El colombiano Nicolas Riano Guerrero ha comenzado a construir con Studio NRG una estela de diseño propia que se cimenta sobre la rudeza industrial y esa libertad vinculada al diseño de colección. Desde su sede en Los Ángeles, emplea el aluminio reciclado, la fundición en arena y las formas orgánicas para dar cuerpo a objetos escultóricos que, pese a las apariencias, siguen reclamando ser utilizados.
Diseño de emergente desde Los Ángeles
Parece ser que entre la pulcritud del diseño industrial y la libertad formal del objeto artístico ha ido creciendo una estirpe de creadores que suele sentirse especialmente cómoda en tierra de nadie. Un linaje que ha encontrado en el collectible design un territorio donde recuperar cierta rudeza sin sacrificar la función. Mesas, lámparas o asientos que reclaman una presencia que los acerca inevitablemente a la escultura. Pero, pese a las apariencias, iluminan, sostienen o acogen en sus propios contornos nuestros cuerpos. Nombres como Lee Broom o Apparatus llevan años transitando esa frontera, recuperando del art déco su atracción por la pieza exquisita y la monumentalidad doméstica; abriendo una vía que ahora se prolonga desde posiciones más crudas, como la de Nicolas Riano Guerrero, en la que las huellas de la fabricación pasan a formar parte del propio objeto.

Colombiano y establecido en Los Ángeles, Riano se formó en la University of North Carolina at Charlotte antes de incorporarse, en 2020, a Estudio Persona —el estudio de Emiliana González y Jessie Young—, donde trabajó durante tres años como lead industrial designer, participando en el desarrollo de mobiliario. En paralelo, exploró una vertiente más tecnológica junto a Strahinja Spasojević con Moss, un proyecto nacido en torno a Grow Lamp: una luminaria que integra un sistema hidropónico de autorriego para cultivar plantas en interiores. Y, aunque apenas ha comenzado a recorrer su propio camino en solitario, aquel aprendizaje confluye ahora en Studio NRG, una práctica que combina cierta rudeza con una inesperada organicidad sin renunciar a lo utilitario y que encuentra en Lilium Chair (2026) una de sus primeras y más elocuentes expresiones.


Studio NRG: un porfolio en construcción
“Todo comenzó con la pregunta de cómo podía hacer que el metal resultara atractivo e incluso confortable”, cuenta el diseñador cuando se le pregunta por el concepto de esta silla. En ella, Riano proyecta las inquietudes de quien busca doblegar y experimentar con la materia. De edición limitada, la corporeidad de Lilium Chair surge de unas llantas de automóvil desechadas, cuyo aluminio se funde hasta conseguir que semejante rudeza llegue a resultar amable. Para ello recupera una técnica antigua, la fundición en arena —realizada en South Gate Foundry, en Los Ángeles— y la combina con herramientas de fabricación digital para conseguir la geometría blanda de los pétalos de una flor. “Imperfección, variación e historia” son algunas de las cualidades que el diseñador busca preservar mediante el proceso.


Una inclinación por la artesanía industrial en forma vegetal, como él mismo explica: “Me conmovió especialmente la curvatura y la suavidad de las flores, y sentí que eso encajaba con mi misión de transformar el metal en algo más cálido”. Una curiosidad que lo impulsó a estudiar tanto la forma de los pétalos como las distintas posiciones del cuerpo sentado para determinar la torsión del respaldo. Pocas cosas parecen más alejadas de una flor que una llanta de automóvil, pero no parece ser un dilema para el colombiano. Visto así, el reciclaje apenas resulta el comienzo de esta historia que convierte el metal en algo carnoso. Y Lilium tampoco parece una excepción dentro de un imaginario que comienza a extenderse hacia otras piezas.


A su alrededor, Studio NRG ha comenzado a levantar un pequeño catálogo de mobiliario e iluminación que permite reconocer algunas recurrencias. La sinuosidad silvestre de Ophis Side Table, la contundente Pomelle Table o las lámparas vaporosas Amapola y Estra trasladan esa voluntad escultórica a distintas tipologías, componiendo un repertorio todavía breve, pero suficiente para empezar a reconocer una voz que encuentra en la extrañeza formal uno de sus principales instrumentos. Lilium apenas inaugura un sendero que todavía está por escribirse, pero nos permite intuir hacia dónde se dirige Studio NRG si continúa con esa libertad para experimentar con procesos, materiales y siluetas sin romper el vínculo con el uso. Si las galerías están buscando nuevos nombres, quizá convenga empezar a recordar el suyo.

En este enlace puedes leer más artículos sobre collectible design.











