Alchimia. El diseño italiano que nos salvó de la máquina

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En el marco del Madrid Design Festival y hasta el 14 de marzo, el Palacio de Abrantes acoge una retrospectiva del colectivo Alchimia. Más que una exposición de mobiliario, la muestra es una balsa de resistencia que conecta la agitación de los años 70 con la incertidumbre de 2026. Un viaje por la ironía, el kitsch y la libertad creativa de Alessandro Guerriero.

La deserción de la fórmula del diseño italiano

Para comprender la irreverencia de las piezas expuestas en el Istituto Italiano di Cultura de Madrid, del colectivo Alchimia, probablemente deberíamos volver a 1976. Políticamente, Italia estaba fracturada por los Anni di Piombo (Años de Plomo). La calle olía a gas lacrimógeno y el aire vibraba con la polarización extrema, la sombra de las Brigadas Rojas y las huelgas masivas. El optimismo del “milagro italiano” se había evaporado, dejando atrás un diseño institucional —el Bel Design— que se había vuelto rígido y servil a una industria obsesionada con la serie perfecta.

Collezione Modulando. Foto: Occhiomagico
Collezione Modulando. Foto: Occhiomagico

Alchimia nació entonces como un acto de deserción. Mientras las ciudades ardían, los hermanos Guerriero y su constelación de rebeldes —Alessandro Mendini, Ettore Sottsass, Michele De Lucchi, entre otros— decidieron que el diseño no podía seguir fabricando sillas impecables para un mundo que se desmoronaba. Si el racionalismo moderno había fracasado en dar soluciones emocionales, ellos responderían con lo que el filósofo turinés, Gianni Vattimo, llamó el “pensamiento débil”: una oda a lo fragmentario, lo efímero y lo decorativo frente a las grandes verdades absolutas de la arquitectura.

No es casual que esa reivindicación pasara por el ornamento. En 1908, Adolf Loos había sentenciado que “el ornamento es un delito cultural”, pero Alchimia invirtió esa lógica: la decoración ya no se percibe como un crimen, es, sobre todo, deleite. Allí donde el modernismo veía atraso, el colectivo milanés halla intensidad simbólica, ironía y placer. 

La rebelión de Alchimia en el Madrid Design Festival

El propio nombre del grupo condensa esa postura: “Alchimia” se opone a “Chimica”. La química separa, analiza, clasifica, mientras que la alquimia mezcla, transforma, contamina. Guerriero había iniciado estudios de química por voluntad paterna, abandonar esta vía fue el primer acto de rebelión que marcó el ADN del estudio. Aquel portazo a la exactitud de las fórmulas impuestas activó una guerrilla cultural trasladada al salón de casa. Fue la réplica directa al rigor de la Bauhaus: frente al mueble de acero tubular y geometría estricta, Alchimia reivindicó el error humano y el objeto artesanal. Al crear desde el afecto y no desde el manual técnico, se abolió el pacto aburrido entre la fábrica y el usuario; por esa grieta entró, sin pedir permiso, la posmodernidad.

The Proust Geometrica. Alessandro Mendini
The Proust Geometrica. Alessandro Mendini

Hasta el 14 de marzo, la exposición sobre este colectivo, dentro del marco del Madrid Design Festival, presenta un recorrido por las piezas más icónicas sobre una alfombra-balsa, ideada por el mismo octogenario Guerriero. Él mismo ama definir así esta escenografía activa que, anulando la lógica temporal, sumerge al visitante en un viaje a lo largo de casi dos décadas. La coexistencia entre el mobiliario anula la jerarquía, reflejando lo que ha sido el espíritu de Alchimia. En la primera planta del espléndido palacio de Abrantes, el sillón Proust inaugura la visita. Una elección coherente, ya que su creador, Alessandro Mendini, reinterpretó en el 1978 esta butaca neobarroca mediante una superficie puntillista aplicada a mano; un resumen intencional del grupo, que buscaba intervenir en la historia exagerando el ornamento y cuestionando la pureza formal.

A lo largo de la alfombra-balsa colorida, comparten protagonismo una serie de creaciones que han marcado la década de los 80 y han dictado un nuevo lenguaje que ha influenciado el campo del design, de la moda, de la artesanía y de la fotografía. Esa explosión de pigmentos ácidos, texturas kitsch y contornos que parecen un sueño es el resultado de una anarquía visual que reflejaba el caos social exterior, pero transformado en energía vital.

Oggetto Banale Coffee Pot. Alessandro Mendini
Oggetto Banale Coffee Pot. Alessandro Mendini
Redesign Marcel Breuer Poltrona. Alessandro Mendini
Redesign Marcel Breuer Poltrona. Alessandro Mendini

El kitsch como sabotaje y romanticismo anticomercial en Alchimia

Este exceso se erige como la aplicación práctica de la teoría de Abraham Moles: para el sociólogo francés, el kitsch se asocia al arte de la felicidad en la sociedad de consumo. En el proceso creativo, Alchimia abraza esta estética de acumulación convirtiendo lo funcional en portador de emociones y símbolos. La propuesta crítica irrumpe en la escena de aquellos años con un hedonismo rebelde; el kitsch era el caballo de Troya con el que el colectivo saboteaba el sistema desde dentro del living. Es ahí donde entran en juego los objetos banales. El estudio rescata lo cotidiano, lo ya existente y lo “vulgar” para recomponerlo por medio del adorno, demostrando que la importancia no reside en el valor industrial, sino en la carga sentimental de lo que se concibe.

Los diseños de Guerriero, situados a los lados de la plataforma, son barricadas de colores. Sin un hito de una evolución lineal, prevalece la lógica del laboratorio permanente, característica fundamental de Alchimia. Las dos salas de exhibición son un estallido visionario de elementos que conviven como extraños que han acabado compartiendo un mismo bote salvavidas. Todos lograron escapar de la mirada fabril siendo mitad muebles, mitad juguete, mitad manifiesto. Un ecosistema vivo originado por un grupo de autores que Guerriero acogía bajo una premisa casi inaudita: la renuncia al beneficio. En Alchimia no se perseguían los royalties ni la producción en serie, tan solo la agitación imaginativa; por eso a este laboratorio se sumaron nombres que luego serían instituciones, pero que allí operaban bajo un romanticismo anticomercial, una suerte de suicidio colectivo a nivel capitalista donde el éxito se medía en la capacidad de mantener intacta la libertad creativa frente al mercado.

Divano Kandissi, Bau-Haus collection I
Divano Kandissi, Bau-Haus collection I

Futurismo, música y la moda Neo-Pop en el Palacio Abrantes

Esta voluntad de intervención total surgió de una relectura del Futurismo. Alchimia se inspiró directamente en el manifiesto de Balla y Depero sobre la “reconstrucción futurista del universo”, pero le dio la vuelta: no buscaban celebrar la velocidad o la máquina, sino utilizar ese mismo lenguaje de explosión cromática para defenderse de la deshumanización que ya asomaba hace cincuenta años. Por eso, las ambientaciones de los vídeos y las fotografías funden el pasado remoto con el porvenir de plástico, la alta cultura con la basura televisiva, y el rigor arquitectónico con el juguete infantil. El videoclip Aristocratica de los Matia Bazar funciona como una extensión de su ideario, una estética que terminó por definir el imaginario de los años 80.

Pero la onda expansiva llegó también a los márgenes: bandas como, por ejemplo, los CCCP Fedeli alla linea capturaron esa combinación de punk, teatro y colores ácidos. En sus directos, la agitación política se encontraba con la geometría del grupo, transformando los escenarios en un laboratorio de resistencia. Este lenguaje total saltó a la calle de la mano de Elio Fiorucci, el rey de la moda Neo-Pop. Con él, Alchimia entró en las tiendas de neón, fundiendo la vanguardia con el consumo más descaradamente masivo. Ya no había fronteras entre un mueble, un disco o una prenda de ropa; todo formaba parte de la misma rebelión estética.

Mobile Infinito. Alessandro Mendini
Mobile Infinito. Alessandro Mendini

La muestra se cierra con el documental Santa Alchimia, dirigido por Marco Poma, fundador del grupo Metamorphosi. Más que un registro histórico, la cinta es una proclama visual que captura la coexistencia de objetos, bocetos y performances, evidenciando que el estudio no era una marca, sino un estado mental multidisciplinar. La película nos devuelve la voz de un colectivo que entendió el diseño como un campo de batalla ético.

2026: Alquimia para un futuro incierto

En este 2026 donde todo vuelve a sentirse incierto, la lección de Guerriero y de todos los componentes de Alchimia cobra una vigencia inesperada. Vivimos en una era de algoritmos predictivos y una funcionalidad digital que, a menudo, nos despoja de nuestra identidad más humana. Por esa razón, la exhibición se experimenta como un recordatorio político y estético de que el diseño no tiene la obligación de ser útil, sino que tiene el deber de ser libre. Alchimia nos enseñó que, cuando el mundo exterior se vuelve rígido, el objeto doméstico puede ser nuestra última trinchera de resistencia poética. Quizás, como aquellos pioneros, hoy también necesitemos volver a ser alquimistas para transformar nuestra propia incertidumbre en una nueva forma de belleza.

En este enlace puedes leer más artículos sobre otras exposiciones del Madrid Desing Festival.

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