Paul McCarthy en Bowman Hal: el festín de lo abyecto y el fascismo como espectáculo

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Paul McCarthy aterriza en la galería Bowman Hal con un imaginario saturado de detritos culturales pop, fluidos corporales y traumas históricos. Bajo el título A&E, Adolf/Adam & Eva/Eve, Drawing Sessions, el artista de Los Ángeles ha transformado el espacio CSV de la Colección SOLO de Madrid en un laboratorio de disección, donde la civilización occidental muestra sus costuras fétidas.

El entretenimiento como ideología en Bowman Hal

Estamos ante el registro de lo pop como infección. McCarthy, que desde los sesenta se empeña en reventar los límites de la pintura y el objeto artístico, utiliza el exceso como bisturí. En esta ocasión, su alianza con la actriz alemana Lilith Stangenberg eleva el listón de la provocación intelectual. Juntos se han zambullido en un juego de espejos deformantes donde el dibujo emerge como el residuo físico de una batalla performática. El resultado, un rastro crudo de acciones en vivo ejecutadas bajo un estado de trance e improvisación, se sostiene sobre esa inestabilidad.

Paul McCarthy, Colección SOLO 7Bowman Hal
Paul McCarthy ©paconeumann

El acrónimo A&E es una trampa semántica ideada para desestabilizar al espectador. Al mezclar a Adolf Hitler y a Eva Braun con Adán y Eva —rematando la ecuación con el concepto de Arts & Entertainment—, McCarthy dinamita la distancia entre el horror histórico y el consumo de masas. En este cortocircuito de códigos, el fascismo deja de ser un capítulo cerrado en los libros de texto para imponerse como una máquina de deseo que sobrevive camuflada en la publicidad y en la iconografía de Hollywood. La muestra se estructura en tres estratos articulados como un sistema de desplazamientos: Adán y Eva como origen, Adolf y Eva como exposición frontal y Arts & Entertainment como disolución del fascismo en la lógica del entretenimiento, ya sin necesidad de uniforme temible. Que esta propuesta se gestara entre 2020 y 2022 intensifica su resonancia con el presente.

Paul McCarthy, Colección SOLO 7Bowman Hal
Paul McCarthy ©paconeumann
Paul McCarthy, Colección SOLO 7Bowman Hal
Paul McCarthy ©paconeumann

En las sesiones de dibujo, McCarthy encarna a un Adolf que es, simultáneamente, un Adán bíblico y un bufón con aire de turista desorientado, cercano a la figura grotesca de Ignatius Reilly. Stangenberg, por su parte, transmuta de Eva Braun a la Eva del Génesis, fusionando su identidad con la de Marilyn Monroe. Los roles se contaminan: el opresor es también la víctima; el padre es el hijo; lo estadounidense se infecta de lo alemán. Este cruce de fantasías americanas y cuerpos europeos genera una tensión constante entre geografías, identidades y relatos históricos. Alemania y Estados Unidos se proyectan mutuamente en una cadena de reflejos alterados. Es, en última instancia, una exploración feroz de la psicología colectiva del fascismo, inspirada en las teorías de Wilhelm Reich y en la atmósfera psicosexual de El portero de noche, una de las películas predilectas de ambos artistas y detonante de su colaboración.

Paul McCarthy, Colección SOLO 7Bowman Hal
Paul McCarthy ©paconeumann

El fascismo según Paul McCarthy

Las quince obras de gran formato que ocupan la sala capturan ese choque de perfiles. Los dibujos surgen de encuentros performativos entre Stangenberg y McCarthy, como residuos directos de la acción, cuya documentación en vídeo acompaña la exposición. Mediante trazos expresionistas, el californiano prioriza el proceso sobre la resolución estética. El papel recoge esa energía sin filtrar, compuesta de líneas abruptas, contornos deformados, manchas, huellas dactilares, escenas que parecen comprimidas en plena descomposición. Asoman también palabras e insultos, inscritos en el soporte como parte de la intervención.

Paul McCarthy, Colección SOLO 7Bowman Hal
Paul McCarthy ©paconeumann

Estas piezas funcionan como dispositivos críticos que exponen lo que late bajo la superficie de la sociedad civilizada: agresión, sexualidad, ridículo. Los personajes representados mutan continuamente. La política en el universo de McCarthy es absorbida por el mecanismo del espectáculo y circula entre hamburguesas, series, publicidad y mitologías pop. Al exhibir a los dictadores y a los mitos fundacionales como figuras satirizadas, el artista nos obliga a encarar nuestra propia tendencia metafísica a la sumisión y al deseo de autoridad vertical. El fascismo como parque temático es el lugar donde la cultura pop deviene caldo de cultivo de nuestras pesadillas compartidas.

Paul McCarthy, Colección SOLO 7Bowman Hal
Paul McCarthy ©paconeumann

Sin embargo, cabe preguntarse si la maquinaria de excesos de McCarthy no ha terminado por volverse, en su propia insistencia, un hábitat familiar para el público iniciado. Cuando la abyección se convierte en firma, el gesto transgresor corre el riesgo de ser engullido por el mismo circuito que pretende desenmascarar. La cuestión que flota en la sala de Bowman Hal es si la incomodidad que provoca McCarthy sigue siendo una herida abierta o si, para una parte de su audiencia, se ha transformado en un territorio ya domesticado, donde el escándalo se perfila como un placer más dentro del catálogo de experiencias que el mercado del arte está dispuesto a certificar.

Paul McCarthy, Colección SOLO 7Bowman Hal
Paul McCarthy ©paconeumann

En cualquier caso, a sus casi ochenta años, el creador que empezó usando mayonesa y kétchup como materiales pictóricos mantiene intacta su capacidad de perturbación. Inquietante y mordaz, A&E —entrada gratuita bajo registro online hasta el 16 de mayo— evidencia las corrientes subterráneas que recorren la esfera contemporánea y nos apremia a reconocerlas. Porque el espectáculo no es ya una función a la que se asiste, sino el entorno en el que estamos inmersos. El arte, la política y el entretenimiento llevan tiempo durmiendo en la misma cama, y McCarthy se atreve a levantar las sábanas.

Paul McCarthy, Colección SOLO 7Bowman Hal
Paul McCarthy ©paconeumann

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