Richard Avedon

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Psicólogo del paisaje humano. Investigador del alma. Carnicero del ser. Fetichista del glamour más decadente. Blume acaba de publicar Performance, un breviario que repasa algunos de los grandes momentos de este fotógrafo americano.

Richard Avedon y Sofia Loren. Nueva York. 1966
Richard Avedon y Sofia Loren. Nueva York. 1966

Richard Avedon supo convertir el acto fotográfico en arte y encaminó la imagen de moda hacia el más puro gesto artístico. Desde sus comienzos en el mundo de la pasarela y durante tres décadas (cincuenta, sesenta y setenta), este neoyorquino trabajó para revistas como Harper’s Bazaar o Vogue, donde fue cocinando a fuego lento un modo de fotografiar que culminaría con obras de una sencillez y una fuerza emocional sobrecogedoras.

Sin embargo, a partir de finales de los setenta, Avedon configuró una única imagen en su vida: aquella compuesta por todos los retales de individuos captados por su cámara. Retales que finalmente fueron formando un indivisible retrato: el de la muerte, el paso del tiempo, la decrepitud física y el inevitable destino de ser humano. Ése es Avedon. Tan mustio como energético. Tan frío como abrasador.

Marlon Brandon y Frank Sinatra. Los Ángeles. 1955
Marlon Brandon y Frank Sinatra. Los Ángeles. 1955

Satén, modelos, maquillaje

Cuando comenzó, su cámara fijaba la mirada en el ámbito de la moda y la publicidad. Era habitual en Vogue o Life. Con estas publicaciones rápidamente llegó a hacerse tan célebre como los famosos personajes que retrataba. Sus principales maestros, Alexey Brodovitch y Martin Munkácsi, precursores de la mutación de la fotografía de moda y publicidad, le dieron el impulso determinante que lo definiría como un fotógrafo inagotable. “Harper´s Bazaar era mi ventana al mundo. Y Munkácsi mi vista panorámica…”, comentó Avedon. De estas colaboraciones, nacieron iconos como Dovima y los elefantes (1955) o Suzy Parker y Robin Tattersall (1956).

Tina Turner. Richard Avedon
Tina Turner. Richard Avedon

Sin embargo, los trabajos de Avedon se estaban gestando más allá de telas de satén, modelos y maquillajes. Algo que podemos ver en obras como Obervations (1959, con texto de Truman Capote), Nothing Personal (1964), Alice in Wonderland: the Forming of a Company and the Making of a Play (1973) o Portraits (1976).

Estrellas en el firmamento

El mundo reconoce a Avedon inicialmente como el gran retratista de famosos, de ricos empresarios, de actrices, cantantes, actores, políticos, artistas… Ante su cámara pasó y posó todo aquel que deseaba sentirse objeto de deseo, con esa aspiración de ser musa por un momento del que desde sus inicios dio evidentes signos de genialidad en el campo de la fotografía. Avedon estaba atento, sometía a sus modelos a largas y extenuantes sesiones. Cansados, terminaban desenmascarados y desnudos y pasaban del personaje a la persona. Alguno de sus retratos más célebres de estas series fueron los realizados a Marilyn Monroe, Humphrey Bogart, Truman Capote o Marlene Dietrich, por ejemplo.

Sean Penn. Richard Avedon
Sean Penn. Richard Avedon


En Family retrató a los máximos representantes de la jet set estadounidense, mostrándonos la aparente personalidad de políticos como Richard Nixon, George Bush, Gerald Ford y los Kennedy, o de intelectuales como Susan Sontag y Salman Rushdie.

Robert Mitchum. Richard Avedon. Performance

En el viejo oeste

Con su carácter antropocéntrico, Avedon colocó en el centro de la “creación” a sus retratados. Hombres y mujeres, con independencia de su condición social, terminaban por descubrirse ante su cámara al natural y sobre un fondo blanco. Comprometido como estuvo con la lucha por los derechos civiles, Avedon no hizo diferencias de clases. En su vasto universo, retrató también las caras anónimas de los núcleos más deprimidos del país. A lo largo de 1963 estuvo fotografiando el Movimiento por los Derechos Civiles en el Sur de los Estados Unidos. Y a finales de los sesenta y principio de los setenta confeccionó para el New York Times reportajes sobre líderes militares, víctimas en la guerra de Vietnam y manifestaciones antibelicistas en los Estados Unidos.

Andy Warhol, Jay Johnson y Candy Darling. Richard Avedon
Andy Warhol, Jay Johnson y Candy Darling. Richard Avedon


Sin embargo, sería en 1979 cuando comenzará uno de sus proyectos más simbólicos, espina dorsal de su obra más intimista, dura y visceral. Durante cinco años, y por encargo del Museo Amon Carter, Avedon recorrió el oeste de Estados Unidos fotografiando a granjeros, mineros, vagabundos, prostitutas, amas de casa, presos, vaqueros de rodeo o empleados. Se trata de In The American West, imágenes de gran formato, realizadas con luz natural y fondo blanco. Es decir, con una ausencia total del paisaje y del entorno de los retratados. Sin más presencia que ellos mismos, sus ropajes y sus intimidades. Un oeste sin sueño americano a tenor de la soledad y el ensimismamiento de los personajes. Con estos trabajos consiguió transformar en arte las miserias y anhelos de todos estos individuos. Imágenes de una fuerza expresiva atronadora. Durante este itinerario, Avedon retrató a 752 personas, utilizando alrededor de 17.000 placas de película. De este material seleccionó 123 fotografías que fueron las que finalmente darían cuerpo a la serie.

Truman Capote. Richard Avedon
Truman Capote. Richard Avedon

Fotógrafo del misterio

Explorando su obra, resulta evidente que gran parte de su trabajo enmascara un común denominador: una pátina de misterio. No importa si hablamos de la Monroe, del minero, de la oficinista, de su propio padre o de Sean Penn. Ese misterio subyace en los retratos descontextualizados, cansados y despojados de su ambiente. Un misterio que ofrece a Avedon el discurso que buscaba: el reflejo del ser humano, conocedor de su destino. Para entender su trabajo son claves conceptos como paso del tiempo, vejez, desamparo o nostalgia. En este sentido, cabe mencionar el cierre de su libro Portraits (1976). En él vemos a su padre, en una serie de ocho imágenes, envejeciendo gradualmente. Hasta que finalmente la muerte lo envuelve: una imagen imborrable en la que el progenitor parece fundirse con la luz que lo rodea. ¿El alma?.

Veruschka. Richard Avedon
Veruschka. Richard Avedon

On democracy

En septiembre de 2004 Avedon moría. Se encontraba trabajando en la serie On Democracy; una colección encargada por The New Yorker sobre el proceso electoral americano de ese mismo año. Entre las figuras retratadas, tal vez premonitoriamente, estaba el ya nuevo presidente de Estados Unidos, Barak Obama. Avedon murió en activo, a los setenta y nueve años, cámara en mano y en la cumbre. Y con el olfato fino y agudo, sabiéndose el fotógrafo más deseado por la industria de la moda, el arte y el poder. Como había ocurrido en las últimas cinco décadas.


Richard Avedon, Performances, Blume, 2008

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