La exposición Selected Editions 2008–2024 de Alexandre Farto en el MUDE – Museu do Design de Lisboa pone en crisis la mirada. A lo largo de más de setenta ediciones, el ojo aparece como motivo recurrente que, lejos de funcionar como símbolo o firma visual, se erige como un órgano erosionado, expuesto a la violencia del tiempo, la materia y la urbe. Un ojo urbano perforado por capas, restos y pérdidas, que introduce la pregunta fundamental de Vhils: ¿quién mira a quién en la ciudad contemporánea?
El ojo excavado de Vhils
Como maestro del scratching, además de excavar paredes, Vhils también excava miradas. Más allá de la tradición del retrato o del rostro heroico, el ojo en la obra del artista aparece como vestigio, a veces casi borrado o atrapado entre capas de papel, cemento, óxido o cerámica. Este no observa desde una posición de poder, sino desde una perspectiva de precariedad: ha sobrevivido a la demolición, a la sobreimpresión publicitaria, a la corrosión química. En ediciones realizadas a partir de carteles urbanos arrancados de la calle, la mirada queda literalmente sepultada bajo restos de mensajes comerciales. El ojo se convierte entonces en un fragmento sedimentado de la urbe.

A lo largo de casi dos décadas, dicha mirada se impone como una huella persistente. En series tempranas como The Unknown Icon o Corrosion, se filtra entre procesos de lejía, tinta y desgaste químico, como si ver llevara siempre implícita una interferencia. Más adelante, en piezas realizadas a partir de papelería callejera publicitaria, funciona como residuo de la comunicación masiva. Cada estrato refleja una imagen que persiste, parcialmente borrada, para confirmar que la identidad urbana se construye por sustracción. En cualquier caso, salta a la vista que esta exposición adopta una lógica más cercana a la circulación comercial que a un planteamiento de investigación museística. La puesta en escena y la ausencia de tensión curatorial desplazan el foco hacia la presentación, alineando el recorrido con dinámicas habituales del ámbito de la galería de arte privada.

Técnica, repetición, materia en el MUDE de Lisboa
El método de Vhils parte de retirar material para dejar al descubierto lo que este oculta. Un procedimiento que se traduce en series donde la repetición, al introducir pequeñas variaciones, no homogeneiza el resultado. En trabajos como Visual Agnosia o Layers, la combinación de procesos industriales y manuales —ácido, lejía, grabado, impresión— pone en evidencia la noción de obra única sin borrar la identidad específica de cada pieza.

Asimismo, el ojo de Vhils aparece incrustado en esculturas y relieves de hormigón, surgiendo del propio material, como si la ciudad misma pudiera mirarnos. La muestra destaca también la faceta colaborativa y experimental del portugués. Así se aprecia en Herança, llevada a cabo con Joana Vasconcelos, o Universal Personhood, con Shepard Fairey. Si bien en proyectos como Ferroscope o Decal el uso de limaduras de hierro oxidado o papel maché dan parte de una búsqueda constante de nuevos soportes, en las ediciones cerámicas desarrolladas con CLAY, se reinterpreta la tradición del azulejo a través de la fisura y la sombra y no desde el ornamento.


El espacio que acoge la exhibición —la Galería B del primer piso del MUDE— no podría ser más pertinente. Aunque el museo ha sido meticulosamente restaurado hace poco, la sala conserva vigas visibles o muros de hormigón. Lejos de neutralizar el contenido, esa arquitectura sin pulir, con sus cicatrices a la vista, intensifica el carácter eminentemente urbano de las creaciones. Disponible hasta el 1 de marzo, Selected Editions 2008–2024 no propone una lectura lineal ni celebratoria de la trayectoria de Vhils. Es un laboratorio donde el ojo, repetido hasta el desgaste, remite a una mirada incómoda para cuestionar la uniformidad periférica, la erosión de la memoria y la huella humana en lo industrial.

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