La transformación de un antiguo taller de finales de los años setenta en el barrio barcelonés de Poblenou da lugar a una vivienda donde la vida cotidiana y la actividad creativa comparten escenario. Proyectado por Mouzo Villagrasa Architects y finalizado en 2026, Álava Loft ocupa 160 m² y es el hogar del ceramista Fran Aniorte y del escritor Sergio Lara.
De espacio productivo a espacio doméstico
La intervención parte de esa doble condición: una casa que también permite trabajar, exponer cerámica y recibir visitas profesionales. El pasado productivo del inmueble se incorpora a una nueva organización doméstica, conservando una lectura abierta del espacio.
Los pocos elementos originales que permanecían, como los pilares y las vigas de hormigón, se conservaron a la vista. Su presencia mantiene reconocible la estructura del antiguo taller y establece un vínculo entre la memoria del edificio y su nueva vida doméstica.
Continuidad espacial y ámbitos de intimidad
El salón, el comedor y la cocina se articulan en un ámbito continuo, donde las perspectivas permiten comprender la profundidad de la vivienda. La disposición del mobiliario define lugares para conversar, leer o compartir una comida sin recurrir a divisiones que fragmenten el conjunto.
Una galería acristalada delimita la oficina-estudio dentro de esta secuencia. Su cerramiento proporciona separación y mantiene la relación visual con las zonas comunes. Las transparencias y los reflejos añaden nuevas lecturas del interior, mientras la perfilería dibuja un límite preciso y ligero.
Las áreas privadas se sitúan hacia la parte posterior de la vivienda, estableciendo una transición hacia una atmósfera más recogida. La distribución permite así que los usos domésticos y profesionales convivan con distintos grados de apertura e intimidad.
Una paleta clara como soporte
La continuidad se refuerza mediante una gama cromática clara que aproxima visualmente suelo, paredes y techo. El pavimento continuo acompaña los recorridos y evita interrupciones entre las zonas principales. Sobre esta base, la luz natural revela cambios de textura, planos y pequeños encuentros constructivos.
Las estanterías integradas y las cortinas de altura completa organizan uno de los frentes del salón. Los espacios abiertos permiten mostrar piezas cerámicas, mientras los textiles ocultan el almacenamiento y aportan una presencia más suave. Esta alternancia introduce ritmo y permite que la exposición forme parte de la vida diaria.
El mobiliario de madera, las plantas y las obras añaden profundidad y color al conjunto. La paleta contenida permite que cada pieza conserve su presencia, sin perder la coherencia del espacio. La casa se entiende como un entorno capaz de acompañar las variaciones de una colección y las necesidades de quienes la habitan.


Materiales que vinculan arquitectura y oficio
La expresión material se concentra en elementos concretos. En la cocina, la encimera de hormigón aporta espesor y textura frente a la superficie lisa de los muebles. La composición horizontal del frente y la luz que recibe acentúan la claridad de su geometría.
La galería de la oficina-estudio, construida con perfilería metálica y vidrio, remite al carácter industrial del antiguo taller. Sus perfiles y encuentros hacen visible la lógica constructiva del cerramiento y vinculan este nuevo ámbito de trabajo con la memoria del inmueble.
En el baño, la cerámica artesanal adquiere mayor protagonismo: reviste paredes y lavabo, construyendo un ámbito envolvente de tonalidades intensas. Su variación superficial introduce una dimensión táctil y conecta el interior con el trabajo manual.
Álava Loft reúne estas decisiones en una arquitectura de gestos medidos, donde la continuidad espacial convive con la singularidad de los materiales. El resultado es una vivienda abierta y cálida, concebida para integrar creación, trabajo y vida cotidiana.
- Estudio
- Mouzo Villagrasa Architects





