Canica, fruto de la colaboración entre Teresa Sapey y Uecko, replantea el tocador como una pieza flexible para la vida contemporánea. Entre memoria, juego y permanencia, Sapey convierte un mueble íntimo en una microarquitectura donde tienen cabida los rituales cotidianos, los pequeños vestigios de lo personal y las transformaciones de la vida.
Un tocador de Uecko entre la memoria y el presente
Canica surge de la colaboración entre Teresa Sapey y Uecko, firma madrileña de mobiliario con más de treinta años de trayectoria y un vínculo estrecho con la madera. Un proyecto que recupera el tocador para el dormitorio contemporáneo y lo convierte en una pieza pensada para acoger objetos personales y pequeñas rutinas diarias. Sapey lo entiende como una “microarquitectura” doméstica: una estructura capaz de construir un lugar propio dentro de la habitación.

La pieza central ejerce como un volumen flexible, situado entre la memoria del mueble clásico y una sensibilidad actual. Asimismo, Canica no surge únicamente de un encargo, sino de una relación de amistad y admiración mutua entre Teresa Sapey y Uecko. Ha sido a partir de ahí que la diseñadora ha recuperado una imagen de la infancia —la canica como esfera pequeña, perfecta y cargada de recuerdos— para convertirla en el núcleo simbólico de este trabajo. En sus palabras, “Canica nace de una amistad y a su vez de un recuerdo personal que me remite a la infancia”.
La memoria a la que apela Canica también tiene una raíz biográfica. Sapey recuerda el tocador de su infancia, una pieza que más tarde pasó a su hija Francesca, y en esa transmisión aparece ya la idea de legado que recorre la propuesta. Aquí, el tocador deja atrás su condición de mobiliario antiguo o decorativo para recuperar la vigencia de su posición versátil: un ámbito para las distintas transformaciones de la vida. Como señala la arquitecta, “el tocador siempre ha sido un mueble especial. Es un rincón íntimo de la casa, un espacio para guardar pequeños secretos”.

Teresa Sapey y Uecko: escala doméstica, vocación arquitectónica
Uno de los aspectos más sugerentes de Canicaes su manera de abordar la escala. Sapey, habituada a moverse entre la arquitectura, el espacio urbano y el interiorismo, traslada esa experiencia al terreno doméstico. Por eso define esta creación como una microarquitectura: no un objeto aislado, sino un elemento con capacidad para generar lugar dentro del dormitorio. La forma, los materiales y el color articulan pequeñas escenas alrededor del gesto de situarse frente al espejo. Su silueta orgánica, unida a su doble condición de escritorio y tocador, favorece además su adaptación a contextos muy distintos.

Otra de las virtudes de Canica reside en su equilibrio entre contención y desvío. Las versiones en madera, más sobrias y atemporales, conviven con otras en color, de una expresividad mayor. Todas comparten una identidad clara, pero nunca invasiva. A ello se suma un acto lúdico: al abrir el cajón, un contraste inesperado interrumpe la serenidad exterior y añade una leve nota de humor. Sapey lo explica así: “Nos encanta incorporar pequeños efectos sorpresa, guiños que no buscan protagonismo, pero sí generar una sonrisa o romper lo habitual”.
En conjunto, Canica reivindica la permanencia frente a la aceleración contemporánea. La pieza plantea una idea de continuidad que enlaza generaciones, usos y escalas. Para Sapey, el mobiliariopuede seguir siendo un campo de experimentación arquitectónica, y este proyecto marca una línea de trabajo que ambas firmas llevarán al Salone del Mobile de Milán.
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¿Qué es ‘Canica’, el proyecto de Teresa Sapey para Uecko?
Canica es una pieza de mobiliario diseñada por Teresa Sapey en colaboración con Uecko que replantea el tocador tradicional. Se define como una ‘microarquitectura’ flexible adaptada a las necesidades y rituales de la vida contemporánea.
¿Cuál es el concepto creativo detrás del diseño de Canica?
El diseño se fundamenta en la tríada de memoria, juego y permanencia. Sapey transforma el mueble íntimo en un espacio donde los rituales cotidianos y los vestigios personales encuentran un lugar propio, permitiendo que la pieza evolucione con las transformaciones de la vida.







