Honeycomb

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Muchas veces nos preguntamos cómo influye en los comensales el interiorismo de un restaurante. Mientras algunos arquitectos crean sus proyectos con propósitos claramente estéticos, otros sin embargo tienen en mente desde el principio la relación que se establece entre todos los sentidos a la hora de comer en un lugar magnificado por el diseño.
Sako Architects, un estudio fundado en 2004 por el japonés Keiichiro Sako, distribuye sus trabajos por Japón y China donde la cultura culinaria tiene unos códigos propios. A la hora de abordar el Honeycomb, se partió de la habitual distribución de los restaurantes asiáticos. Por costumbre, se distinguen dos áreas: un comedor amplio para grupos, y espacios más íntimos para dos/cuatro personas. El estudio quiso, pues, respetar esa división, por un lado, sin recurrir a una partición geométrica cuadriculada, y por otro, teniendo en cuenta también las amplias vistas a Hong Kong que se aprecian desde este edificio que alberga también cines y apartamentos.

La fórmula para separar las diferentes áreas se encontró en unas paredes de plástico reforzado con fibra y acero, que fueron agujereadas para jugar tanto con la luz del día como con la iluminación nocturna. En total se perforaron unas 1.000 oquedades en este material maleable, que se pintó, en situ, de blanco para las grandes superficies y se dejó transparente para las zonas íntimas.

Los tabiques más vistosos son los que ondulan como si fueran los pequeños muros de un panal, traducción de Honeycomb, nombre inglés del restaurante. Estos separadores enriquecen el lugar dándole una atmósfera orgánica. Las formas suavemente curvas y los agujeros no se repiten con exactitud, si no que recurren a la aleatoriedad tan representada en la vida natural. A destacar los paneles blancos que se reparten en la sala de mayor altura (de 9,2 m), cuya espectacularidad multiplica el efecto visual del conjunto. Los techos, pintados de laca negra, y los suelos cubiertos de granito oscuro y baldosas también negras, aumentan la teatralidad del lugar al reflejar la estructura blanca desde casi todos los ángulos. La curvatura de estos “muros” han determinado el resto del interiorismo; por ejemplo, las escaleras, las lámparas o algunos de los taburetes rojos que se reparten por el Honeycomb, un local sofisticado que ha sabido reconducir el minimalismo hacia territorios menos fríos y más orgánicos.

No se sabe si en un restaurante como éste se come mejor, pero desde luego la sorpresa ofrecida por la decoración debe de contribuir a la buena disposición “gustativa” de los clientes.
www.honeycombrestaurant.com

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