El tándem de Arquimaña ha intervenido un antiguo local del barrio de Gros, en Donostia-San Sebastián, para construir la oficina compartida de Sangre y Estudio Primo. Un cóctel de hormigón, metal, madera e instalaciones a la vista que conforma un lugar abierto a los cambios.
La belleza de lo encontrado en una oficina contemporánea
Cada vez son más los espacios que se abandonan a la aspereza de su estado primigenio; que abrazan el material en bruto y su configuración originaria sin esconder la infraestructura que los sostiene. Una especie de inclinación hacia el nudismo arquitectónico, muy en la línea del concepto as found que desarrollaron los británicos Alison y Peter Smithson, y que encontró una de sus expresiones más elocuentes en la exposición This Is Tomorrow, celebrada en 1956 en la Whitechapel Art Gallery, con la instalación Patio and Pavilion. En aquel tótem de honestidad constructiva, los elementos encontrados tenían la misión de mostrar frente al público la crudeza de la realidad urbana. Su defensa de una “nueva manera de mirar lo ordinario” depositaba en lo prosaico la capacidad de activar la inventiva. No se trataba de celebrar la ruina, sino de descubrir qué podía hacerse con aquello que otros ya habrían descartado.

En el barrio de Gros, en Donostia-San Sebastián, algo de aquella visión encuentra un eco en la rehabilitación que Arquimaña ha llevado a cabo para convertir un antiguo local en una oficina compartida. En lugar de imponer una transformación absoluta sobre la configuración existente, el estudio donostiarra ha intervenido desde la contención, despojando antes que añadiendo y reduciendo su paleta a la neutralidad del hormigón, el metal y la madera. El enclave resultante acoge dos disciplinas creativas diferentes bajo una misma identidad espacial: la agencia de creación musical Sangre y el equipo de diseño gráfico Estudio Primo. Y, para ambos, Arquimaña ha propuesto lo que define como un “lienzo neutro”: un entorno de trabajo afín a nuestro tiempo que se libera capa por capa hasta convertirse en un contenedor abierto, dispuesto a asumir el crecimiento y las transformaciones venideras. Una despedida arquitectónica a la rigidez de los antiguos ambientes laborales.


Dos estudios en una arquitectura de Arquimaña
La convivencia de Sangre y Estudio Primo hace de la oficina un pequeño hábitat liderado por el diseño en distintas vertientes —gráfica, musical y comunicativa— y que comparten una mirada que se extrapola a este búnker profesional. Es por ello que la anterior compartimentación del local desaparece para favorecer las relaciones visuales, la entrada de luz y la conexión entre sus dos alturas, que Arquimaña ha establecido según distintos grados de intimidad. La planta baja se encarga de concentrar la vida común: puestos compartidos y reuniones cohabitan con zonas para presentaciones, exposiciones o eventos, ampliando la idea convencional de un simple lugar de trabajo. Pero es en el nivel superior donde el ritmo vira hacia lo privado, con puestos individuales, áreas de lectura y descanso y una cabina acústica para videollamadas.


Entre ambos escenarios, una gran librería concebida a medida se presenta como la columna vertebral de toda la propuesta, acompañando el recorrido y dando sentido a las dos alturas. Un mueble que ejerce como una pequeña arquitectura dentro de la propia arquitectura. A su alrededor, Arquimaña reduce deliberadamente el vocabulario matérico: hormigón rugoso, estructura metálica e instalaciones vistas, como un conducto amarillo que recorre el techo como una inesperada línea gráfica. Una intervención donde se permite a las propias huellas de la construcción que terminen de dar carácter al enclave. Una apuesta que nos conduce a esa “nueva manera de mirar lo ordinario” que defendían los Smithson y que hace que la oficina de Sangre + Primo no fetichice las cicatrices anteriores del enclave, sino que reconozca en ellas la posibilidad de construir algo nuevo.

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¿Cuál es la filosofía del estudio de arquitectura y diseño Arquimaña?
Arquimaña, fundado por Iñaki Albistur y Raquel Ares en el País Vasco, es un estudio que opera en la frontera entre la arquitectura, el diseño industrial y el movimiento ‘maker’ (fabricación digital). Su filosofía destaca por el uso honesto de los materiales, el desarrollo de soluciones constructivas vistas y una profunda creencia en el diseño abierto, adaptable y libre de ornamentos innecesarios.
¿Por qué la estética industrial y las instalaciones a la vista dominan el diseño de oficinas actuales?
Desnudar el espacio dejando a la vista el hormigón, los conductos de ventilación y las bandejas eléctricas responde a una doble necesidad contemporánea: honestidad material y flexibilidad radical. Al no ocultar la infraestructura bajo falsos techos, se maximiza la altura y amplitud espacial, se facilita el mantenimiento o la adaptación futura del local (algo clave en agencias creativas o coworkings) y se logra una estética cruda que estimula la creatividad sin distracciones.











