Una casa en una iglesia. Ruud Visser Architects

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¿Quién no se ha visto alguna vez en la situación de buscar casa? Bien solos, en pareja o familia, nos hemos marcado un plan de necesidades para encontrar el lugar ideal al que mudarnos. Hay quien busca sobriedad, sofisticación, elegancia… Están los que apuestan por un estilo más rústico o con un toque vintage. Para gustos los colores. Pero independientemente de la decoración y el tipo de muebles que escojamos, todos tenemos un objetivo común: que nuestro hogar se convierta en nuestro refugio. Llegar a casa después de un día ajetreado y sentir esa calma y esa paz que nos llenan de vida.

Bien. Pues ahora supongamos que nos encontramos con una iglesia de madera de principios del siglo XX, ¿imaginas hacer de ese espacio, tu espacio? Ruud Visser Architects lo vio claro y cuando se les presentó la oportunidad de convertir en una vivienda familiar un templo (usada como garaje de coches desde los 60), apostaron por la convivencia entre la espiritualidad de sus muros y la comodidad de una construcción funcional.

Para esta casa en una iglesia el primer paso fue recuperar la estructura original bajo esa masa metálica a modo de hangar en la que se ocultaba el edificio a orillas del río De Rotte en Rotterdam. Como imprescindible se encontraron con la premisa de hacer un hogar habitable y no una grandiosa mansión repleta de habitaciones sin sentido. Es por ello por lo que el diseño se presenta como un volumen independiente dentro de la iglesia, de manera que podrías estar paseando por el perímetro de la residencia sin haber salido de las “sagradas” paredes. Pero la genialidad de este proyecto radica en que existe un punto de conexión continuo en sus tres plantas. Espacios diáfanos se entremezclan con arcos apuntados, ventanales de cristales emplomados se asoman entre las columnas inclinadas, la nobleza de la madera se ve ensalzada por el blanco uniforme y la luz natural se transforma en un habitante más del domicilio.

La rehabilitación de este insólito lugar se plantea como una conversación entre el interior y el exterior en la que el sentimiento de libertad adquiere un especial valor. La expresión primera de los materiales, tanto los nuevos como los originales, nos permite intuir la complejidad y la volumetría del proyecto. Y sin saber muy bien cómo, cierras los ojos y te sitúas bajo la que un día fue nave crucero. Divisas el río, te conectas con el entorno, te abstraes de lo cotidiano y entonces lo sientes. Por fin en casa.

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