Suh, con el que comparte esa melancolía de los sitios vividos y la corporeidad física de los recuerdos. “Creo que él es más arquitectónico y sus líneas están muy definidas, como si siguiera una cierta estructura o pauta. Yo entrelazo los hilos guiada más por mi intuición, más desde el interior”. Sin duda, tiene toda la razón. En Do-Ho Suh, la linealidad de la arquitectura es claramente diferente a las marañas de Shiota, pero más allá de las distancias formales, en el concepto, ambos creadores convergen. Ambos son orientales y ambos abandonaron sus hogares para vivir en Occidente. Con los artefactos de Arne Quinze también encontramos vasos comunicantes, especialmente en los modelos caóticos de intervención espacial.

Lo que sí nos quiso dejar claro, por otra parte, es la escasa influencia que la cultura de su país tiene en el desarrollo de su trayectoria. “Nunca he trabajado como artista marcada por mi nacionalidad. Siempre he luchado por liberarme de lo que de ello se podía esperar. Ahora soy más consciente de ser yo misma, independiente de mi propio origen. Solo cuando estoy lejos de mi ciudad natal, percibo de una forma más fuerte y sólida mi trasfondo cultural”.

A pesar de sus palabras, casualidades o no, esas madejas caóticas de hilos tienen a nuestro juicio un cierto parentesco con los yürei, nombre con el que se identifica al fantasma clásico japonés. Además de los ropajes blancos, una de las características de estas “almas apenas visibles”, vinculadas generalmente con el sexo femenino, es su melena negra y alborotada que representa emociones vinculadas a la ira y al rencor. En este sentido, podríamos conectar a esos seres fantasmagóricos y sus largas cabelleras revueltas con los hilos negros de Shiota y sus rasgos amenazantes. Aunque ella insiste: “usar hilo negro no significa que quiera expresar tristeza; el cúmulo de hilo negro es lo que me permite dibujar sin un límite determinado”.

El futuro desde el pasado

Recientemente ha expuesto Accumulation: Searching for Destination en Art Basel Unlimited: una reflexión sobre el viaje y el sentido de la vida. “Cuando viajamos, llevamos un documento físico que nos habla del lugar al que nos dirigimos, pero son muchos e inesperados los obstáculos que pueden presentarse. No podemos controlar los imprevistos que son los que, en realidad, van dando forma a nuestro destino. Por eso utilizo aquí las maletas. Porque nos acompañan; van y vienen, listas para partir, aunque nunca sabemos exactamente a dónde vamos en el camino que es nuestra vida”.

Con esta madeja interminable de experiencias vividas, con estas maletas “de la existencia”, la artista nipona nos habla de la nostalgia, de la perturbadora presencia de las decisiones tomadas y de las posibilidades perdidas. Para Shiota, todo lo que queda atrás sigue conformando la geografía de lo esencialmente humano. Porque como dice el poeta Luis Ernesto Gómez, el recuerdo es una herida de mamífero.

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