Situado en una franja urbana donde la historia de Madrid se ha escrito en clave ferroviaria, Néra Living, la reciente intervención de Alfaro-Manrique Atelier para Greystar en el corredor Méndez Álvaro-Atocha. El estudio, liderado por Gema Alfaro y Emili Manrique, ha asumido el reto de diseñar un edificio de nueva planta donde las zonas comunes actúan como el verdadero centro de la comunidad.
La materia como infraestructura de Alfaro-Manrique Atelier
En la metrópolis contemporánea, el movimiento no es solo una condición física, sino un estado mental que devora la quietud. Habitamos lo que Marc Augé definió como “no-lugares”: espacios de tránsito donde la identidad se diluye entre andenes y terminales. En este escenario de velocidad perpetua, la arquitectura tiene el deber ético de proponer un ritmo lento y un diseño que transforme la energía cinética de la ciudad en una inercia cálida para que el individuo pueda reconocerse.

Siguiendo esa tesis, el concepto fundacional de Néra Living es, en palabras de Alfaro-Manrique Atelier, el de un “gran contenedor industrial reinterpretado”. El estudio ha huido del volumen genérico para proponer un organismo vivo que respira a través de su materialidad. La propuesta se ha ordenado bajo una slow line que recorre el edificio inspirándose en los flujos de las estaciones y los raíles; una serie de detalles que definen el paisaje del sur de Madrid y que, como no podía ser de otra manera, se alza como el punto sobre el que se erige el resto del enclave.

Los materiales sirven como una infraestructura de la memoria. Las maderas de roble aportan calidez, mientras que los metales satinados actúan como un eco de mecanismos ferroviarios y armazones industriales del entorno. Como contrapunto estable, el mármol y la piedra brindan una solidez pétrea frente a la circulación constante. Esta dualidad se envuelve en una paleta cromática profunda y noble —azules, esmeraldas, terracotas y granates— que dota al lugar de un carácter completamente atemporal.


Néra Living: estaciones interiores para la vida contemporánea
En Néra Living, las áreas comunes dejan de actuar como puntos técnicos de paso para convertirse en estaciones interiores; ambientes donde el ajetreo se ralentiza para decantarse por la domesticidad. Es precisamente en estos rincones donde se ha explorado una solución que la arquitectura residencial de las últimas décadas ha sido incapaz de resolver: la desaparición del vecino. Frente a la desidia del pasillo aséptico y residual, Alfaro-Manrique Atelier ha situado la necesidad vital de pertenencia en el centro de su intervención. Por eso cada zona de encuentro está dotada de una personalidad única, convirtiendo la socialización en el verdadero motor de la intervención.

El lobby, inspirado en los antiguos pabellones ferroviarios, se organiza alrededor de una recepción concebida como una pieza exenta. Un quiosco reinterpretado donde la madera, la piedra y el metal conviven en un equilibrio exacto; por su parte, el social room y el coworking dibujan una topografía fluida e híbrida. El estudio traza un paisaje de plataformas que funcionan como playas de actividad, sutilmente delimitadas por celosías y lamas que evocan las marquesinas de las viejas naves logísticas. En este ecosistema, lo productivo y lo doméstico cohabitan sin fricción, permitiendo que la vida se despliegue en todas sus facetas. El rooftop-mirador cierra el conjunto, ofreciendo una conexión emocional con el horizonte de Madrid.


Asimismo, manteniéndose fieles a su filosofía de diseño integral, Alfaro-Manrique Atelier ha desarrollado en Néra Living una vasta colección de mobiliario, iluminación y señalética a medida. Desde mesas y estanterías hasta luminarias esculturales: cada recurso ancla la identidad narrativa del edificio. Una lección proyectual con la que Alfaro-Manrique Atelier nos enseña a diseñar respetando la memoria preexistente. Un resultado arquitectónico que genera una nueva forma de sentirse en casa en mitad del pulso urbano.

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El diseño utiliza el concepto de una slow line que reinterpreta el paisaje ferroviario de Méndez Álvaro a través de materiales como maderas de roble y metales satinados. El mobiliario y los espacios, como el lobby y el coworking, se organizan como estaciones interiores que transforman el dinamismo industrial en una atmósfera doméstica cálida y sofisticada.
Alfaro-Manrique Atelier ha diseñado piezas específicas de mobiliario, luminarias y señalética que actúan como anclas de identidad dentro del edificio. Estos elementos a medida, que incluyen mesas, pérgolas y esculturas de luz, evitan que el proyecto se perciba como un contenedor genérico, reforzando una narrativa visual coherente basada en una paleta cromática de azules, verdes y granates.








