Sudor es la lámpara de ropa usada de Rubén Gómez y Omar Miranda, formada por una estructura de varilla de acero doblado, un tubo flexible y una fuente de luz. La base lleva unas muescas para colgarla como aplique de pared y unos tacos de goma que le confieren estabilidad para tensionar los tejidos. Los creadores conciben el esqueleto como una percha 3D sobre la que improvisar una pantalla luminosa. Esta lleva literalmente nuestro ADN, la huella orgánica de cada momento del día. En este sentido, el diseño es una parte más del cuerpo, de sus fluidos y de los olores que desprendemos. Además del poder visual que proyecta, la luminaria transforma el ambiente y los espacios en los que nos recogemos para descansar después de la actividad. Sudor representa también desorden, abandono y la doble cara de un ejecutivo que quiere infundir seriedad al mundo. Su camisa arrugada parece no querer lavarse y la corbata, aún con el nudo hecho, piensa en volver al cuello en ese estado. Cuando el arte se reduce al mínimo esfuerzo, ¿resulta sexy o sucio?









