Waterhouse

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En el Bund, la actual zona de moda de Shanghái, el viajero sibarita puede encontrar un lugar a la altura de sus exigencias en materia de arquitectura y diseño interior. Se trata del Waterhouse, un antiguo cuartel militar reconvertido en espacio hotelero gracias al trabajo de los jóvenes arquitectos chinos Lyndon Nery y Rossana Hu.

La palabra couture (costura en castellano) es ahora la varita mágica del mundo del diseño interior para transformar un lugar en algo único y exclusivo. Aplicado a  un hotel como el Waterhouse de Shanghái, el término denota sobre todo originalidad y estilo, y anuncia un conglomerado de acciones arquitectónicas y de diseño sin parangón. Si añadimos a este hotel otro galicismo, el de boutique, nos encontramos con un lugar hecho a medida para viajeros cosmopolitas deseosos de vivir nuevas experiencias en los ámbitos de la arquitectura y el diseño.

La memoria estilística

El Waterhouse aúna todas estas connotaciones gracias al trabajo del estudio NHDRO, dirigido por Lyndon Neri y Rossana Hu. Situado en un antiguo cuartel japonés, el hotel se acopla a la estructura del edificio original como una segunda piel salvo por el último piso, donde una enorme pieza de acero cortén aloja el bar de la terraza: un añadido que recuerda los barcos atracados en los muelles cercanos a esta barriada de moda en la capital económica de China, y que crea un especial contraste con el hormigón envejecido de la construcción militar.

Visto desde fuera, el Waterhouse tiene traza de edificio deslucido y casi ruinoso. Una estrategia constructiva que pretende incorporar la “historia” arquitectónica del inmueble a los nuevos usos y que ya hemos visto en proyectos como el Neues Museum de Berlín, o el Matadero-Madrid: rehabilitación esta última, como su nombre indica, de los antiguos mataderos de la ciudad, reconvertidos hoy en escenario de diferentes espacios culturales y creativos.

Situado frente a Pudong, la orilla tecnológica e industrial de Shanghái, el hotel se alza en la margen oeste del río Huangpu en el corazón del Puxi, el área que ocuparon los franceses desde mediados del siglo XIX hasta la invasión japonesa en 1937. Construido en la década de los treinta, de aquella época se han respetado la distribución y el hormigón original, rugoso y ajado, que se conserva casi con afán historicista; eso sí, en un diálogo constante con las paredes rehabilitadas, enlucidas con un blanco deslumbrante. Ese mismo ejercicio de memoria estilística se ha realizado en el patio interior, al que dan algunas ventanas de las habitaciones. Ahí se actualiza el nong-tang, el callejón típico de los barrios de Shanghái, en una mezcla perfecta entre la tradición urbanística china y las influencias de las construcciones occidentales. La mano de los arquitectos se muestra en un ejercicio milimetrado: las ventanas que dan a este nong-tang son todas diferentes con distintas tonalidades y medidas; y las paredes de piedra dejan lugar a unos muros blancos que atraen la luz natural hacia ese rincón más íntimo de la urbe.

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Fotos: Derryck Menere

El diseño como referencia

Lyndon Neri y Rossana Hu se formaron en universidades y estudios de Estados Unidos. En 2004, instalaron en Shanghái su propia oficina que cuenta hoy con un equipo en el que se hablan más de treinta idiomas. También son los dueños de la tienda Design Republic que presenta lo mejor de los catálogos de Moooi y BD Barcelona, entre otras firmas de relevancia internacional. Para dichas marcas, diseñaron productos que también se contemplan en las pequeñas suites. Ambas facetas, la de arquitectos y diseñadores, se ven reflejadas en el interiorismo del hotel: por un lado, como hemos visto, respetando la estructura existente con precisión y refinamiento; y por otro, con la exquisita selección de los objetos y las piezas que componen cada una de las diecinueve habitaciones, y donde lo mejor del diseño internacional encaja admirablemente.

Cada suite es como un pequeño estudio cuyos muebles antiguos y restaurados conectan con las lámparas de Tom Dixon, con los arabescos de Marcel Wanders o con las creaciones de los propios Neri y Hu. Tal es el caso de los espejos Extend inspirados en las escaleras de bambú utilizadas tradicionalmente en las casas chinas. Por otro lado, en cada estancia se aprecia el empeño por crear un ambiente diferente: a veces la cama deja de ser el elemento central para atraer la atención hacia la bañera rodeada de mamparas de cristal; otras, se cede el protagonismo a un inmenso ventanal que permite mirar lo que ocurre en las zonas comunes. En este sentido, con las ventanas abiertas tanto al nong-tang como a la recepción, se desdibujan los límites entre lo privado y lo público ya que desde allí se puede ver lo que ocurre en algunas habitaciones (si no se corren las espesas cortinas) y desde las mismas se observa la vida de las áreas comunes. La decoración de estas últimas, por otra parte, obedece a los nuevos rumbos de un minimalismo flexible, por momentos casi espartano, y que queda puntualizado con elementos como la silla One de Konstantin Grcic en el bar de la terraza, o el candelabro neobarroco de Moooi en el hall de recepción. En definitiva, estamos ante un proyecto que dosifica con muy buen tino las referencias del diseño último, pero que sobre todo evidencia las posibilidades estéticas de intervenir lo menos posible un espacio arquitectónico envejecido.

Fotos: Derryck Menere y Tuomas Uusheimo y Pedro Pegenaute

Neri&Huwww.waterhouseshanghai.com

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