El mundo a través de la mirada de Ai Weiwei

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Cuando tu país es comparado con un gigante y cuando este gigante es una potencia abusiva que oprime a sus ciudadanos, la labor de un artista es una aventura de incertidumbre diaria. Ai Weiwei ha hecho de su crítica al gobierno chino el leitmotiv de su arte. Un trabajo potente y poderoso que se ha expandido por el planeta como un grito infinito.

Artista chino Ai Weiwei.
Foto: Gao Yuan

El arte político de un artista chino

Nacido en Pekín en 1957, Ai Weiwei siempre tuvo una relación difícil con el Estado. Su padre fue un poeta revolucionario perseguido por el régimen, y su familia llegó a ser expulsada de la capital. Una situación delicada que fue subiendo de intensidad tras el regreso de Weiwei a China en 1989, después de pasar varios años estudiando en Estados Unidos. Aunque el enfrentamiento definitivo con las autoridades de su nación llegaría con el terremoto de Sichuan en 2008. Ese mismo año su fama se expandía a nivel planetario tanto por las críticas frente al seísmo, como por su trabajo de asesor artístico en la construcción del magnífico estadio para las Olimpiadas de 2008. Su denuncia a raíz de la catástrofe por la mala calidad de las construcciones escolares cuyo dinero público, apuntaba, era repartido entre la mafia gobernante, fue la punta de lanza en su ataque a la corrupción y a la impunidad del país. Desde aquel momento se convirtió en una molestia y en una amenaza para el pensamiento único que impone el Partido Comunista. Todos sus movimientos comenzaron a ser vigilados y la presión se hizo patente en su vida diaria, hasta el punto de llegar a ser detenido de manera ilegal el 3 de abril de 2011. Ochenta y un días estuvo en paradero desconocido después de que el Gobierno admitiera tenerlo retenido en un lugar indeterminado por lo que denominó “crímenes económicos”. Una situación que supuso un punto de inflexión en su biografía personal y artística. A partir de ahí todo cambió.

Artista chino Ai Weiwei.  Dropping a Han Dynasty Urn. 1995 Courtesy Ai Weiwei Studio
Dropping a Han Dynasty Urn. 1995. Courtesy Ai Weiwei Studio

De aquellas lluvias tenemos ahora los barros con los que este artista ha modelado un perfil mucho más punzante, asumiendo una actitud mucho más crítica e inconformista. Enfrentado a las élites, ha podido comprobar cómo el miedo atenaza y silencia a toda la clase artística e intelectual de China, a la que considera que “está muy podrida, muy corrompida y no significa nada”. El arte como medio de lucha es un tema por el que le preguntamos a Ana Robledillo, directora artística de la Galería Paola Alonso, recientemente galardonada con el Premio PhotoEspaña a la mejor exposición del Festival Off en su última edición. “Creo que no solo el arte, sino la cultura en general pueden ayudar a cambiar el rumbo político de un país. Eso me recuerda a las palabras de Víctor Hugo: <No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento>. Pienso que todo creador e intelectual tiene una responsabilidad a través de la palabra, del texto o de la obra. Y esta es generar diálogo y discusión”. En este sentido, Helga Alvear, la coleccionista y galerista más destacada del panorama nacional, nos comenta que “los artistas tienen el poder y el deber de hacer visibles todos aquellos aspectos de la sociedad que no creen correctos y, sobre todo, mostrar al mundo los defectos de sus propios países”.

Very Yao. 2009. © Courtesy of Ai Weiwei Studio Artista chino
Very Yao. 2009. © Courtesy of Ai Weiwei Studio
En esta instalación realizada con 150 bicicletas, Ai Weiwei utiliza uno de los símbolos de China para denunciar el caso de Yang Jia, un joven de Beijing detenido de forma violenta por alquilar presuntamente una bicicleta a una empresa sin licencia. Después de varias apelaciones fallidas, fue acusado de asesinar a seis agentes de policía de Shanghái, declarado culpable y condenado a muerte.

Alemania, la gran fiesta Ai Weiwei

En Alemania, Ai Weiwei ha tenido la oportunidad de enseñar lo que aquella retención policial ha provocado en su obra y en su pensamiento. Los ochenta y un días de secuestro supusieron un fuerte impacto en su integridad física y mental. Experiencia con la que ha desarrollado parte de las propuestas de lo que finalmente se ha convertido en su mayor exposición. Una muestra a la que el gobierno chino no le permitió asistir. Hablamos de Evidence, abierta al público hasta mediados de julio en el museo Martin-Gropius-Bau de Berlín. Más de 3.000 m2 de instalaciones, fotografía, videoarte, escultura y mucha mordacidad política.

Artista chino Ai Weiwei. mStraight Foto: CC. Susan Sermoneta
Straight Foto: CC. Susan Sermoneta

La mordacidad política recorría todas las piezas y todas las salas, aunque tuvo su clímax en una de las piezas más importante de la exhibición: 81. Se trata de la reproducción a escala real de la celda en la que estuvo encerrado. Un habitáculo de reducidas dimensiones donde solo había una cama, una mesa y un pequeño lavabo, todo cubierto de plástico para que no se autolesionara. Veinticuatro horas de luz artificial como método de tortura y una cincuentena de interrogatorios.

Artista chino Ai Weiwei. Over 5000 victims of the Sichuan earthquake identified by Ai Wei Wei Foto: CC. Jonathan Beacher
Over 5000 victims of the Sichuan earthquake identified by Ai Wei Wei. Foto: CC. Jonathan Beacher

El discurso iconoclasta de un artista chino

Ai Weiwei es un artista multidisciplinar y contemporáneo que recientemente, además, ha coqueteado con la música. “Todos los campos en los que trabaja -insiste Helga de Alvear- mantienen un alto nivel. No pienso que destaque más en ninguno. Y prueba de esto es que en mi propia colección se incluyen fotografías, instalaciones o esculturas”. Pero para poner en perspectiva su carrera, debemos hablar de su viaje a Estados Unidos a principios de los 80. Allí, con apenas veinticuatro años, conoció de cerca el pop art, el arte conceptual, el minimalismo y el dadaísmo iconoclasta de Duchamp. Tendencias que desde entonces han marcado su trabajo, especialmente sus grandes instalaciones: estructuras concebidas con bicicletas, taburetes, latas o incluso con 100 millones de semillas de girasol hechas de porcelana que él convierte en herramientas de combate político.

Artista chino Ai Weiwei. Coca-Cola Vase. 2008
Coca-Cola Vase. 2008. Neolithic vase and paint. © Courtesy of Ai Weiwei Studio/TASCHEN

Sobre su vertiente fotográfica, Ana Robledillo comenta que “está íntimamente relacionada con la obra instalativa y performática. La emplea en la mayoría de las ocasiones como labor documental y de captación de sus actividades cotidianas, entre las que se encuentra la denuncia al sistema chino. La fotografía es testigo de su vida diaria, a pesar de que en sus diarios (blogs) la considere un medio que puede manipular la verdad. Su planteamiento me recuerda en cierta forma a El beso de Judas de Fontcuberta”.

Artista chino Ai Weiwei:. Grapes. 2010
Grapes. 2010. 40 wooden stools from the Qing dynasty. © Courtesy of Ai Weiwei Studio/TASCHEN

Por otro lado, sus colaboraciones creativas suelen producir resultados inesperados, como el proyecto Moon desarrollado junto a Olafur Eliasson. Una cuenta en Facebook o Twitter es suficiente para poder participar. Se trata de un work in progress online que se va construyendo en la red a tiempo real con dibujos, señales, escritos… “Moon es una declaración de principios -afirma Eliasson-; una reivindicación del poder de la libertad personal”. Cuantos más mensajes, dibujos y comentarios se vayan aportando, la superficie lunar va perdiendo su blancura para convertirse en un tablón de anuncios cósmico.

Artista chino Ai Weiwei:. Pillar through Round Table. 2005 © Courtesy of Ai Weiwei Studio/TASCHEN
Pillar through Round Table. 2005 © Courtesy of Ai Weiwei Studio/TASCHEN

Ai Weiwei y el mundo

A día de hoy es uno de los artistas vivos más influyentes. Art Review lo ha considerado la figura artística más poderosa del mundo. Según Foreign Policy, se encuentra entre los dieciocho pensadores globales más importantes. Para Alvear es “uno de los artistas políticos más importantes y relevantes del mundo, siendo la calidad de su obra lo que le ha hecho reconocido mundialmente”. Sin embargo, su país lo trata como a un paria. Le prohíbe exponer y salir al exterior, y lo incomunica mientras el resto de la humanidad ve en él un referente de pensamiento. Su obra genera controversia. “Pero no es solo por los objetos que crea -insiste Ana Robledillo-, sino por las acciones paralelas que Ai Weiwei lleva a cabo como motivo de denuncia. En un lugar donde la libertad de palabra es un problema, los actos de Weiwei se vuelven peligrosos para el sistema”.

Artista chino Ai Weiwei:. Sunflower Seeds. 2010 Foto: CC. Juan Pablo Garnham
Sunflower Seeds. 2010. Foto: CC. Juan Pablo Garnham

En España, salvo tal vez Santiago Sierra, no hay artistas que cuestionen el sistema actual como sí lo hace el autor de Sunflower Seeds. “Pero desde luego -comenta Robledillo- no están apoyados por la ciudadanía o parte de ella. Ai Weiwei tiene tras de sí a todo un sector de la sociedad china que se interesa por su trabajo y ve en él un motor de cambio. Aquí lamentablemente no hay un seguimiento. Es algo que me ha preocupado siempre, el distanciamiento cada vez mayor entre la población y los actores de la cultura”.

Artista chino Ai Weiwei: Descending Light Foto: CC. Vreimunde
Descending Light. Foto: CC. Vreimunde

Una sociedad dormida necesita del aliento del artista, de los pensadores, de los filósofos para infundirle vida. Esa vida que poco a poco Ai Weiwei está inoculando a un país como China, en coma profundo desde hace décadas. Sociedad que tarde o temprano querrá reclamar su derecho a decidir, a ser dueña de su pensamiento. Mientras tanto, este creador seguirá luchando desde la reclusión de su estudio por la libertad de pensamiento, por la libertad creativa, y contra los espacios podridos de la condición humana.

Artista chino Ai Weiwei: The Fake Case. Andreas Johnsen
Ai Weiwei: The Fake Case, de Andreas Johnsen. Este documental estrenado en 2014, y cuyo DVD sale a la venta a finales de octubre, muestra la presión que los funcionarios y las autoridades chinas ejercieron sobre el artista a partir de su detención en 2011.

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