Aires Mateus. La nueva arquitectura portuguesa

Casa em Leira. Aires Mateus. Nueva arquitectura portuguesa. Foto Fernando Guerra
Casa em Leira. 2010. Foto Fernando Guerra

Abstractas y precisas, las creaciones del estudio de arquitectura de los hermanos Aires Mateus nos invitan a acariciar un universo rebosante de espacios poéticos. ROOM Diseño se ha sumergido en el proceso creativo del máximo exponente de la nueva arquitectura portuguesa, para descubrir los lazos entre memoria, arquitectura y emoción.

Casa em Leira. Aires Mateus. Nueva arquitectura portuguesa. Foto Fernando Guerra
Casa em Leira. 2010. Foto Fernando Guerra

Cuando Velázquez pintaba Las Meninas, sabía que el retrato era casi lo de menos. En realidad, lo que intentaba plasmar era algo intangible. Una atmósfera, la densidad de un espacio, el aire. Este interés por las cualidades de lo que contienen cuatro paredes, conforma el corpus de los hermanos Aires Mateus, para los que su primer apellido no podía ser más premonitorio. Su trabajo es un laboratorio de experimentación, donde los elementos constructivos desaparecen para dejarnos llevar en un viaje sensorial apasionante. Desde Madrid hemos charlado con Manuel Aires Mateus en Portugal sobre todo lo que envuelve a su arquitectura: el límite del espacio y cómo definirlo.

Casa em Alcobaça. 1010. Aires Mateus. Nueva arquitectura portuguesa
Casa em Alcobaça. 1010. Foto: Fernando Guerra

ROOM Diseño.- Vuestro padre era arquitecto y vuestra madre pintora. ¿Cómo os influyeron sus profesiones?
Manuel Aires Mateus.- Creo que ella nos influyó mucho más, porque tenía un grupo de amigos, artistas de todo tipo de disciplinas, que eran nuestro entorno habitual de convivencia. Un ambiente en el que nos educamos, y en el que todos tendíamos de manera natural hacia una carrera artística. Mi hermano Francisco y yo estudiamos arquitectura, y fundamos dos estudios que funcionan de manera paralela.

Casa em Alcobaça. 1010. Aires Mateus. Nueva arquitectura portuguesa
Casa em Alcobaça. 1010. Foto: Fernando Guerra

R. D.- ¿Por qué dos?
M. A. M.- Tener dos oficinas pequeñas nos permite que su gestión sea más simple que un gran estudio y que podamos concentrarnos en lo importante e interesante de la arquitectura.

Casa em Alcobaça. 1010. Aires Mateus. Nueva arquitectura portuguesa
Casa em Alcobaça. 1010. Foto: Fernando Guerra

R. D.- ¿Y cómo organizan el trabajo?
M. A. M.- Más que trabajar a cuatro manos decidiendo detalles en proyectos concretos, lo que compartimos es una búsqueda. Lo que nos gusta es debatir distintas posibilidades de investigación, porque no concebimos la arquitectura como algo cerrado.

Casa em Alcobaça. 1010. Aires Mateus. Nueva arquitectura portuguesa
Casa em Alcobaça. 1010. Foto: Fernando Guerra

Estos dos lisboetas exploran desde hace casi treinta años temas fundamentales de la arquitectura. A menudo se describe su obra como escultórica, reconociendo el valor plástico de sus volúmenes, pero obviando una profunda reflexión acerca de cómo ampliar las posibilidades de la vida en sus espacios. Sus propuestas son abiertas, nada deterministas y preparadas para albergar lo inesperado. Invenciones carentes de manual de instrucciones, pero rebosantes de emoción y capacidad de sugestión.

Casa em Alcobaça. 1010. Aires Mateus. Nueva arquitectura portuguesa
Casa em Alcobaça. 1010. Foto: Fernando Guerra

R. D.- La crítica especializada habla a menudo de un cierto “estilo” en vuestras obras.
M. A. M.- Nos preocupa que la gente reconozca nuestros proyectos, en el sentido de que identifiquen los rasgos más banales de su imagen. Por eso intentamos constantemente buscar nuevas materialidades o maneras distintas de abordar programas. Porque la forma es para nosotros sólo una consecuencia, nunca un fin.

Common Ground. Bienale de Venezia. Aires MAteus. Arquitectura portiguesa
Common Ground. Bienale de Venezia. 2012

R. D.- Formas que la gente utilizará.
M. A. M.- Claro, es que la arquitectura, a diferencia de la escultura o la pintura, es una obra de arte inacabada. Piensa en un museo, que no está concluido hasta que no llega la colección y la gente va a visitarlo. Falta la vida que lo habita para completarlo. Todo lo que hacemos es tan sólo un soporte para otras permanencias.

Casa no Tempo. 2010. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa no Tempo. 2010. Foto: Nelson Garrido

R. D.- ¿Cómo se planea ese soporte?
M. A. M.- Por ejemplo, la residencia de ancianos de Alcácer do Sal, que tiene un aspecto funcional muy claro (es casi una máquina hospitalaria), parte de una lectura atenta de la vida de una micro-sociedad con reglas propias. La reducida movilidad de sus habitantes obliga a convertir cada desplazamiento en una experiencia diferente y emocionante.

Casa en Aroeira. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa en Aroeira. 2010. Foto:Fernando Guerra

R. D.- ¿Qué introducís para enriquecer esa experiencia?
M. A. M.- El corredor se quiebra y se abre al paisaje en multitud de puntos, porque ese pasillo va a ser recorrido infinitas veces por los ancianos que viven allí. Creamos ensanchamientos que deben ser lugares de encuentro, sorprendentes y abiertos a distintos modos de vivir. Convertimos el recorrido en vida y su tiempo, en forma.

Casa en Aroeira. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa en Aroeira. 2010. Foto:Fernando Guerra

La vivienda de la familia Fisher, propietarios de la funeraria de A dos metros bajo tierra, ponía de manifiesto la hermética psicología de sus habitantes. Desde el corazón de la casa, la cocina, se relacionaban con el exterior tan solo a través de un semi-exterior controlado (porche-sala de televisión). Dejando de lado los trastornos de los Fisher, este tipo de manipulaciones pueden ser planteadas creativamente en multitud de formas como dispositivos protectores de la intimidad o como generadores de relaciones inusuales.

Casa en Aroeira. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa en Aroeira. 2010. Foto:Fernando Guerra

M. A. M.- Hemos trabajado siempre alrededor de la idea de que los límites del espacio se construyen, son matéricos, pesados. Que tienen interior y exterior, que se habitan. No pueden ser una línea ni un hilo, esta es una idea errónea, irrealizable en arquitectura. Un límite es siempre un campo.

R. D.- En la casa en Alcobaça, por ejemplo.
M. A. M.- Ahí se formaliza como una tensión entre los muros que había en el terreno y la nueva construcción que implantamos entre ellos. Creamos una barrera protectora, que abriga la intimidad de la vivienda y la salvaguarda de un entorno poco atractivo.

R. D.- Pero no siempre utilizáis los mismos recursos.
M. A. M.- Ahora trabajamos en una línea de proyectos diferentes, en los que las mismas inquietudes se materializan de manera distinta, buscando una definición del espacio tan sólo con dos elementos: un suelo y un techo. El reto consiste en cómo un cielo y un terreno pueden dibujar completamente la espacialidad.

Casa en Alentejo. AIres Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa en Alentejo. 2015. Foto. Fernando Guerra

R. D.- Este tipo de acciones, ¿generan nuevas interpretaciones?
M. A. M.- Sí, por ejemplo en el Centro Musulmán de Burdeos. Las relaciones con Dios, que en otras religiones son verticales, en la tradición islámica son horizontales. Nuestro desafío ha sido cómo traducir esta idea en espacio. Un lugar de contemplación con una dimensión simbólica que te conecta con el absoluto.

Casa en Alentejo. AIres Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa en Alentejo. 2015. Foto. Fernando Guerra

Para Manuel Aires Mateus la arquitectura se hace con elementos banales: muros, ventanas, tejados. El talento reside en combinarlos de una manera particular para darle a una construcción una cuarta dimensión, el tiempo. Pero añaden aun una más, y van cinco: la memoria personal de lo vivido. Paseando por sus edificios, un erudito recordaría unas termas romanas o las esculturas de Chillida, mientras que un labrador encontraría referencias a las casas tradicionales o a las cuevas de su pueblo. La experiencia es rica para todos y a múltiples niveles.

M. A. M.– Queremos que la gente se aproxime a nuestra obra desde su preconcepción y la mire, aprecie y sienta de un modo distinto. Reconocer y comprender una realidad, que es física pero también cultural, que está archivada en nuestra memoria, en la historia o en la teoría del arte. Transformar el acto de “reconocer” en acto de “revivir afectivamente”.

Casa en Alentejo. AIres Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa en Alentejo. 2015. Foto. Fernando Guerra

R. D.- ¿Y cómo lográis convertir algo tan abstracto en un proyecto?
M. A. M.- Es lo que trabajamos, por ejemplo, en la instalación de la Bienal de Venecia Common Ground. Cuando lo miras no sabes bien lo que es, pero de alguna forma es un lenguaje común para todo el mundo. Ves cúpulas, el oro, el mar, el infinito. Pero nosotros lo ordenamos de una manera inesperada. Al mirarlo, vienen a ti todas tus memorias vividas que te permiten interpretar el objeto, reconocerlo de una manera obvia pero intransferible, profundamente ligada a tus vivencias.

Casa en Alentejo. AIres Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa en Alentejo. 2015. Foto. Fernando Guerra

Dotadas de un lenguaje formal absolutamente contemporáneo, las obras de Aires Mateus establecen un dialogo natural con su entorno, ya sea antiguo, degradado, rústico o natural. Paradójicamente, estos excepcionales diseños parecen como si siempre hubieran estado allí. Desprendiendo una desenvoltura optimista que invita a imaginar infinitas vidas posibles. Porque recorrer las obras de Aires Mateus es una travesía que supone muchos viajes a la vez. Por la geografía de lo que hemos vivido, por la historia de la arquitectura, por nuestras topografías emocionales, por realidades insólitas, por la cultura del vivir… O, sencillamente, por la memoria del espacio.

Casa en Alentejo. AIres Mateus. Arquitectura portuguesa
Casa en Alentejo. 2015. Foto. Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra
Escuela Vila Nova da Barquinha. Aires Mateus. Arquitectura portuguesa
Escuela Vila Nova da Barquinha. 2006. Foto: Fernando Guerra

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