Nomad Studio ha erigido Socarrado en mitad del Parque Natural Sabinares de Arlanza – La Yecla, en la provincia de Burgos; una instalación compuesta por troncos supervivientes del fuego, colocados concéntricamente y con la que buscan que no se olvide jamás el impacto medioambiental de los incendios rurales.
Una cicatriz de Nomad Studio
“De otra manera todo habrá sido en vano”, escribió el premio Cervantes José Emilio Pacheco en su poema El fuego. Porque la llamarada, cuando es de origen natural, no parece nunca tener un objetivo. Sin embargo, aquello casi carbonizado también posee la enorme resiliencia de haber sobrevivido. Y para que su sacrificio no sea solo una cifra más dentro de las hectáreas calcinadas, desde Nomad Studio han decidido darle un nuevo uso a lo quemado. Uno que provea de memoria al norte de España: una cicatriz de madera.

En 2022, tuvo lugar en el Parque Natural Sabinares de Arlanza – La Yecla uno de esos fuegos rurales que arrasó una vasta extensión de territorio. Pero para no olvidar que de la tragedia llega el renacimiento, el estudio artístico creó Socarrado: una estructura circular erigida íntegramente con troncos de enebro que fueron recuperados tras el incendio, siendo el músculo humano los vecinos, los voluntarios, comerciantes locales y otros colaboradores. Todos ellos fueron parte indispensable para la recolección y el montaje posterior.

La construcción site-specific invita a meditar silenciosamente sobre el paisaje pastoril que la rodea, sobre su pasado vulnerable y el futuro moldeado por los elementos atmosféricos e ingobernables. Cargado de simbolismo, Socarrado parece incidir en que la pérdida es solo una parte más del diálogo ritual que, con la naturaleza, ha atesorado durante años la zona. De ahí que la instalación, levantada cual cúpula de maderamen y resina, esté inspirada en una lobera; un armazón tradicional empleado por los mayorales, cabreros, rabadanes y pastadores de Castilla con el fin de proteger el ganado.

Socarrado. Un memorial de madera
El taller creativo de Nomad Studio entiende esta intervención como un modo de refugiar la memoria, para no perder nunca de perspectiva los ciclos de destrucción y regeneración de la tierra. Más allá de la herida visible del terreno, los tiempos contemporáneos terminan distanciando al ser humano del ecosistema que habita. Por eso idearon este gran anillo de 15 metros de ancho con los restos ennegrecidos, dispuestos de forma concéntrica: una configuración circular que genera una fortaleza de madera que, si bien ha sido testigo de las llamas, todavía conserva su mensaje renovador, salvífico, casi litúrgico.

El perímetro de enebro quemado, huella latente del fuego, otorga así otro peso al poco sol que deja pasar. Lo hace en su centro, a través de una cavidad de tres metros de diámetro, a la manera de las cámaras abovedadas de antaño. Una abertura al cielo que difumina los haces de luz que se entrometen entre la densidad de los elementos recogidos. Fueron las propias personas autóctonas de la zona las que comprendieron el impacto de la empresa y, con su hazaña, instaron y consiguieron que las autoridades de Burgos mantuviesen Socarrado, a pesar de que el plan original era desmantelarla, dado que había sido concebida como parte de la Exposición No Comisionada por Novo Collective en Santo Domingo de Silos para la reflexión sobre comunidad y entorno.

“Una desolación, un regreso a lo natural, un refugio dentro de un paisaje hostil”. Así lo definió el músico londinense William Kingswood tras su visita, dado que este mismo 2026 el sitio acogerá ergo IGNIS: una acción performativa en la que, con la colaboración de otros artistas autóctonos, buscará la energía comunitaria como ritual de consciencia sobre lo que rodea a Socarrado.

Geometría, naturaleza, silencio y reflexión también confluyen en la obra Shrine of Triskele, que Hajime Yoshide ha dispuesto en Toga.







