Dyd Interiorismo firma el proyecto de interiorismo para la reforma integral del Hotel Medinaceli, una intervención que abarca la totalidad del establecimiento: sus 84 habitaciones, las zonas comunes, la recepción, el lobby, el espacio de desayunos, la biblioteca, el patio central, la coctelería y la terraza situada en la planta superior.

El proyecto nace desde una premisa clara: entender el interiorismo como una arquitectura de los sentidos. A partir de un profundo análisis de los espacios, los recorridos y la luz, el diseño se construye mediante el uso consciente de materiales, texturas, revestimientos, color e iluminación, con el objetivo de transmitir una historia y provocar una experiencia emocional en el huésped.
La inspiración principal busca que el espacio hable por sí mismo. Que el hotel no solo se habite, sino que se sienta. Cada ambiente está pensado para conectar al visitante con el origen del concepto, creando un lugar que invita a la pausa, a la percepción y a la memoria sensorial.

Para lograrlo, el proyecto se desarrolla desde una visión de diseño holístico. Cada decisión, desde la elección de los materiales hasta los usos y los procesos ha sido estudiada de forma transversal, coordinando a todos los equipos implicados. El resultado es un conjunto coherente, donde todo fluye de manera natural y cada elemento tiene un propósito claro dentro del relato del hotel.
Los dos edificios que acogen el Hotel Medinaceli son piezas arquitectónicas emblemáticas, tanto por su ubicación como por su historia. Situados en la plaza del Duque de Medinaceli, se convierten en el punto de partida para encontrar el hilo conductor del proyecto. Dotar al espacio de personalidad y alma era uno de los objetivos fundamentales.


La historia del lugar está profundamente vinculada al mar y al viaje. En época romana, este enclave era conocido como la “puerta del mar”, el punto por el que llegaban a Barcelona los viajeros tras largas travesías en barco. La relación entre el viajero y el mar se convierte así en el eje conceptual del proyecto.
Desde esta idea, los espacios se trabajan desde la sensibilidad. El recorrido de acceso, desde la entrada hasta el mostrador de recepción, se concibe como una pasarela de barco al llegar a puerto. Tras la recepción, una gran escultura de madera del escultor Etienne Moyat, quemada y trabajada en relieve, evoca el movimiento de las olas en un azul intenso y profundo.

En las habitaciones, los cabeceros diseñados ad hoc y realizados en mortero a la cal presentan un suave movimiento orgánico que recuerda a un mar en calma. Maderas texturizadas, textiles de gran cuerpo y una paleta cromática dominada por azules océano, tonos piedra, calderas y blancos rotos completan el relato.
Todo el diseño interior del Hotel Medinaceli está pensado para transmitir sensaciones, acompañar al viajero y contar una historia. Un proyecto donde interiorismo, lugar y memoria se encuentran para crear una experiencia única y emocionalmente conectada con su entorno.
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