Hasta el próximo día 3 de mayo podemos ver en el Centro Cultural Fernando Fernán Gómez, dentro de la programación del Madrid Design Festival 2026, la exposición André Ricard. Diseño en uso: la mayor y más completa retrospectiva dedicada a este diseñador de producto. Una muestra donde se proyecta una selección de objetos cotidianos ordenados según su ámbito de uso, proponiendo así una visión global de la trayectoria de uno de los protagonistas fundamentales en la historia del diseño industrial en España.
Historia del diseño español en el Madrid Design Festival 2026
Junto a Miguel Milá —de quien hace un par de años se pudo ver una exposición similar dentro del MDF—, André Ricard es considerado uno de los pioneros del diseño español. Lo fue en una época, la de mediados del siglo pasado, en la que la profesión ni siquiera estaba definida nominalmente y en la que su percepción, reconocimiento y valoración por parte del sector empresarial y de la propia sociedad eran prácticamente inexistentes. Se aprecia en el cronograma que abre la retrospectiva André Ricard. Diseño en uso en el Centro Cultural Fernando Fernán Gómez donde, además de recoger los hitos personales y profesionales de Ricard, se despliega una bibliografía abundante en la que destacan catálogos y monografías dedicados a su obra, así como los numerosos libros en los que el diseñador catalán se revela como un teórico, pensador y divulgador profundo de la actividad proyectual de esta disciplina.

Esa dimensión intelectual, sumada a su trabajo como articulista, conferenciante, comisario y promotor de eventos, ofrece una visión completa de un profesional en el que técnica y humanismo alcanzan un equilibrio preciso. Un perfil —por desgracia cada vez menos frecuente— donde teoría y práctica confluyen con naturalidad y hasta cierta lógica, y que ejemplifica perfectamente la definición que Juli Capella hace del diseño: “Pensar antes de hacer”. En esa misma línea, y con cierta licencia dramática, puede recurrirse a la figura de su coetáneo Miguel Milá —sin entrar en comparaciones— como punto de apoyo para perfilar la esencia de la manera en que Ricard entiende y afronta sus proyectos.


A Miguel Milá era fácil imaginárselo en su taller, con una camisa de franela arremangada hasta el codo, con unos alicates o un serrucho en las manos, intentando dar respuesta a un problema práctico del día a día. Una solución aplicable a alguna de sus propuestas que, al comercializarlas, haría más fácil nuestra vida cotidiana. A André Ricard es más plausible visualizarlo con un elegante traje o, quizás, con camisa —arremangada apenas hasta el antebrazo—, empuñando una pluma o un bolígrafo con los que bocetar alguno de sus sencillos diseños, tomar notas para un libro o redactar un artículo, sobre todo gracias a su profunda capacidad de observación.

Encontramos así dos modos de afrontar un encargo. La de Milá, más ligada al contacto con los materiales, a sus posibilidades, requerimientos y limitaciones, se acerca al acto de diseñar manualmente. La de Ricard, en cambio, parece apoyarse en una reflexión previa más acentuada. Pero en ambos casos, la mano sirve como el elemento vehicular que conecta pensamiento y acción, mente y cuerpo. En Milá podría hallarse un referente poético en el verso de Miguel Hernández que dice: “La mano es la herramienta del alma” y, en Ricard —más filosófico—, se podría ver en el aforismo de Heidegger por el cual “el pensamiento es una actividad manual”.

André Ricard: funcionalidad sin alardes
Al centrar la mirada en esta exhibición, cabe destacar el acierto de su título, que subraya e incide en una cualidad primordial del trabajo de Ricard —y, por extensión, de cualquier objeto que recurra al diseño como herramienta—: la usabilidad. Es decir, la primacía del componente funcional sobre las cuestiones formales —necesarias, desde luego, aunque con demasiada frecuencia sobredimensionadas hasta degradarse en mera estética o, peor aún, en cosmética—, con la salvedad del ámbito del perfume y la colonia, donde los condicionantes del marketing y la construcción de marca suelen imponerse.

El mismo título de la presentación se ha tomado aquí como referencia, con la adición de un “todavía” que amplía el campo de acción temporal de muchas de las piezas que pueden verse en André Ricard: Diseño en uso. Desligadas de modas y tendencias —y concebidas algunas hace bastantes décadas—, podrían seguir empleándose hoy —o podrían, si siguiesen comercializadas— en hogares y oficinas de cualquier ciudad o pueblo. Objetos susceptibles de adquirirse tanto en un pequeño comercio de la España vaciada como en una plataforma digital. Desde ese silencioso anonimato, con una apariencia sutil y discreta, muchas creaciones de Ricard han acompañado el entorno vital de muchas generaciones sin que nadie las identificara como “de diseño”, cuando ese concepto ni siquiera se había sido acuñado.

Es un placer visitar una retrospectiva en la que se nos enseña precisamente eso: diseño sin artificios, con minúsculas, sin adjetivos añadidos, un diseño que fue —y sigue siendo— “normal” antes incluso del Super Normal de Morrison y Fukasawa, y que ha sabido mantenerse en esa condición de ordinario —en la primera acepción que recoge la RAE— dentro de ese territorio de lo infraordinario al que aludía Perec.

Un diseño que, por otra parte, no necesita ser encumbrado a la categoría de arte o de moda —e incluso de sucumbir a esa manía de tildar de artístico cualquier actividad creativa del ser humano—, porque acaban, con frecuencia, por desdibujar y opacar los valores propios de la disciplina que se pretende ensalzar.

Al recorrer la muestra —y, más en concreto, al leer sus cartelas— hay que resaltar un hecho contiguo al de considerar objetos cotidianos como objetos diseñados en su sentido expositivo o museográfico. Se trata de la existencia —todavía escasa en España— más allá de museos y grandes instituciones del coleccionismo de diseño, ejemplificado aquí en la figura de Alejandro Mena. Su descubrimiento de la sencillez y eficacia del cenicero Copenhagen del propio Ricard lo condujo, con el tiempo, a convertirse a día de hoy en una de los mayores coleccionistas privados de su obra. Nos encontramos, en definitiva, ante una exposición que permite plantear —tomando como punto de partida la conocida conferencia de Heidegger Construir, habitar, pensar— una formulación que condensa lo que debería ser el diseño y que tan bien ejemplifica el trabajo de Ricard. Algo así como que “no usamos porque hemos fabricado, sino que fabricamos en la medida que usamos; así, el objeto se convierte en el ente de conformación de individuos [y de una sociedad]”.
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