¿Tiene la arquitectura algo que aportar a esta sociedad del cansancio? En el paisaje patológico de la actualidad, la vida privada parece no existir si no es mediada por una pantalla. Sin embargo, el acto creativo es, por definición, un repliegue. Y esta es la premisa de Quinta do Álamo, la última obra de Atelier Matteo Arnone en Alenquer, Portugal.
La simetría de Matteo Arnone como orden sonoro
Situada en una finca de 50 hectáreas rodeada de viñedos, la intervención de Matteo Arnone surge a raíz de la recuperación de una antigua ruina —un viejo almacén de barricas— para transformarla en la residencia y centro de creación de dos músicos. El punto de partida del proyecto parte de una honestidad formal que responde a la realidad de sus ocupantes. Al tratarse de una vivienda para dos DJ que comparten vida y profesión, Arnone ha propuesto un esquema con una simetría absoluta: un espejo arquitectónico donde cada necesidad encuentra su réplica exacta.

De esa manera, se da cabida al encargo por medio de una configuración radicalmente simple: un salón, un dormitorio y dos estudios de grabación idénticos. El bloque original —un prisma bajo una cubierta a dos aguas— funciona como un marco que contiene una complejidad espacial en tensión: por fuera es un volumen claro y rotundo; por dentro, el ambiente es complejo, curvo y se experimenta de forma más sensorial. Mientras que el exterior mantiene la sobriedad del edificio preexistente, el interior es el resultado de un proceso de sustracción.

Matteo Arnone ha introducido unos patios semicirculares que bañan de fulgor cenital las estancias y eliminan las esquinas abruptas, favoreciendo una fluidez que disuelve la separación física para crear rincones de privacidad. En el nivel superior, los estudios de grabación circulares se elevan para asomarse al patio central con ventanas tipo ojo de buey. Desde abajo, la vista de estas salas curvas genera una curiosidad sutil sobre el proceso creativo; un misterio que refuerza la idea de la casa como refugio secreto.


La colisión de dos mundos en Quinta do Álamo
Es en estos intersticios donde la domesticidad florece con una poética compleja.En la zona de abajo se hallan las áreas comunes y el dormitorio, articulados por un tercer patio que sirve de pulmón de luz y silencio. No obstante, la verdadera alma de Quinta do Álamo se sitúa arriba, donde la geometría se vuelve explícitamente sinuosa y revela la identidad profesional de los propietarios.Aquí,los muros perimetrales son de un grosor deliberado, ya que ejercen como frontera térmica y acústica, vital para el ejercicio musical. Esta decisión se puede entender como una reinterpretación de las paredes originales que daban protección térmica al vino que allí se guardaba.

Se podría decir que dicho muro perimetral es un “mueble” en sí mismo, que oculta la cocina, la chimenea y almacenamiento, dejando las habitaciones principales totalmente libres de ruido visual. Al esconder lo cotidiano, Arnone hace que la arquitectura sea, ante todo, un vacío disponible para la creación; un entorno minimalista y ordenado y que se envuelve en un yeso de tono pálido para unificar superficies y techos.


Hacia el sur, Quinto do Álamo se levanta con autoridad sobre un podio, que le permite dominar el paisaje circundante, estableciendo una jerarquía sobre las 50 hectáreas de viñedos que la rodean. Este zócalo asienta la construcción frente a la pendiente y remata la composición con una piscina oblonga y estrecha; un remate visual para la monumental masa de la casa, que proyecta la mirada hacia el horizonte de Alenquer.

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El diseño destaca por su simetría absoluta y el uso de muros gruesos de yeso pálido que ocultan las funciones domésticas. La geometría se divide entre el prisma exterior y los estudios circulares con ventanas ojo de buey que fomentan la introspección creativa.








