Arquipeluquitas (Hairchitecture)

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Vivimos en la era de la fusión. Es un hecho, a los contemporáneos nos flipan los procesos de asociación. Hablamos a diario de integración nuclear, gastronómica, musical, empresarial… En definitiva, debatimos sobre un sinfín de combinaciones reales y posibles. La fusión no es otra cosa que una mezcla entre dos o más elementos ya existentes que tienen como resultado un sujeto aparentemente nuevo, por lo que llego a la conclusión precipitada de que la creación actual podría resumirse en una constante disolución. Una pena.

En realidad no es tanta la tristeza que nos rodea, pues conviven proyectos de fusión realmente interesantes a nivel cultural, artístico, social -no tanto en el ámbito político y económico-, con otros que podemos considerar irónicamente propuestas extraterrestres. La protagonista de este artículo, por suerte o por fortuna, es miembro indiscutible del segundo grupo, el de los absurdos.

Nacida de la fiebre por los batidos conceptuales la Arquipeluquitas, como he rebautizado a la Hairchitecture, tiene como ingredientes únicos arquitectura y pelo. Como resultado: algo inquietante. En palabras de mi madre “ridículo”, no menos que las construcciones con palillos, aunque este mal de muchos no sirve esta vez como excusa para pasar por alto esta feria FAHR en la que conviven jóvenes arquitectos de Portugal con el estilista capilar Fulgêncio Augusto, cabecilla y único responsable de este invento cercano a la brujería.

En palabras del peluquero responsable del desafortunado encuentro -que va por su segunda edición- “la exhibición tiene como objeto abordar nuevas áreas de experimentación en la peluquería con una fuerte influencia de la arquitectura”. Una unión entre áreas, a mi entender, lógica pero mal enfocada. Excesivamente voluminosa y aparatosa, poco práctica.

La edición de 2013 se inspiró en la Arquitectura brutalista de Le Corbusier, Bo Bardi y Niemeyer. Se vieron formas lineales y estructuras orgánicas de volúmenes afilados como en las obras de los citados. Todo un despropósito confundir la esencia con la reconstrucción.

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