Casa Alta. Arquitectura frente al Pacífico, Tunquén, Chile

ESTUDIO

Ubicada en lo alto de un acantilado en la costa chilena, Casa Alta ofrece unas vistas excepcionales al Océano Pacífico. Con un diseño que integra los espacios mediante el uso de acristalamiento de piso a cielo, permite disfrutar del paisaje de manera continua y sin interrupciones, convirtiéndolo en un espacio ideal
para actividades sociales y al aire libre.
La elección de materiales como la madera y la piedra enfatiza la armonía con el entorno natural, mientras que la estructura mixta de acero y hormigón garantiza la durabilidad y resistencia.

Casa Alta se emplaza en Tunquén, un balneario de la costa central de Chile ubicado a unos 90 kilómetros al noroeste de Santiago, en la Región de Valparaíso. Se trata de un territorio marcado por una fuerte presencia natural: quebradas profundas, acantilados que caen hacia el océano Pacífico, bosques esclerófilos, humedales cercanos y una vegetación costera resistente al viento y a la salinidad.

La vivienda, diseñada y construida por AFARQ, se sitúa en primera línea frente al mar, sobre un terreno de topografía compleja que se eleva aproximadamente 50 metros sobre el nivel del océano. Desde allí, las vistas son abiertas y extensas, dominando la bahía y el horizonte marino. Este contexto —a la vez imponente y frágil— fue determinante para pensar una arquitectura contemplativa y respetuosa, que no compite con el paisaje sino que se ofrece como un marco desde el cual habitarlo y observarlo.

Para el cliente tenía especial importancia contar con espacios que permitieran combinar actividades familiares con una intensa vida social, con la necesidad de maximizar las vistas, aprovechar la mayor cantidad de luz natural y resguardarse de los efectos del viento y del sol.

Desde esta decisión inicial surge la idea arquitectónica central del proyecto: un volumen longitudinal, de proporciones precisas —22 metros de largo por 9 metros de ancho— dispuesto perpendicularmente a la pendiente y paralelo al mar. Esta “caja” elevada se convierte en el elemento organizador de toda la vivienda.

En el nivel superior se ubican los dormitorios, concebidos como unidades independientes, cada una con su propio baño y balcón privado. Esta organización permite que todas las habitaciones disfruten de vistas panorámicas hacia el océano, generando una experiencia íntima y autónoma, cercana a la de un pequeño hotel frente al mar.

El nivel inferior, en cambio, se libera casi por completo para albergar los espacios sociales, aquellos destinados a la vida familiar y al encuentro con amigos. El acceso a la casa se produce a través de un patio interior de 15 x 15 metros, que actúa como antesala y corazón del proyecto. Este patio cumple un rol fundamental: es un espacio protegido del viento costero, íntimo y soleado, donde se concentran muchas de las actividades cotidianas y sociales.

Gracias a un sistema de ventanas retráctiles que se ocultan completamente en los muros, el patio se integra de manera fluida con el interior de la vivienda, borrando los límites entre adentro y afuera. Esta misma lógica se extiende hacia la terraza exterior, donde se ubican la piscina, el jacuzzi y un gran mirador. Patio, casa y terraza conforman así una secuencia espacial continua, adaptable a distintos momentos del día y del año.

La estructura de Casa Alta es mixta: muros y losas de hormigón armado se combinan con pilares metálicos que sostienen el volumen principal elevado. El hormigón se dejó a la vista, permitiendo que el paso del tiempo marque su superficie y revele su materialidad sin artificios. El moldaje de la losa se realizó con tablas dispuestas longitudinalmente, dejando una huella sutil que refuerza la dirección del volumen.

Los pilares metálicos fueron sometidos a un proceso de oxidación controlada y posteriormente protegidos, logrando un acabado envejecido que dialoga con el paisaje costero. En la planta baja, el volumen de servicios se reviste completamente en piedra, en tonalidades grises y cobrizas, reforzando la sensación de solidez y anclaje al terreno.

La madera tiene un rol protagónico en la atmósfera de la casa. El cierre del patio se realizó en roble pellín, traído desde el sur de Chile y dejado secar en obra antes de su instalación. El segundo nivel se reviste en raulí termotratado, protegido con aceites especiales para resistir las condiciones del entorno marino, aportando calidez y textura al conjunto.

La elección de los materiales respondió también a criterios prácticos. La lejanía del lugar y la dificultad de acceder a mano de obra especializada llevaron a privilegiar materiales nobles, durables y de baja mantención, capaces de envejecer con dignidad. La pátina del tiempo no se entiende aquí como deterioro, sino como parte de la honestidad del proyecto.

AFARQ Arquitectos

Estudio
AFARQ Arquitectos

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