Bardo Arquitectura ha desafiado la neutralidad dominante en el ámbito residencial mediante un recorrido donde color, geometría, mobiliario y arte construyen una secuencia de escenas. Un interior que recupera el espíritu lúdico y transgresor del diseño radical italiano para replantear la experiencia doméstica.
Una escenografía de Bardo Arquitectura
Parece que de la arquitectura residencial está todo dicho, pero siempre aparecen nuevas formas de cuestionar una tipología que aparenta estar definitivamente estabilizada. La arquitectura doméstica continúa siendo uno de los territorios más fértiles para la experimentación porque podría considerarse el lugar donde las convenciones se encuentran más arraigadas. Y es que cada generación termina planteando nuevas cuestiones: ¿realmente seguimos necesitando la misma jerarquía espacial o los mismos recorridos que heredamos del siglo pasado? Esta puesta en duda de lo establecido nos ha llevado a la disolución de los límites entre cocina y salón, a las plantas abiertas o a los ambientes híbridos y cambiantes. Pero también a recuperar aquella promenade architecturale —como la denominó Le Corbusier— que convierte el tránsito por nuestra casa en una auténtica revelación.

Ese deseo de fascinación y descubrimiento está siendo recuperado por estudios jóvenes que vuelven a encontrar en la secuencia y la fragmentación sus principales herramientas proyectuales. Arquitectos, pero también narradores, que hacen de la vivienda una historia articulada mediante umbrales y continuos cambios de atmósfera. Bardo Arquitectura, finalista de la cuarta edición de los Premios ROOM, trabaja sobre esa condición escénica: pudimos comprobarlo en Casa Cometa, donde ya concebía el interior como un recorrido en el que cada estancia adquiría autonomía sin renunciar a formar parte de un conjunto. Pero es en su nueva incursión, Casa Macedonia, donde el estudio fundado por Emiliano Domingo prolonga esa investigación para llevarla a un territorio completamente teatral que contradice, sin lugar a dudas, la hegemonía del japandi.


Contra la neutralidad y a favor de Memphis
En 120 m², Bardo Arquitectura ha implantado una escenografía cuyo recorrido cromático se alza como el punto álgido de la propuesta, sucediéndose en escenas que marcan el carácter propio de cada estancia, incluso también por los muebles que las presiden. En este itinerario, el comedor se define por la presencia de vigas revestidas con metacrilato neón; una apuesta que se completa por un gran plano curvo revestido en DM lacado color berenjena como telón de fondo. La cocina continúa esa misma estrategia mediante el contraste entre el orden geométrico del alicatado blanco, la rotundidad del mobiliario azul y una encimera pétrea de perfil ondulado y lúdico.


El baño de invitados prolonga el carácter escenográfico con curvas, microazulejo y una atmósfera onírica coronada por la mesa de Gaetano Pesce para Fish Design. Frente a él, el baño principal rebaja la intensidad formal y encuentra en los tonos terrosos y las superficies continuas un momento de respiro ante tanta sorpresa; dejando que el exterior se cuele por un patio interno que origina una circulación perimetral, y una terraza que introduce vegetación y luz natural. La visión de Bardo se completa por los objetos que componen el entorno: piezas de Verner Panton, Aldo Rossi, el mencionado Gaetano Pesce o Ronan y Erwan Bouroullec, que conviven con obras de Fuensanta Sobejano, Miju Lee, Alejandro Jabaloyas o Raúl Galán.


Una macedonia de colores, épocas, materiales y geometrías que muestran cierto apego al espíritu del Grupo Memphis, latente en el eclecticismo que sobrevuela la intervención. Bardo Arquitectura deja claro que no es necesario inventar una nueva tipología si se aplica otra perspectiva a lo que ya existe. Y eso termina siendo Casa Macedonia: una promenade architecturale de irreverencia y teatralidad en un apartamento que evita comprenderse de un vistazo para entenderse avanzando por él escena a escena.

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¿Qué fue el Grupo Memphis y cómo revolucionó el diseño de interiores?
Fundado en 1981 en Milán por Ettore Sottsass, el Grupo Memphis fue un colectivo de arquitectura y diseño industrial que desafió frontalmente el minimalismo y el buen gusto burgués de la época. Se caracterizó por el uso de colores estridentes, geometrías asimétricas, estampados kitsch y materiales industriales (como el laminado plástico). Su enfoque lúdico y transgresor buscaba provocar emociones, sentando las bases del diseño radical que hoy recuperan estudios contemporáneos.
¿Cuál es la filosofía de Bardo Arquitectura frente al diseño residencial actual?
Bardo Arquitectura huye de la estandarización y la neutralidad cromática (el clásico ‘todo al blanco’ o tonos beige) que ha dominado el interiorismo residencial reciente. Su filosofía entiende la vivienda como un espacio narrativo y escenográfico. Mediante la integración de arte, mobiliario audaz y geometrías vibrantes, el estudio construye refugios domésticos con una identidad visual muy potente que priorizan la experiencia emocional y lúdica de quienes los habitan.











