Jonathan Bocca convierte aquello que sueña en un extraño bestiario doméstico. El diseñador italopolaco modela residuos de papel procedentes de la industria de Lucca para crear muebles de apariencia rudimentaria y anatomías imposibles.
Un bestiario subconsciente
“El sueño de la razón produce monstruos”, escribió Goya al pie de uno de sus Caprichos. Una sentencia que admite una prolongación insólita: ¿qué sucede cuando esos monstruos consiguen sobrevivir al despertar? Parece ser que el universo onírico alberga ideas que, pese a nuestros prejuicios, pueden volverse posibles en el mundo real. Los surrealistas lo comprendieron cuando decidieron buscar en este territorio intangible aquello que la gnosis les negaba durante la vigilia: André Breton quiso liberar la creación del control consciente y Leonora Carrington pobló sus visiones de criaturas que parecían haber atravesado la frontera entre dos dimensiones. Un siglo después, el diseñador Jonathan Bocca parece coger este mismo impulso y responder a Goya desde el diseño: cada mañana, recién despierto, dibuja aquello que lo ha visitado durante la noche para convertirlo después en mobiliario de anatomía incierta, en criaturas extrañas que reclaman un lugar en el ámbito doméstico.


Las quimeras de Bocca abandonan la fantasía a través de un cuerpo que el creador italopolaco encuentra en uno de los elementos más sencillos de la vida cotidiana: el papel. Ligero y plano —además de condenado a desaparecer tras su uso—, en sus manos adquiere cualidades contrarias que le confieren peso y volumen. Esta elección material no resulta arbitraria si se conoce la procedencia de Bocca: Lucca (Italia), un territorio que mantiene una estrecha relación con la industria papelera y que se ha convertido en uno de los grandes centros de producción de Toscana y Europa. Nacido en esta urbe en 1998, su apuesta por este material es uno de los fundamentos de su trabajo, que ha desarrollado tras formarse en el IED de Florencia, la UAL de Londres y Fabrica Research Centre.


El papel como material de diseño
Es así como Jonathan Bocca halla en los residuos generados por esa industria el componente con el que sus criaturas pueden abandonar el dibujo y adquirir fisicidad. En su proceso, tritura el papel hasta transformarlo en pulpa y lo mezcla con aglutinantes hasta obtener una pasta que después modela para construir sus objetos. “El papel posee una dualidad fascinante: es frágil y, sin embargo, tiene una enorme capacidad de transformación”, comenta Bocca. Así surgen los integrantes de su Oggeti Inquieti, una familia de muebles que no deja de ampliarse y que se sustenta en un diseño artístico y escultórico, situado en los márgenes del mercado tradicional, pero en el punto de mira del collectible design.


Hemos visto a sus siluetas naífs pasear por eventos punteros del sector, como Alcova 2023. Sillas que podrían salir corriendo, como Zampa; estanterías sustentadas por un oleaje, como Onda library; columnas de inspiración mitológica, como Giano Bifronte; luminarias de contornos jurásicos, como Giraffa o Sauro; e incluso sofás liminales, como Senziente Sofà para Isola 2024. Un bestiario doméstico que bebe del Carnaval de Viareggio, donde las monumentales figuras de cartapesta reclaman su presencia como volúmenes capaces de ocupar la calle y levantar personajes de dimensiones desmesuradas. Bocca ha reconocido la influencia de aquellas obras que veía durante su infancia, estableciendo una genealogía inesperada entre la tradición popular toscana y sus propios diseños.


Con la impronta de los Animali Domestici de Andrea Branzi y cierta cercanía al imaginario antropomórfico de Jonathan Trayte, Bocca se inscribe en una corriente creativa que prefiere lo rudimentario y lo imperfecto para cuestionar las categorías del mobiliario. Una apuesta por la rudeza sostenible que le permite recuperar algo que el funcionalismo había intentado mantener bajo control: la posibilidad de que un mueble, además de cumplir una función, pueda tener vida propia.











