Proyecta. Arte electrónico en México

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The Ark. Arte electrónico. Proyecta
En el mundo del arte electrónico existe lo que se suele denominar la experiencia. Pero el sello creativo mexicano Proyecta no se contenta con eso. Busca una expresividad que penetre la sensibilidad, de manera que artista y receptor no sólo se vean sino que deban comunicarse. Sus fundadores, Manuel Alcalá, Carmen Casanovas y Samuel Rivera, son mejicanos.

Pero es un decir, pues estos especialistas en diseño y artes digitales crean con el aporte de artistas extranjeros. Así se promueven y promueven su marca de identidad: la de una intensa narratividad audiovisual. Los países en vías de desarrollo y los industrializados siempre se han observado como Montescos y Capuletos, con el recelo y la admiración de quienes reconocen en el otro una forma de vida admirable pero distinta.

En The Ark (2013), el francés Roman Tardi y los belgas Squeaky Lobster proponen una instalación audiovisual en el Jardín Etnobiológico de Oaxaca. Se trata de un relato indescifrable llegado del espacio. Pero la voz electrónica posee modulaciones, está viva. La música electrónica –específicamente la del arte— es un género establecido y por tanto previsible. Sin embargo, Proyecta no utiliza los recursos manidos: colchones de frecuencias bajas, agudos brillantes o shocks sonoros, sino que opta por una nueva estrategia en base a elementos conocidos pero nunca antes combinados. Esa la definición misma de ‘disruptivo’.

En Mantarraya (2014), Proyecta y Epson, asistidos por los estadounidenses Matthew Ragan y Daniel Fine, se lanzan a una doble performance. Por un lado, los músicos interpretan sus antimelodías; por el otro, Ragan y Fine improvisan imágenes sobre aquellos por medio de videomapping. Lo que surge es un paisaje líquido de fluctuaciones múltiples e impredecibles sobre un terreno asimétrico, ondulado y liso. “Es una performance a tiempo real para todos. No se trata de unos músicos que tocan mientras nosotros les proyectamos un vídeo encima”, ironiza Fine.

Incluso con la más ortodoxa de sus obras propias, La nariz (2014), Proyecta sigue abriendo brechas. Inspirándose en la obra homónima de Nikolái Gogol, la proyección invade el espacio ciudadano con un relato dotado de múltiples puntos de vista. El sonido ralentizado le añade a la historia una reverberación de pesadilla. Y el espectador queda inmerso en un thriller dirigido por Kafka pero ambientado por Orwell.

Tome la forma que tome, Proyecta logra que reine la narración. Carmen Ortega Casanovas lo explica: “Al final, las mejores piezas son las que utilizan la tecnología como un medio. Porque la tecnología sólo vale cuando la aplicamos a nuestro favor”. Ese es el caso de MGNTRN, quizá la producción más impresionante del dúo franco-belga. Su eficacia resulta indiscutible, su storytelling, apabullante. En medio de semejante viaje lumínico cargado de referencias culturales, una de las pantallas principales repite la silueta del transbordador espacial; mientras, en la pantalla opuesta titila una máscara que podría pertenecer a un astronauta, a un luchador, o a un guerrero azteca. Es la metáfora ideal contra el recelo de Montescos y Capuletos. A partir de ahora, ya pueden trabajar juntos y unirse en un abrazo electrónico.

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