En el corazón del conjunto urbanístico conocido como Frare Negre de Barcelona, se alza este nuevo proyecto, un diálogo entre el pasado y el presente, donde la esencia de la arquitectura original se preserva con devoción. El edificio en el que se encuentra la vivienda, levantado entre los años 1935 y 1940, respira un estilo clasicista que ahora es restaurada con respeto. Cada cornisa y puerta, han sido rehabilitados, manteniendo la distribución primigenia, pero adaptándola sutilmente a nuevos usos.

El espacio central, por donde se accede a la vivienda, es el que más ha cambiado. Aquí, donde las vigas se entrelazan como guardianas de las zonas húmedas de baños y cocina, se ha realizado una rehabilitación integral. Este núcleo, el rincón menos luminoso de la casa, ha sido vestido de madera de roble oscuro, en un lenguaje contemporáneo que rehúye de ornamentos y molduras, creando un ambiente que equilibra la austeridad con la elegancia y la calidez. Seis puertas, ocultas en esta piel de roble, se abren a las distintas estancias, mientras tres espejos de plexiglás, diseñados por Peter Jamieson, y una obra de Antonia Ferrer con especial atención a las texturas visten el espacio. La lámpara de alabastro Babel, diseñada por Angel Jové en 1971 y reeditada por Santa and Cole, una mesa plegable y el taburete Stool 02 de Vincent Van Duysen para Zara Home completan este espacio íntimo.

En el extremo este con el sol de mañana, se despliega la zona de noche, un refugio donde la calma reina. Aunque la distribución original se ha respetado, dos habitaciones se han unido en un solo y amplio dormitorio, mientras que una estancia interior ha sido transformada en un elegante baño en suite. Los tonos suaves y serenos del beige dominan el dormitorio principal, creando una atmósfera relajante y acogedora. La iluminación ambiental, proporcionada por dos apliques Delight de Ingo Maurer, baña el espacio con una luz tenue y envolvente. Uno de los elementos más distintivos es el rincón de descanso, creado al ampliar el marco de la ventana.


La estancia adquiere un toque de dinamismo gracias a dos obras de arte que la completan: el móvil Puput, ave nacional de Mallorca, de Solito, que aporta movimiento y ligereza, y un cuadro de Bruno Ollé. Hacia el oeste, la luz de tarde baña la zona de día, donde el salón comedor se abre con amplitud. Aquí, el balcón ha sido recuperado, y la distribución cuidadosamente adaptada para integrar las nuevas instalaciones con fluidez. Una gran mesa de madera de pino melis blanqueado, hecha a medida por el estudio, se extiende imponente a lo largo de 4,70 metros, convirtiendo el comedor en un espacio versátil, ideal tanto para el trabajo como para encuentros sociales. Las sillas verdes, diseñadas por Vicco Magistretti, aportan un toque vibrante de color, mientras que una obra de Claudia Valsells añade una dimensión artística.

Todo el conjunto se ilumina con suavidad gracias a dos lámparas Blow Me Up de Ingo Maurer. Como un telón de fondo, un mueble se desliza con elegancia hacia la cocina, integrando los dos espacios de manera orgánica. En la zona del salón, una paleta de marrones en distintos matices crea un ambiente sereno y acogedor, ideal para el descanso y la introspección. El sofá central, tapizado en suave mohair, se convierte en el punto focal, enmarcado por dos lámparas TMM de Miguel Milá, que aportan un aire sofisticado y cálido al conjunto.


Los materiales elegidos son nobles. Los suelos hidráulicos en baños y cocina se extienden incluso a la ducha y lavabo de uno de los baños, mientras que el parqué de roble, de gran formato, se coloca con una ligera separación, otorgando ritmo al espacio. Las alfombras, de fibras naturales, completan la escena, tejiendo un vínculo sutil entre lo antiguo y lo moderno.
- Estudio
- ILV (Isabel Lopez Vilalta)



