En 1926, una cadena resolvía una cuestión doméstica: dejar entrar el aire sin abrir paso a las moscas. Cien años después, ese mismo principio recorre las murallas, los pórticos y las plazas de Montblanc. Y es que Kriskadecor celebra su centenario convirtiendo su material en arte público y compartido.
Un siglo de Kriskadecor
La historia de Kriskadecor comenzó con una apuesta y una necesidad bastante prosaica. Josep Maria Sans Amill, entonces estudiante en Barcelona, se propuso fabricar una máquina capaz de unir eslabones automáticamente. Poco después, un pastelero de Montblanc le planteó un problema: quería mantener abierta la puerta de su establecimiento durante el verano sin que entrasen insectos. De aquel encuentro entre ingenio mecánico y la propia cotidianidad surgió una cortina metálica que acabaría dando origen a una empresa. Lo que su fundador difícilmente habría imaginado es que, un siglo después, aquellas pequeñas piezas terminarían formando parte de una intervención artística sobre las murallas medievales de su localidad natal.

Para celebrar sus cien años, Kriskadecor ha regresado a Montblanc con 100 años inspirando emociones, un proyecto de arte público que confía a estudiantes de cuatro escuelas de diseño la reinterpretación de su patrimonio arquitectónico. Seis instalaciones efímeras y una exposición de obras realizadas a partir de dibujos infantiles erigen un itinerario por la localidad tarraconense. ¿El denominador común? La cadena de aluminio, transformada en un elemento capaz de asumir siluetas, transparencias y escalas diferentes. Una celebración que encuentra en la mirada de otros la mejor manera de revisar su propia trayectoria.

Montblanc: una ciudad reinterpretada
La arquitectura medieval acostumbraba a establecer límites inequívocos: las murallas protegían, los portales regulaban el acceso y las torres anunciaban su presencia desde la distancia. Frente a esa vocación duradera, las instalaciones de Kriskadecor introducen una materialidad ligera y cambiante que altera nuestra percepción de las construcciones históricas sin intervenir físicamente en ellas. Lo vemos en el Portal de Sant Jordi, donde Làmpada, desarrollada por estudiantes de la Escuela de Arte Ondara, suspende una composición de anillos concéntricos realizados con cadenas en diversas tonalidades cálidas. La obra parece recoger en su interior la geometría del arco, multiplicándola en sucesivas capas que se asemejan tanto a una luminaria monumental como a una ornamentación suspendida.

También desde Ondara llega Pòrtic, en la Plaça de Sant Miquel. Sus planos metálicos se cruzan componiendo diagonales y pequeñas arquitecturas permeables. Al atravesarlos, las perspectivas cambian y los límites se desdibujan, generando una configuración diferente con cada desplazamiento. Esa relación entre materia y percepción alcanza otro registro en Merlets de Muralla, concebida por estudiantes de Elisava. La intervención recupera la silueta de las almenas mediante una superficie de cadenas que se despliega frente a la fortificación. La piedra conserva su contundencia, mientras el aluminio aporta una segunda piel atravesada por la luz.

En el claustro de Sant Francesc, La memòria que s’eleva, de alumnos de LCI Barcelona, rescata la verticalidad de la arquitectura religiosa con volúmenes colgantes que sugieren bóvedas y prolongaciones imaginarias del edificio. Y dos propuestas de la Escola d’Art i Disseny de Reus completan el recorrido. Cent anys en moviment, instalada en la Muralla de Santa Anna, utiliza una estructura en zigzag para crear una contextura óptica que cambia con la posición del espectador. Por su parte, De baula en baula, en el patio del Consell Comarcal de la Conca de Barberà, eleva el eslabón a una representación visual de la trayectoria de Kriskadecor. En ambas, la cadena proyecta una dimensión narrativa: una unidad mínima que, a partir de su repetición, puede originar una imagen colectiva.

Cien años. La libertad de un material
Cabe destacar cómo para celebrar su centenario, Kriskadecor ha tomado una decisión poco frecuente: confiar su producto a quienes representan el futuro del diseño. Estudiantes de la Escuela de Arte Ondara, LCI Barcelona, Elisava y la Escola d’Art i Disseny de Reus han concebido las instalaciones, a las que se suman dibujos de escolares de Les Muralles y Mare de Déu de la Serra, transformados en composiciones de aluminio y expuestos en la cooperativa Fet a la Conca. Una iniciativa que ha hecho de la historia de la firma un ejercicio colectivo de creación.

Aquellas primeras cortinas metálicas destinadas a proteger las puertas dieron paso a un material cada vez más versátil; y fue la ligereza del aluminio, el anodizado y la investigación cromática lo que amplió sus posibilidades para posicionar el eslabón como un recurso arquitectónico y artístico. Dirigida hoy por la tercera generación de la familia Sans, Kriskadecor colabora con creadores internacionales de la talla de Kengo Kuma, responsable de la intervención en el núcleo de comunicación vertical de la Casa Batlló.

Lo extraordinario es que, pese a esta evolución, la esencia de la marca sigue intacta, ya que la misma cadena puede construir una superficie o dibujar una imagen e incluso adquirir volumen a partir de variaciones de color, densidad y disposición. Una libertad formal que explica su afinidad con la creación artística y que adquiere especial significado en Montblanc: cien años después, Kriskadecor regresa a sus orígenes para enseñarnos que el futuro de un material también depende de la imaginación de quienes lo utilizan.
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¿Qué es Kriskadecor y cómo revolucionó el diseño de interiores?
Kriskadecor es una empresa española fundada en 1926 en Montblanc (Tarragona). Lo que comenzó como una solución doméstica y funcional (las clásicas cortinas de cadenas de aluminio para evitar el paso de insectos), evolucionó gracias a la tecnología de anodizado y personalización gráfica. Hoy en día, sus eslabones de aluminio 100% reciclable se utilizan a nivel mundial en arquitectura e interiorismo para crear gigantescas celosías, revestimientos tridimensionales, separadores de espacios y esculturas suspendidas.
¿Cómo celebra Kriskadecor su centenario en la ciudad de Montblanc?
Para conmemorar sus 100 años de historia, Kriskadecor ha devuelto su material a las calles que lo vieron nacer. Ha llevado a cabo una serie de intervenciones de arte público efímero, instalando sus icónicas mallas de aluminio anodizado en los puntos más emblemáticos del patrimonio medieval de Montblanc. Murallas, plazas y pórticos se visten con miles de eslabones que juegan con la luz, el viento y el color, generando un asombroso contraste entre la ligereza del metal contemporáneo y la pesadez de la piedra histórica.











